A menudo suelo hacerme la misma pregunta : ¿Cómo demonios se puede querer tanto a un gruñón?. No obtengo nunca la respuesta.
Mi padre es el perfecto gruñón, no el típico ni el que más. Él inventó el término.
No hay en esta vida nada, absolutamente nada, que a sus ojos no sea culpa del gobierno, ni hay árbitro arbitrario, ni accidente sin culpable, ni parado sin pereza, ni condenado sin culpa, ni rico sin delito, ni político sin cazo. Y así hasta el infinito.
En las discusiones siempre se tiene que salir con la suya, el futbol es mejor no tocarlo, las humanizaciones de cualquier pueblo o ciudad son una aberración (¿por donde puñetas va a pasar él con el coche?), él tiene el secreto para acabar con el terrorismo (“que me suelten a los etarras en un monte, que tengo la escopeta en el armario”), los motoristas deberían simplemente no existir, y a los miles de conductores que forman carabana a la misma hora que él quiere volver a casa habría que fusilarlos.
¿Cómo se puede querer a alguien así?. Será por que siempre te deja el trozo de carne o pescado que sabe que más te gusta. Será porque cuando te cuenta como ha visto un zorro en el monte, mientras trabajaba, pone una cara en la que reconoces al niño que algun día fue. Será por que sabes que su vida ha sido durísima, más de lo que cualquiera hoy en día soportaría, aun con ayuda de psicólogos. Será por que es tu padre. ¿Quien sabe?.
Quérote papá
Diez negritos de Agatha Christie
Tuareg de Alberto Vázquez Figueroa



NO se puede querer a cualquier grunon. Se quieren solo a los que son de la misma sangre. Y estos son los que mas influencia dejan en nosotros cuando ya no estan.