Menda lerenda es muy friolera. Mucho. Y aquí hay tema para estudiar, porque tambien soy de las que pueden salir a la calle en manga corta, o con un escote muy pronunciado, en plena nevada. En fin, rarezas que un día pondré en manos expertas. A lo que iba. A pesar de la calefacción siempre tengo cienes de chaquetas y forros polares y todo lo que pueda, encima. A veces me sorprendo de cómo puedo moverme. Y tengo, además, un pequeño vicio: la bolsita de agua caliente. Yo no puedo acostarme sin mi bolsita de agua. Y Boss, que es una estufita, se queja del calor que desprende, pero no le queda otra, yo soy yo, con mi bolsita.
Y ayer recordé mi “demasiada” humilde infancia, cuando dormía en una cama en medio de una gran sala, compartiendo lecho, con mi abuela primero, y con mi hermana mayor despues. Y recordé de qué manera calentábamos la cama.
En Galicia es muy común la cocina de leña. Y algunos convendreis conmigo en que no hay nada más placentero en este mundo que una tarde de invierno, leyendo, y con los pies apoyados en el horno de la cocina de leña, oliendo ya las castañas asadas, y escuchando chisporrotear la madera. Eso sí es un lujo, y no una fiesta de Valentino. Pues bien, en mi casa, y sobre esa cocina, en un rincón, ha habido siempre un ladrillo. Un ladrillo multiusos. Lo mismo sirve para proteger del fuego vivo la comida a la espera de los comensales, que para poner en el suelo, bajo los pies, que para calentar la cama. Así era. Recuerdo como mi hermana mayor lo envolvía en trapos viejos, para proteger las sábanas, y para evitar quemaduras, y lo metía en la cama, y a él arrimábamos nuestros pies, abrazadas, para no dejar espacio al frío. Tiempo despues dejamos de utilizar el ladrillo, porque de alguna manera alguien llegó a la conclusión de que servían para el mismo fin las botellas de gaseosa, esas que tenían un tapón enganchado al cuello de la botella y que ahora sirven de objeto decorativo, con la ventaja de que eran mucho más limpias que el ladrillo.
Creo que las necesidades físicas que algunos tuvimos de niños, se convierten en pequeños vicios. Vicios que no son tales, sino que siguen siendo necesidades, encubiertas eso sí, que tenemos de adultos, para seguir amarrados a un pasado, que a fin de cuentas, no fue tan malo.
Diez negritos de Agatha Christie
Tuareg de Alberto Vázquez Figueroa



Llevo toda la mañana intentando entrar a vuestros blogs, pero no puedo. Blogspot debe tener algun problema hoy, ya que en WordPress y en otros sí puedo.
Pues sí que debe haber un problema porque a mi tampoco me dejaba ni entrar en el mío.
Lo de la bolsa caliente a mi me encantaba cuando no había tanta pastillita, para el dolor de la regla.
Y lo del ladrillo, era muy típico en los pueblos antes y piedras y las planchas esas con las brasas. jaaja
Qué antiguas somos ¿No?
Mi madre era más moderna. Además de la bolsa de agua, a veces me pasaba la plancha por las sábanas para que estuvieran calentitas.
no te preocupes.. en blogger la misma mierda nena…
madre mía lo del ladrillo… y esa especie de brasero de cobre…
Uy, pues yo no he vivido nada de eso… Me suena muy exótico, todo.
Y entrañable.
(Sí, hoy hay problemas en blogger porque yo, de momento, no he podido comentar ni en mi propio blog ni en el de Desesperada.)
Bicos
Es que los días posteriores a las fiestas no son buenos para ir por ahí de blog en blog, con la resaca.
Vitruvia: lo de los paralelismos empieza a ser preocupante. Mi suegra también cuenta que usaba los ladrillos para calentar la camas.
Yo tengo la suerte de tener una cocina antigua, de las de carbon y esas sensaciones que describes si me son familiares….
Saludos
“no hay nada más placentero en este mundo que una tarde de invierno, leyendo, y con los pies apoyados en el horno de la cocina de leña, oliendo ya las castañas asadas, y escuchando chisporrotear la madera”
Qué puedo decir… que tienes toda la razón…
Anda que no me gustaría tener una chimenea, y sentarme a leer frente a ella, con una pequeña luz… dejando que sean las pequeñas llamas de la chimenea las que iluminen la estancia… mientras acerco mis pies descalzos al calor y disfruto de un buen libro…
¡Ay, Manuel! ¡Quien pudiera!, Yo todavía puedo ir de vez en cuando a casa de mi madre, pero ya no es lo mismo.
Kpax, estas pequeñas cosas nos hacen más afortunados de lo que creemos.
Estil, es tú eres mi yo masculino, pero aun no lo sabes, jajajajajaja.
Viguetana, no sé si decirte “qué suerte” o “qué pena”, de cualquier manera, un beso.
Tootels, hay que cambiarse a WordPress, jajajaja, que ve mejor.
John, creo que en mi casa no había plancha, jajajajaja.
Inte, no somos antiguas, jajajajja, somos verdaderas reliquias.
Un beso a todos.
Primero, ha habido problemas con blogger por culpa del fiestón de ayer, que ha dejado los servidores chorreando guïski.
Segundo, y eso es para Vitruvia especialmente. Alguien dijo, que “primero vivir y luego escribir”. Me parece a mí que tienes todos los requisitos guapa. Nosotros tendremos una editorial, tú miles de líneas por escribir… ¿Capici?
Mariano, gracias……………….por lo de guapa, jajajajaja.
Aprenderé italiano, Mariano.
Vitru que te me despistas, deja al italiano que te despistas… Tú a escribir, leches.
Espera, que te lo voy a decir con más energías: ¡escribe coño!
Tu te puedes calentar con los abrazos de tu boss y de las haditas…
Y nada, que he pensado en ti todo el dia y… que eres bellisima lo sabes no? pues eso…
Y lee tu post desnuda mas a menudo leñe!
Besos
Supongo que un poco de pena, sí. Pero bueno, todos tenemos nuestras vivencias particulares, supongo.
Biquiños de boas noites.
Boas e máxicas noites para todos.
Puff, por fin se han solucionado los problemas de Blogspot… Por cierto, la bolsita de agua es uno de los grandes inventos de la humanidad… tras el ladrillo
D
yo tengo esos recuerdos de la casa de mi abuela en el pueblo, muy pequeña con las botellas de gaseosa, después con las bolsas de agua caliente… hace años que no lo pruebo, ja ja ja. Yo te entiendo perfectamente en lo de friolera, lo soy de modo compulsivo, y a pesar de ello, como tú, puedo vestir un escote a dos grados bajo cero, je je. De hecho, odio la manga larga, en invierno prefiero llevar dos abrigos a una camiseta de manga larga!
Uy, uy… la leña, las castañitas… el calorcito de una lumbre… qué bueno. Yo, he de reconocer, que no soy nada friolero, pero no hago ascos a todo lo acogedor que escribes
Es un bonito recuerdo. Y, como dices en el título, es un buen vicio
Besos
Que bonitos esos recuerdos entrañables que nos traen tan buenos momentos. Saludos
Saludos Pepe, y gracias por venir.