Lunes. Pereza extrema al abrir los ojos. Kubrick y su fama me tuvieron frente al televisor hasta las tantas, y total para dormirme, no fui capaz de tragarme el tostón. Tras apenas tres horas de mal dormir resucito bajo la espuma del último resto de mi jaboncito de avena.
Hora de irse. Bufandas y abrigos para ellas, y cara descubierta para mi. El frío mañanero me da la vida. Las dejo en el cole y vuelvo sobre mis pasos. A medio camino me desvío hacia el banco. Hoy es día de ingreso. Sorteo una vomitona adolescente a juzgar por los macarrones sin digerir. Y miro al cielo. La luna está ahí. Sólo a ella le da el sol.
Entro en el banco y salgo con el mismo dinero con el que entré. Son cosas que pasan. Compro el pan y miro de reojo ese pastel que había pensado desayunar. La alameda está imponente, los columpios desiertos.
Hoy no he ido a leer. El libro se agota y quiero estirarlo hasta el infinito. Me dan ganas de empezarlo de nuevo en cuanto lo termine. Nada, ni nadie, nunca, me habían arrancado tal cantidad de emociones a ese ritmo. Una tras otra. Cada una más intensa que la anterior. Hasta el punto que he decidido que no volveré a leer en ese sillón. Cuando acabe este libro, lo cerraré, me levantaré y saldré de allí. Me iré de un sitio en que realmente nunca estuve. Aunque todo el mundo pudiera verme allí, yo estaba unos kilómetros más al sur, en el Alentejo. Igual que la luna que yo he visto esta mañana y que está tan lejos de aquí.
Diez negritos de Agatha Christie
Tuareg de Alberto Vázquez Figueroa



A mi también me ha pasado con algún libro, el no querer que se termine, para asi disfrutarlo
me ha pasado un montón de veces
Besicos
Uf, sí, a mi me ha pasado algunas veces intentar alargar un libro para que no se acababe nunca…
Ay, yo también tenía día de ingreso, pero casi hospitalario, porque la nómina parece que se retrasa. Maldita cuesta de enero!!!!!
Encontrarás otro libro y otro lugar para leerlo. Eso es lo maravilloso de la lectura, que te transporta a donde quieras sin quererlo (vaya galimatías más gilipollas que me ha salido).
Besitos/azos.
Jejeje! estamos todos igual con los dineros malditos…
Menos mal que gracias a un libro, a un buen disco, o a una buena compañia te puedes trasladar donde tú quieras…
Disfruta mucho de tus momentos de lectura mañanera, me encanta que lo estés haciendo y sigas respetando los momentos para tí, sólo para tí…
Un abrazo.
Es lo único que nos queda, al mi al menos. Disfrutar de un libro porque como dicen por ahí arriba, es la única forma de teletransportarme, ya que la cuesta de enero está tan empinada…
Un beso
No me hables de dinero…
Háblame de lunas, libros y bufandas.
Mil veces lo prefiero,
para que me lleven en volandas.
Bicos
Vitru, hay quien dice que los libros sólo existen en nuestra imaginación, y que ya están todos escritos, que sólo hace falta alguien que los escriba y los descubra, para hacernoslos recordar.
No sé si viene mucho a cuento, pero tú tienes la cabeza llena de libros.
Y suscribo (pero en prosa) la poesía de Irre. No me hables de dinero, que es lo que menos importa en la vida. Con diferencia.
Yo no termino los libros, cuando faltan 5 o 6 páginas, para que no acaben nunca
Yo sí termino los libros, si me gustan los vuelvo a leer unos días o semanas después.
Yo soy de los que cree que los libros tienen su momento. Algunos se leen conforme llegan, sin querer. Otros los buscas pero te rechazan y no eres capaz de cruzar la página 6. Años despues vienen a por ti y entonces no sólo los devoras, sino que son ellos los que te absorven. A mi me ha pasado eso y mucho más. La magia que encierran los libros es así, y no vale preguntarse las razones, porque no las hay.
Bicos… ahora sí, desde casa
Es verdad, hay libros que da pena que se acaben, pero otros que no hay forma de que se acaben.
Y bueno, lo del banco si saliste con lo mismo que entraste no es tan malo. Lo malo es cuando entras y tienes que pagar algo nuevo (IRPFs, multas de tráfio, etcs.)
Un besorrio.
Lo curioso es cuando llevas sentado en un sillón ya un par de semanas compartiendo minutos de lectura con otro lector que se sienta el el sillón de al lado, tienes ganas ya al cabo de unos días de preguntarle qué tal su libro, pero acabas el tuyo, te levantas y no vuelves a compartir minutos de lectura con tu ex-compañero
Jal, tienes razón, a veces deberíamos romper esas absurdas barreras y dejarnos llevar por lo que nos apetece hacer. No digo que nos hiciéramos íntimos del compañero lector, pero al menos cruzar un saludo, ¡qué menos tras haber compartido el gusto por un determinado sitio para realizar algo, a veces tan íntimo, como leer! Un beso
Nacho, tienes razón, jajajaja, todo, siempre, puede ser peor. Un beso.
Banderas, por fin en casa, jajajaja, ¡qué bien! Me alegro mucho. Un biquiño.
Jove, yo sólo he dejado uno sin terminar y porque era infumable, pero aun así me dolió el alma hacerlo. Un besiño.
Morbo/pereza, bienvenido. Me parece una idea maravillosa y tremendamente romántica, en serio, pero creo que sería incapaz de hacerlo. Me puede la curiosidad.
Clandestino, ¡qué comentario tan lindo!. Teneis razón, intentaré no manchar mis entradas con el sucio dinero.
Irre, te ha salido bordada. Un petó.
Inte, ¿emppinada?, jajajaja, lo mío es un muro vertical, jajajajaja directamente.
Lola, sigo mantenéndome firme, jajajaja. Un besito.
Mariano, estoy segura de ello, y me parecerá igual de maravilloso. Besazo.
Manuespada, bienvenido. Si hemos de ingresar que sea donde trabaja Belén, ¿no crees?, jajajaja Un beso.
Wen, y no hay manera de ello, ¿verdad?, un beso guapa.
Belén, pesiosa, si es que todo lo que nos pasa ya está inventado, jajajajajaj. Besos.
Besos y besos y besos.