Es increible cómo, a veces, un hecho cotidiano y rutinario es capaz de desembocar en una estampida de recuerdos que pugnan por destacar todos a la vez, y a tal velocidad, que la mente pasa de unos a otros sin que dé tiempo, en una primera revisión, a saborear ninguno. A mi me acaba de pasar.
El principio de todo ha sido la cartilla de vacunas de mi mayor. Tengo que buscar la original para contrastar la información que hay en la secundaría. Y buscando buscando, aparece de todo menos la susodicha. En su lugar aparece todo tipo de papeles y pequeños objetos, todos ellos susceptibles de evocar algún recuerdo. Y me hace replantearme mi manía de guardarlo todo, porque me parece indigno tratar de semejante forma algo que debería tener un lugar privilegiado en mi memoria. En cambio reposan aplastados unos por otros en cajas o carpetas alejadas ya no sólo de mi mente, sino también de mi vista, a la espera de que algún motivo ajeno a ellos les devuelva su razón de ser y les devuelva el estatus de tesoros. Y creo que es un trato muy injusto.
Y desde este pensamiento de la injusticia he saltado a una foto mental que hice hace muchos años, en la época en que mi vida era una pura locura.
Yo salía con un tipo casado. Sí, mucha locura, pero mucha vida. Ya he comentado que adoro las motos. Y él se compró una moto. Tardó su tiempo, (siguen saliendo recuerdos) porque aunque también su pasión eran las motos, quiso esperar hasta que la matrícula de la misma tuviera nuestras iniciales. Cuando la tuvo venía a recogerme, evidentemente, en moto. Una tarde de sol maravillosa que él estaba apoyado en la moto, me aleje un poco y con las manos imité una cámara fotográfica. Emití un chasquido con la boca y guardé aquella imagen en mi mente. Y cuando por alguna razón la recuerdo, la veo más nítida que cualquier foto real que pueda guardar en un cajón.
Sé que no tiraré nada de lo que tengo por ahí guardado, pero cada vez que piense guardar algo más, me lo pensaré un poquito. Pensaré si prefiero otorgarle la libertad de entrar y salir que le proporciona un lugar en mi memoria, o condenarlo al olvido encerrado en una caja.
Diez negritos de Agatha Christie
Tuareg de Alberto Vázquez Figueroa



Esas cajas son en sí pequeños tesoros. Son como las muñecas rusas, que dentro de una hay otra, y otra, y otra….
Yo solía tener este tipo de dilemas años ha.
Tras 11 o 12 mudanzas (un día de estos tengo que ponerme a contarlas en serio), el dilema se ha esfumado… junto con las cajas de pequeños recuerdos materializados en tontunas.
Guardo las fotos. Lo demás lo tiré.
Prefiero confiar en mi memoria. Porque el día que ésta me falle tampoco me va a servir de mucho lo que pueda guardar en una caja.
Besitos de viernes.
Es que los verdaderos recuerdos siempre están en nuestra memoria. Lo que pasa es que a veces es como si se les fuera debilitando la llama, y es cuando tiramos de los cajones para volver a encenderla.
Pero cuando el recuerdo es en si lo suficientemente intenso, como debe ser el tuyo, entonces sobran los cajones.
A veces la memoria nos juega pasadas divertidas, como acordarte en un momento de cosas que hasta te sorprenden!
Motos, hombres casado? jajajajajajaj Vitruuuuuu que eras mu mala
:P
Besos
Los recuerdos no entienden de cajas. Por eso a veces olvidamos lo que hay en ellas y recordamos cosas inverosímiles.
O al revés. Que no estoy yo para pensamientos profundos, leches.
Tengo una de esas cajas en mi despacho, la he rescatado de el trastero de mi hermano (que se separa), que a su vez la rescato de una de mis devacles, esa caja lleva tantos tumbos que ayer vi la partida de nacimiento de mi padre dentro, No se si atreverme a ordenarla. En una ocasión en una orgia de furia me pulí toda una casa, pero esa es una historía muy larga que tal vez iré contando.
Puf. Cajas, recuerdos… Una combinación demasiado explosiva.
Aún guardo algunas sin deshacer de la úmtima mudanza y seguramente permanecerán allí hasta los restos. Cierto es que guardarlo todo puede llegar a se un despilfarro de espacio y de malas emociones. Pero siempre hay algo que vale la pena. Y arriesgarse a perderlo… Es muy duro.
Veo que ambos somos moteros.
V’s!
Madre mía vitru a veces me veo como un especie de doble tuya en algunas cosas.
Hay cosas que guardo, otras las tiré, pero soy muy de guardar gilipolleces varias. Quiero hacer limpieza.
yo coincido con irreverens, es más en una macromundaza de vivieda y de vida lo tiré todo menos dos pijamas, júrolo; luego me fuí a casa de mis padres que se quedaron flipados (pobres). A partir de entonces vivo en constante provisionalidad; guardo la maleta debajo de la cama, los libros que acumulo los meto en cajas y los envío a una especie de casa almacén que está medio vacía, no tengo armarios de los llamados clásicos y tantas otras cosas que algunos llamarían extravagancias que me hacen sentir más ligera y dispuesta a irme de un momento a otro. Doy fe de que todo es cierto.
