Mi chica ya tiene cinco años. La fiesta bien, gracias. Muchos niños dando gritos, mucho confeti por doquier, el aspirador estropeado, los de la funeraria sacando el cadáver de la vecina…… vamos, lo normal en un cumpleaños.
Vale, tenéis razón, muy normal no es. Pero si lo vemos desde el punto de vista de mi siempre imprevisible vida, lo raro sería que algo transcurriera con normalidad.
Las cinco. A esta hora estaban citados los monstruitos y a esa hora empezaron a llegar. Juerga, algarabía, carreras pasillo arriba pasillo abajo. Merienda, regalos, piñata…La primera en abandonar: mi madre. Besos y hasta luegos. Sólo treinta segundos después primer timbrazo desde el portal:
Mamá -Nena, el portal está abierto y hay una caja tipo las que se ven por la tele en los accidentes de tráfico-. Yo (No haciendo mucho caso, debido a lo acostumbrada que estoy a las fantasías y exageraciones de mi madre) -Bueno, mamá, y yo que sé. Deja el portal abierto y ya está-.
La segunda en irse, la mamá de (y gracias a dios con) la niña más repelente de todo Galicia: -Bueno, pues nos vamos ya, gracias y hasta luego. -Nada, gracias a ti por venir. Contad: uno, dos, tres, cuatro… veinte segundos y timbrazo en la puerta. La repelente y su madre: -Hola, mira, podemos pasar, es que están sacando un cadáver, o eso creo yo, porque está tapado con una sábana y sentado en una silla, y me han dicho que ahora no puedo bajar. Yo: (flipando) -¡Qué dices!
A partir de ahí imaginaros: pedir un silencio casi imposible a unas criaturas aceleradas por la adrenalina de una fiesta infantil, mi marido bajando a informarse y ofrecerse a lo que fuera menester, y a enterarse que la pobre señora había muerto a las cinco y cuarto, vamos, justo cuando empezaba el mogollón.
Digo la pobre señora, porque tengo sentimientos encontrados. Ya era mayor, estaba enferma y había sido operada varias veces. Pero tras vivir en la vivenda superior a la suya los últimos cinco años, durante los que nos hizo más de una puñeta, tengo una sensación extraña de alivio y pena. Era nuestra casera y en este compartir edificio hubo de todo. Momentos agradables, y momentos no tan agradables. En fin. Descanse en paz.
Diez negritos de Agatha Christie
Tuareg de Alberto Vázquez Figueroa



Pues que descanse en paz.
¡Y felicidades a la cumpleañera!
Besitos/azos.
Buf vaya día para morir, quien sabe… igual fue por la tarde que le esperaba oyendo a los niños…
Que descanse en paz…
Besicos
Como decía Jorge Manrique, al final, todos, ricos y pobres, tenemos el mismo destino. Y también los buenos y los malos…
Osea que os cargasteis a la casera con el infalible truco de “esta tarde fiesta infantil en casa”. Su corazón no resistió una fiesta infantil sobre su cabeza.No os sintáis mal, yo viví cinco años sobre dos pisos de estudiantes que hacían fiestas casi todos los fines de semana y estos “puñeteros” no caían de ninguna de las maneras, y mira que lo desee.
Requiescat in pace
LLevo un buen rato aquí, delante de tu blog como un tonto, sin saber qué tipo de comentario hacerte, si serio, si jocoso, si de felicitación, si de pésame…, porque no me dirás que la situación no tiene miga…
En fin, que opto por lo más correcto, que me da no sé qué la mujer. Felicidades y besos para la niña y que descanse en paz la señora.
Estil, no te preocupes, ni yo misma sé qué tono darle.
Sólo un pequeño detalle para que entendáis mi mezcla de sentimientos: Cuando en la alcantarilla principal del edificio se halló un trozo de plástico, ella nos acusó de haber tirado yo el mío, el de tapar la ropa en invierno, por la taza del báter, para atascar las tuberías. Imaginaos, mi plástico medía 10 metros de largo por ocho de ancho. Tuvimos no pocos problemas.
Gracias chicos.
5 añitos, eh?! qué guai!! felicidades de mi parte!!!
del resto me hago la tonta directamente
confeti? tu estás loca o qué?
Ay, mira, tu chica es de la quinta de mi sobrino.
Y la señora… que descanse en paz.
De hecho, este episodio que nos relatas es ‘pura vida’. Ya sabes: “Unos vienen, otros se van, la vida sigue igual.”
Bicos
Lo siento, Vitru, pero yo es que me estoy imaginando la escenita del cadáver bajando las escaleras con la madre de la niña más repelente y me meo de la risa. Siento que tengas problema en darle un tono jocoso al post, pero aún así yo me meo…Ja!Ja!Ja! ¡Qué opotuna la condenada de la vieja!
Bicos
P.D. Eso sí, en público prometo contener la risa.
Vaia oh, eu que acababa de descubir e engadir ó meu blogroll o teu blog…..Entendo o do descanso. Sempre é necesario para recargar pilas. Un saúdo e volta pronto.
La historia parece sacada de un guión de Almodivar. Me veo a la pobre vecina con un bastón pegando el techo mientras los crios corretean por las habitaciones.
Ahora en serio, a todos nos llega el día, y si se fue en ese momento es porque ya nada la ataba a nuestro mundo. Descansará en paz entre algarabía de chicuelos, ¿hay algo mejor?
Un abrazo,