A veces pasan cosas…… descotidianas, que diría Mariano, cosas, que te hacen creer que aun hay personas buenas.
Hace unos años, cuando Boss y yo aun vivíamos en la aldea, nos topamos con una de esas personas. Buscábamos piso en alquiler. Pasábamos horas pateando Redondela en busca de anuncios, con mis dos mayores, aun pequeñas, a cuestas. El dinero justo para el bus de vuelta, y el tiempo para cogerlo, apremiando. Hasta que uno de esos días perdimos el último bus. Caía la noche, hacía frío, las hadas con sueño, y nosotros sin más salida que esperar en la calle que confluye con la carretera de regreso, a que alguien conocido, por aquello del azar, pasara y nos llevara a casa. Ese alguien nunca llegó.
Pero hubo otro alguien que nos escuchó hablar; más que hablar, lamentar. Y se acercó. Y se ofreció a llevarnos. Sólo tenía que ir a su casa, coger su coche en el garage, y recogernos.
En ese intervalo de tiempo, Boss y yo barajamos los diferentes motivos que podían haber llevado a aquel hombre a tomarse la molestia de llevarnos. Tras una primera sensación de alivio por saber que dormiríamos en casa, llegó una segunda de miedo. No conocíamos a aquel hombre. Podría ser un psicópata violador, e íbamos a meternos en su coche para recorrer seis km por puro monte; robarnos creo que quedaba descartado con la imagen de penuria que debíamos reflejar; quedaba pues la posibilidad de que fuera lo que aparentaba: un buen hombre.
Decidimos ir con él. LLegó, con su mercedes imponente, y nos fuimos.
Era abogado, aquí, en Redondela. Compartimos todas las confidencias que se pueden compartir en seis km de trayecto. Nos ofreció ayuda en lo del piso, pero la rechazamos porque ya habíamos dado nuestra palabra en uno. Nos dejó en casa y se fue. Sólo volvimos a verle una vez, de lejos, saliendo del que suponemos era su despacho, y digo era porque ayer vi vacío el sitio donde estaba la placa con su nombre. En la bandeja trasera del mercedes nos dejamos olvidado un ramo de flores que yo llevaba para el cementerio. Supongo que ese es el tributo que se cobran los ángeles.
Diez negritos de Agatha Christie
Tuareg de Alberto Vázquez Figueroa



Me encantaría que los periódicos reservaran espacios para noticias como ésta.
Y que las escribieras tú.
Besitos/azos.
Esta sociedad, y nosotros como parte de ella, nos hemos vuelto tan paranoicos que incluso nos negamos a creer que aún queden buenas personas…
A mi me ha pasado, en más de una ocasión, que por ofrecerme para hacerle un favor a alguien, me han mirado raro… con desconfianza, como si esperasen que tras ayudarles les fuese a exigir algún tipo de pago imposible… o como si fuese a hacerles algo malo.
Entiendo que hay que ser prudentes, porque muchas veces las malas personas están al acecho, más cerca de lo que nos pensamos, esperando para hacer algún mal…
Pero tampoco podemos generalizar y tratar a todo el mundo como si fuese malo…
Bueno, él también tuvo suerte, porque vosotros también sois buenas personas… si no no se te habría olvidado el ramo de flores ahí… eres una despistada encantadora!!!
recibiste el mail? me encantaría recibir mi postal!
Besos
A lo mejor él también os recuerda como la familia de ángeles. Quizás lo seáis, y todavía no lo sabéis.
Qué maravilla, sí.
Yo también me he cruzado con algún ángel que otro en mi vida. Me has dado una idea para cuando tenga un momento y pueda postear como es debido. Así os lo cuento también.
Suscribo plenamente el comentario de Mariano.
Bicos
yo reconozco que me pasa como a ti, cuando alguien es amable sin motivo desconfío, será porque soy gallega. aunque yo tengo gestos como es muchas veces… curiosa, la paranoia de nuestras vidas. bicos.
preciosa forma de contar la desaparición de un abogado… vale , o cualquier persona… un abrazo nena..
Esta historia es como un cuento de navidad pero mucho más bonito porque es real, real como la vida misma.
Besitos
Tú sí que eres un ángel, con hadas y con Boss, que debe ser la rehostia el tío.
Hay otra forma de mirar la vida, a que sí? Menos mal que tambíen hay más gente como tú, que si no…
Personas buenas haberlas haylas, la desconfianza ,que por la pérdida de valores que se están dando en nuestra sociedad, se cria y crea en nuestro interior, en nuestro corazón y es lo que nos hace dudar de la honradez del de enfrente.