Cuando el calor comenzó a ser sofocante, y el aire se volvió irrespirable, su conciencia amenazó con desaparecer, pero consiguió serenarse. Debía mantener la calma. Aquel episodio no podía ser eterno. Si quería escapar de allí, primero debía saber cómo había entrado.
Lo último que recordaba era la ilusión que habían puesto en aquellas vacaciones. La estancia era gratuita, el transporte tambien, y el destino idóneo. Todo transcurría segun lo planeado hasta que aquel fenómeno extraño les transportó a una velocidad de vértigo al terraplen desde donde los lanzaron al vacío. Afortunadamente cayeron sobre una pequeña balsa de un líquido pringoso, cuya textura amortiguó la caída. Todos estaban perplejos. No entendían nada. Se reagruparon con la intención de intercambiar las impresiones necesarias para sacudirse un susto que aun invadía todo su ser. Nadie había visto nada con nitidez. Las versiones distaban tanto entre sí, que ponían en peligro la consecución de una teoría coherente. Solo había un denominador comun en todas las experiencias: la velocidad. Habían sido transportados a tal velocidad que ninguno podía poner imagen al medio en el que habían viajado. Como si un huracan se hubiera llevado el terreno que pisaban hasta el mismo borde del precipicio. Era inútil, no sabía cómo habían llegado hasta allí.
En ese momento volvió a ser consciente del calor. Un calor que nacía bajo sus pies, y que hacía bullir el líquido espeso que les salvó en el primer asalto de aquella batalla absurda. No tenían escapatoria aparente. Fuese cual fuese la dirección que tomase su mirada tropezaba con altos muros de una verticalidad insalvable.
Una oscuridad relativa cubrió todo el espacio, y desembocó en una lluvia de polvo blanco, espeso, apelmazado casi, que sirvió para absorver el líquido viscoso e hizo colchón entre ellos y la fuente de calor. Pero solo era un parche temporal. Aquel colchón fue absorvido tambien, y demasido pronto, por el, cada vez más amenazante, calor.
Los gritos de los que habían sucumbido a la desesperación ponían banda sonora de aquel manicomio improvisado. Aquella situación no se prolongó demasido. La verdadera lluvia empezó a inundarlo todo. Un macabro efecto óptico hacía que pareciera blanca tambien, sin duda motivado por el resplandor del terreno blanco sobre el que se hallaban. Descendió la temperatura, y todo el valle se inundó de una leche agradable y fresca. Se sacudieron gracias a ella todo la pelmaza que se había pegado a su cuerpo. De pronto disfrutaban de un oasis.
Y no tardaron en comprobar que aquel oasis no era más que un espejismo. El terreno y el calor se aliaron, y formaron la conjunción necesaria para devorar al líquido salvador, obligándole a evaporarse. Poco a poco este se fue espesando atrapando a los incautos que se habían abandonado al placer de zambullirse. Ya no se oían gritos. El silencio era ahora el sonido predominante. Tal vez, algun silvido lejano proferido desde el interior de algun cràter improvisado en aquella superficie espesa y caliente. Nadie sobrevivió para contarlo.
Nadie que relatara como aquella masa resultante fue transportada a un lugar gélido donde acabó solidificando, y donde manos espertas le dieron forma de croquetas que fueron vorazmente degustadas.
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……Mariano
Diez negritos de Agatha Christie
Tuareg de Alberto Vázquez Figueroa



Sólo tú podrías sacar de un deseo tan tonto tanto provecho.
¡Gracias!
Lo que no sé es si ahora seré capaz de deglutir croqueta alguna. Grrrrrrr.
Besitos/azos.
Pobres!!!! con lo que a mi me gusta (ban)
jajajajajjajajajaja
Estarás contenta, ahora la leñe… no comeré mas
Besos!
Qué ricas. A mi me gustan con tropezones.
Pues las croquetas pitrucianas son las tuyas, Estilografic, porque van bien cargaditas de tropezones. Suerte con la in-digestión.
Mmm… Un mundo extraño el de una croqueta. Desde luego no me había parado a pensar que los tropezones del interior eran pequeñas porciones de vida atrapadas para siempre en la bechamel como el ámbar atrapaba a los mosquitos del pleistoceno.
Un relato extraño y sugerente. Me ha gustado mucho.
Uns aludo!
Y yo calificando este relato de ciencia ficción… situando a los aventureros en una remoto planeta vulcaniano en los límites conocidos de la galaxia de Orión… o algo similar. Es que tu imaginación puede con todo lo que le echen… incluso un chorrito de leche para hacer la bechamel.
Bicos de maicena
P.D. Ya veo que esta vez el servicio de Correos se ha lucido.
Te puedes creer que tengo ganas de croquetas y no me gustan? XDD
Chaooo ^_^
Si pruebas las mías te engancharás Modesto, te lo aseguro. Un saludo cielo.
Banderas, es que en el interior de una olla lo que se cuece es pura ciencia, jajajaja. Correos está que se sale. Bicos pa ti tamen.
Gracias Iván, ten cuidado que un día de estos los tropezones recobran la vida y se nos comen ellos, jajajaja. Un saludo
Mariano, espero que ese in- se te haya colado sin querer, porque si no fuese así no te dejaría probar mis croquetas jamás de los jamases.
Estil……nada, nada. Un beso
Belén, yo haré que recobres el gusto por ellas. Un beso.
Mariano, sólo tú eres capaz de sacar de mí lo mejor, ¿quien sino iba a conseguir que me metiera en la piel de una brizna de pechuga de pollo para croquetas? Un beso.
Me ha gustado, no conseguía encauzar la idea, la aparicion de la leche me acabó de despistar y el final, sabroso.
jajajaja!! Bueníssssimo.
pues ya hay hambre y todo… claro, así es imposible no tenerla… uuuhmmm… muy bueno, je je je