Se tocó la frente con la mano derecha, con la intención de mitigar así los martillazos incesantes que resonaban en su cabeza, pero resultó un gesto inútil. Las frases escupidas el día anterior compartían espacio con su jaqueca. Ecos irritantes, mezclados con sopor. Fijó la mirada en un punto inconcreto del techo de su dormitorio. Sin poder evitarlo, su mente repasaba, una y otra vez, la conversación mantenida, pero el orden que seguía era aleatorio, y los fragmentos se atropellaban unos a otros. Se revolvió incómoda en la cama, hasta adoptar una postura fetal que pudiera aliviarla de su dolor. Pero el dolor no disminuía, incluso creyó que crecía, a medida que pasaban los segundos. Cada uno de ellos se arrastraba pesadamente, recordándole que Jorge se había ido. Cada uno de ellos era la certificación de que aquello no era un mal sueño.
La luz del día consiguió colarse por las rendijas de la persiana mal bajada la noche anterior. ¡Qué lejos se le antojaba la noche anterior! Apenas diez horas que parecían diez años. Diez horas interminables, con el oído agudizado intentando encontrar, entre sollozo y sollozo, un lejano chasquido de llaves en la puerta. Pero el silencio no lo interrumpía nada más que su llanto. Diez horas dan para descubrir muchas clases de llanto.
Se sentía incapaz de levantarse de la cama, pero las necesidades fisiológicas no entienden de desengaños amorosos. Le daba miedo enfrentarse al espejo del cuarto de baño. Sabía con toda seguridad que la imagen que en él se reflejase no haría más que aumentar su angustia. Rodeó la cama con desgana, siguiendo a sus pies. El baño estaba a solo unos pasos. Evitó encender la luz gracias a que conocía el territorio, y así retrasó por un instante la certificación de su desdicha reflejada en el espejo. Después de aliviar su vejiga se refrescó la cara. Sus manos recorrieron su rostro hinchado por el llanto, casi desfigurado, y comenzó a llorar de nuevo. Pausadamente primero, con vehemencia después. Vehemencia que le recordó su jaqueca.
Salió del baño y fue en busca de algún analgésico que Jorge hubiera dejado. Era de las cosas que más le molestaban de él, su eterna manía de arrasar con los calmantes y no avisar de ello. Con los calmantes y con lo que fuese. Debía pensar que las cosas llegaban solitas al lugar que les habían asignado en la despensa. Jamás reponía nada. Buscó en su bolso alguna pastilla, y por suerte encontró una, con peor aspecto que el suyo propio, pero que le aliviaría aunque fuese gracias a un efecto placebo. Necesitaba aire fresco, y decidió levantar un poco más la persiana y abrir la ventana de su habitación. Fue una decisión dura, comparable al momento de quitarse el luto y ponerse el alivio. Sabía que los rayos del sol la conducirían de nuevo al llanto. Intentó no dejarse llevar, debía controlarse, su dolor de cabeza necesitaba una tregua.
Se sentó en borde de la cama, con la mirada perdida. ¿Cómo iba a contárselo a su familia?. Le echarían a ella la culpa, le recordarían que ya la habían advertido, que una mujer se debe a su hombre. Siempre se posicionaban a favor de Jorge en sus discusiones por las libertades femeninas, más allá de las obligaciones maritales. Ella solo pretendía no perder su parcela. No hacía nada malo con querer ir sola a un cine, o a un karaoque con sus amigas. A Jorge le molestaba, pensaba que si quería ir sola era por que no le quería, pero siempre acababan escondiendo el enfado entre las sábanas. Tras los revolcones, ninguno de los dos se acordaba de él, pero seguía ahí, en su dormitorio, latente, compartiendo colchón con ellos. Era cuestión de tiempo que apareciese. Y abandonó su escondite la noche anterior.
Necesitaba un café. Era lo más fuerte que se podía meter a esas horas. Puso la cafetera en marcha. La había dejado cargada la noche anterior.
¡La noche anterior!…… ¡La noche anterior!…..
Tomaba el café solo y con mucho azúcar. Cuando se lo preparaba para ella, también preparaba el de Jorge, con la diferencia de que a él le gustaba cortado con unas gotas de leche, pero solo unas gotas. Alguna vez se le había ido la mano, y nunca consiguió entender el enfado de Jorge por algo tan nimio como un poco más o menos de leche, pues resultaba fácil arreglarlo añadiendo más café. Pero no, él pensaba que con tanto sumar café y restar leche, el desayuno perdía su encanto. Ella se esforzaba por hacerlo bien. Le gustaba la sensación de hacer las cosas exactamente a su gusto, como una señal más de su predestinación.
Se fue de la cocina con la taza en la mano. No tenía rumbo fijo. Vagó por la casa sin detenerse en ningún lugar, mirándolo todo, pero sin ver nada. Simplemente se movía. Caminaba como remolcando el reloj hacia una hora indeterminada, lejana. Aparentemente todo estaba en su sitio. Sin embargo ya nada estaba igual. Todos los objetos de su casa, se habían estremecido con la discusión de la noche anterior. Estaba empezando a odiar esa expresión.
