Wilde me ha cambiado el estado de ánimo, y la música de Susana me ha ayudado ha canalizarlo. No me apetece explicar nada más.
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Sentí el frio en la distancia y cerré los ojos para ver si despertaba. Tu imagen se volvió clara en mi cabeza y no conseguí borrarla, porque ni lo intenté siquiera. Quise ahogar mi silencio, y gritar hasta morirme, pero todo mi aire estaba lejos de mi, intentando reanimarte, suplicando por tu vida. Un eco lejano me anunció tu muerte y tuve que abrir los ojos.
Y DESDE QUE ABRÍ EL BLOG...
Gracias por el fuego, de Mario Benedetti
La borra del café, de Mario Benedetti
El guardian entre el centeno, de J D Salinger
La tregua, de Mario Benedetti
Presentimientos, de Clara Sánchez
Días como todos, de Jorge Arbenz
Nada, de Carmen Laforet
El mundo, de Juan José Millás
Mala gente que camina, de Benjamín Prado
Relatos metroplitanos, de Mariano Vega
Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez
Diario, de Ana Frank
La ladrona de libros, de Markus Zusak
La Higuera, de François Maspero
Blogs de papel, de varios autores
El hombre duplicado, de José Saramago
Una comedia ligera, de Eduardo Mendoza
Erros e Tánatos, de Gonzalo Navaza
Primavera con una esquina rota, de Mario Benedetti
El callejón de los milagros, de Naguib Mahfuz
El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon
El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde
Cuentos de sabiduría, de Miguel Adrover Caldentey
La mujer justa, de Sándor Márai
Tres contos á beira do medo, de Xesús Cameselle Ben
Relatos a cuatro manos, de Carlos Arias y Mariano Vega
Don Juan, de Gonzalo Torrente Balletser
Tokio Blues, de Haruki Murakami
Juegos de la edad tardía, de Luis Landero
A era de Lázaro, de Paula Carballeira
Tierra firme, de Matilde Asensi
La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca
La tinta azul de la memoria, de Mariano Vega "El zurdo"
Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, de Haruki Murakami
De nuevo, el amor, de Doris Lessing
El niño con el pijama de rayas, de John Boyne
Levantado del suelo, de José Saramago
El alquimista, de Paulo Coelho
La colmena, de Camilo José Cela
Doña Perfecta, de Benito Pérez Galdós
Niebla, de Miguel de Unamuno
Los pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán
La dama del Nilo, de Pauline Gedge
Vivir para contarla, de Gabriel García Márquez
Cartas para Claudia, de Jorge Bucay
Memorias dun neno labrego, de Xosé Neira Vilas
Diez negritos de Agatha Christie
Tuareg de Alberto Vázquez Figueroa



Qué bonitas palabras Vitruvia, son realmente conmovedoras
Si no sientes que te estalla la conciencia, ¿para qué pensar? (de alguien)
Por supuesto que hay que cambiar estados de ánimos en días de estos, es una responsabilidad el hacerlo, de hecho.
pero eso fue ayer, hoy es hoy. Hoy te obligo a estar contentita eh!: tachin tachan chim pum !!!
bicos!
Abre los ojos y grita y desespérate, al menos para demostrarte a tí misma que sigues viva
Mi problema particular es que esos estados de ánimo me duran demasiado…
Y luego me toca lidiar con el estado de ánimo y con el sentimiento de culpa que me queda al recordar que los que me rodean aquí y ahora no tienen nada que ver con todo eso…
Petonets
Ya se encargan los políticos de quitarle emotividad y solemnidad a los momentos.
Es el problema de los empáticos, que vivimos en un sinvivir, aunque como contrapartida eres capaz de alegrarte con la alegría de cualquiera también.
Besitos
Gracias guapismos y guapismas.
Bicos, petonets y besotes.
Otro petonet…
que la vida es breve