…yo tengo una habitación llena de cajas llenas de recuerdos, propios y ajenos, de mi yo como hija, de mis hijos, y hasta de hijos ajenos que a día de hoy son ancianos ya…
Yo por mí tiraba el 80% de tanto recuerdo a la basura, pero y si algún día quiero recordar y no puedo…?
Uno de estos años tendré que elegir por la amnesia, pero eso será cuando llegue el momento.
Besos.
Yo soy todo lo contrario. Lo tiro casi todo. No soporto encontrar cosas del pasado a no ser que les guarde tanto tanto tanto cariño que no pueda estar sin ellas. Pero al final, incluso de esas me canso.
Tengo la sensación de que como tú, en este caso, guardo mis recuerdos como fotos mentales en mi cabeza. Ahí, están todos mis buenos momentos.
Un beso
errante, yo he vivido muchos años como tú y me encanta esa sensación. La de que, en cualquier momento, estás lista para partir…
De hecho, sigo bastante igual, no te creas.
toc toc
perdón, pero no sé porqué tengo la sensación de que necesito llamar despacito para entrar, como si no quisiera turbar en nada la alborotada cordialidad que por aquí se respira. Como si sintiera que el vivo caos de los comentarios que recibes complementan de una forma tan perfecta la limpieza de tus post que cualquier nueva presencia… no sé… descompensase algo.
Y sin embargo, me pueden las ganas de decirte…
Llevo casi dos horas de aquí para allá entre tus post. Casi dos horas leyéndote y empatizando. Casi dos horas desternillándome o no, emocionándome en todo caso y envidiándote seguro por el nivel, la calidad y la calidez de todo lo que se lee, comentarios NATURALMENTE incluídos.
Una gozada.
Sin duda ninguna me llevo rastrodelink para volver a menudo, pero más que eso, y porque descubro que ESTO es exactamente lo que creo que debe de ser un BLOG, hago lo imposible por suscribirme a ti.
Tal vez no me leas comentándote con frecuencia. Me costará. Me cuesta asomar en grupos que me parecen perfectamente engranados, por más que lo apetezca. Pero estaré. Juropormisteclas que estaré para respiraros.
Enhorabuena, Vitruvia. Extraordinariamente sorprendida y encantada, me retiro a esperar “vuestro” domingo: no leeré a Doris, pero fijo que me acuerdo de vosotros a las ocho menos cuarto, aun sin alarma en el móvil.
Ispilatze, gracias. No descompensas nada, te lo aseguro, en este blog siempre hay un hueco para un puntal más. Y estoy segura de que esta panda de locos que tengo por comentaristas, conmigo a la cabeza, estaremos encantados de que te mezcles con nosotros. Un beso y bienvenida
más maderaaaa, aquí cabemos todos Ispilatze
¿qué hora es? (joé es que me estoy emocionando y todo; aún no me puedo creer que puede ser que estemos unos cuantos haciendo la misma cosa en el mismo momento, hasta hoy no lo he sentido)
ay ay ay, se que no viene a cuento en este post, pero es que llego tardísimo, pero tarde tarde, perdon, lo siento, disculpad, una faena oye, que de que coño estoy hablando, pues de lo de Doris, ¿domingo 17 a las 19:45? madre mía que infortunio, las 18 y 27 y no no hay ni un sitio donde adquirirlo en la próxima hora…
un momento, tengo una idea, voy a jugar a que hoy estoy al otro lado del plantea (o del universo) y que para mí hoy es mañana y mañana ayer, así que pediré la venia para empezarlo mañana lunes a las 19:45 que para mí será hoy, y hoy a las 19:45, esté donde esté, haré como si fuera un mimo abriendo un libro y haciendo que leo muy interesado un libro que no tengo, pero con tanta intensidad que escucharé las palabras que se os revuelven en la cabeza al leerlo, y que llegarán a mí por conexión telepática, ala….
perdón, besos
Alf, me parece incluso más bonito lo que vas a hacer que si tuvieras de verdad el libro. Estoy segura de que oirás nuestras palabras. Me alegro de haber entrado en este momento y leer lo que vas a hacer. Joder, estoy tan nerviosa como si la cita fuera real. Besos a todos .
Mi primera impresión ha sido la misma que la de Ispilatze. Parecen ustedes una máquina bien engranada. También he estado dando una pequeña vuelta por tus páginas y he quedado enganchado por un rato.
Hace poco, unos séis meses, hice mi hasta ahora última mudanza. Ya llevo unas cuantas a mis espaldas. Una de las mayores utilidades, quizás la única a parte de la inherente que es la de cambiar los trastos de lugar, es que tienes que tirar de vena práctica y deshacerte de muchos de esos cachivaches , papeles y, en definitiva recuerdos que has ido acumulando a lo largo de los años. Realmente sólo quedan los más importantes… pero realmente los más importantes son los que se preservan por sí mismo, sin necesidad de muletas, en el estante de los recuerdos imborrables, como esa foto sin cámara que trajiste hasta aquí.
Un saludo