Después de su insólito tour, se decidió por el cuarto de estar para sentarse a descansar. Se sentía agotada, como llegada de un largísimo e incómodo viaje. Pensó que sentarse a oscuras era lo que mejor le venía a su dolor de cabeza. Pero nada más entrar sus pies se enredaron en algo, y en su afán por no perder el equilibrio, olvidó seguir agarrando su taza de café, que llegó al suelo antes de que ella pudiera evitarlo. No le hizo falta la luz para comprobar el estropicio. Ni para saber qué era lo que se había enredado en sus pies. Durante un solo segundo, se dio cuenta de las muchas manías y feas costumbres que tenía el hombre que la había dejado. Pero solo fue un momento. En cuanto encendió la luz y reconoció sus zapatillas no fue capaz de retrasar un nuevo episodio de llanto. Se sentó en el sofá, encogiéndose para no necesitar un aire que se le iba en quejidos……
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PD: Esto intentaba ser un relato para la colección Blogs de papel, pero una vez que leí en el blog de Clandestino que había fecha más o menos límite, me bloqueé y así sigue, parado.
Diez negritos de Agatha Christie
Tuareg de Alberto Vázquez Figueroa



Ay, pues no te bloquees, mi niña, que ahora me he quedado con las ganas de saber qué va a hacer esa buena mujer de tu historia… Venga, venga, ánimo. Sobre todo no insistas en querer pensar en la historia porque es cuando una se bloquea. Intenta hacer cosas manuales para que la mente divague (eso lo dice Punset en su último libro, no yo, jeje!).
¡Bicos!
Uy!!!!!! Que buena pintaaaaa!!!!!! plas plas plas
Ahora no tengo tiempo, pero luego lo leo detenidamente, mola , mola, plas plas plas …
biquiños!
Propuesta de título: La noche anterior
Vitru, Vitru, lo compro. Acábalo y mándanoslo porfa. Te acabo de mandar un correito. Que escribes muy bien, leche. Al final te adopto yo a ti en vez de tú a mí, ya lo verás.
Besitos.
Jo, lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento.
Olvida lo de la fecha, Mariano mandó una comunicación hace poco ampliando plazos.
Ese relato no merece que lo dejes así, y me ha gustado mucho.
De hecho, te contaré un secreto; Ha sido Mariano quien me ha dicho que lo leyera.
Jo, me siento mal. Anda porfa, acábalo y mandánoslo…, pero no lo publiques en el blog eh!!!!
Hazlo por mi…
(Ahora mismo estoy poniendo cara de ñoño)
yo también lo dejaría así, vitruvia, si te bloqueaste ahí es por algo. además me gusta así, el propio final indefinido cierra la historia, dejando al lector la opción de escoger…
Finales sin cerrar hay muchos en la literatura y este relato está bordado. Casi hasta me he sentido reflejada, descrita, desfigurada, la cara en llanto pero… es estupendo chica.
El título… pues no se me ocurre. No sé porqué pero me cuesta poner nombre a cosas que no hago yo.
Besos
No pasa na por bloquearse. Además historias así nos puede dar pie a que utilicemos nuestra imaginación y ver distintos finales.
Me encantan las historias… yo cada semana busco un relato breve con moraleja al final para ponerlo en mi blog. Así recordamos cuentos olvidados y utilizamos la imaginación, eso tan olvidado hoy en día.
Muakakiss
Yo no consigo escribir algo que me parezca suficientemente bueno para “Blogs de papel”. Y leyendo esto…uff. A mi me gusta desde luego. Besitos
Gracias a todos, me habeis proporcionado un subidón de moral, que si no lo aprovecho es que soy más gilipollas de lo que pensaba. De nuevo gracias.
Wooowwwww caray Vitruvia, he sentido la angustia y el desasosiego. Me ha gustado y mucho.
Es increíble que en lugar de facilitar la convivencia con unos pequeños detalles que realmente no cuestan tanto, se obceque alguien en negarse a hacerlo (esto va por lo de que Jorge no repone nada de lo que acaba)
Una frase que me ha gustado mucho (de muuuuchas otras):
“pero siempre acababan escondiendo el enfado entre las sábanas. Tras los revolcones, ninguno de los dos se acordaba de él, pero seguía ahí, en su dormitorio, latente, compartiendo colchón con ellos. Era cuestión de tiempo que apareciese. Y abandonó su escondite la noche anterior.”
¿Y de lo mío? ¿Qué hay de lo mío? ¿De mi propuesta por mail? ¿Eh? ¿eh? (es que soy muy impaciente) XD
Besitos.
No cabe duda de que a la mujer le falta una mitad. Las relaciones son complejas en ese terreno donde chocan las preferencias personales con las de la otra persona, y con las de ese nuevo ente que es “la pareja”.
Respecto al final, sólo añadir que ¿Con qué ha tropezado? ¿Con las zapatillas de Jorge? ¿O con las pies de Jorge, tirado en el suelo, con las zapatillas puestas todavía?