Hoy he vuelto a soñar con ella.
No diré su nombre real, le pondré uno: Leonor.
Leonor fue mi jefa durante dos años y medio aproximadamente. Pero más que señora y asistenta se creó entre nosotras una corriente de afecto que pocas veces se da en tales circunstancias. No era la típica señora a las que yo estaba acostumbrada a servir. Me impuso llamarla por su nombre, insistía en que no la tratara de usted (cosa que no consiguió), se rió de mí cuando le pregunté por el uniforme, decidió que, aparte del sueldo, me pagaría lo que me gastaba en autobús, algo que hasta entonces era impensable pedir a otras “señoras”, y en su casa no se comía mientras yo no estuviera también a la mesa, con ellos.
Era muy fácil querer a Leonor. Madre de cuatro hijos (las dos mayores de mi edad) tuvo una vida muy dura. Mataron a su marido ante sus ojos, en un atraco, en el último de una lista muy larga para sucesos de este tipo. Evidentemente esto dejó una huella en su carácter ya nervioso. A veces me volvía loca con la ubicación de los objetos decorativos: “¿qué hace esto aquí? ¡esto es allí!”. Y al día siguiente al revés: “¡¿pero no te dije ayer que esto era aquí?!”Era como un huracán. Nunca he visto a nadie con más energía que Leonor.
Recuerdo que cuando terminábamos de comer nos tomábamos siempre un cafecito con leche condensada, el mío muuuy cargado de leche condensada, y charlábamos de infinidad de cosas. Un día de los enamorados que yo había roto con un novio que tenía, me sorprendió con una tarta en forma de corazón para que no estuviera tan triste. Nos la comimos casi toda entre ella y yo: ”¿Para qué queremos un hombre?”.
Durante uno de esos cafecitos me contó algo que creo que ella aborrecía y que entendía como un estigma que la perseguía. Me dijo que cuando nació la metieron en una bañera a la que añadieron unas monedas de oro. Suponía que quien decidió aquello pretendía que nadara en la abundancia. Y funcionó. Pero como ella decía: “Para qué quiero yo tanto oro, si todo lo demás son desgracias”. Habían pasado muchos años desde la muerte de su marido, pero no lo había superado. Me contaba cosas de él con una ternura que ahora, recordando, me emociona. Casi todo el mundo se le arrimaba por interés. De algunos no se daba cuenta, y a mi me daba rabia que se aprovecharan de ella. De otros era plenamente consciente, pero se dejaba, afectivamente los necesitaba. Yo te doy, tú me das.
Fueron años realmente felices. No me costaba nada ir a trabajar, era como tener una segunda familia, incluso llegué a salir de juerga con sus hijas mayores.
Cuando dejé su casa para irme a Cataluña se enfadó conmigo. Sé que a sus hijos no les dijo exactamente el motivo de mi marcha, pero sé que fue fruto de su enfado. Volví, la visité e incluso me hizo un buen regalo de boda. Me hubiera encantado ser su amiga, pero no volví a visitarla. Tenía miedo de parecer una más de esas amistades por interés, y no quise.
Sueño muy a menudo con ella. Sueño que todo es como entonces, que se enfada conmigo y que yo la odio por su manía de cambiar los objetos de sitio. Sueño que vuelvo a limpiar aquella casa y me despierto con una sensación de bienestar agradabilísima.
Deseo de todo corazón que haya conseguido ser casi feliz.
Diez negritos de Agatha Christie
Tuareg de Alberto Vázquez Figueroa



Acabas de describir sin saberlo a mi madre, aunque la pobre (me refiero a mi madre) no tiene tanto dinero.
Cuanto mas te conozco mas me gustas vitruvia.
Me da que mientras compartisteis relación ella fue casi feliz.
Es bonito soñar y recordar personas, si el tacto con la almohada acaricia en vez de arañar, claro está.
Besitos/azos.
Visítala.
La impresión que le puedes haber dejado es que estuviste con ella mientras hubo un sueldo de por medio y que tu amistad no era más que cortesía.
Hazme caso, visítala y llévale una tarta en forma de corazón
Estoy con John.
Yo también la visitaría. Y si no puedes, al menos, llámala o escríbele una carta (algo hermoso que ya nadie hace).
Bicos
La idea de John me parece preciosa y muy apropiada. Sin duda verás saltar lágrimas de felicidad de sus ojos… y en cinco minutos estaréis como si no hubieran pasado ni cinco minutos desde que te fuiste.
Preciosa historia… preciosa relación… a ver si tiene una preciosa continuación.
Biquiños
… preciosa.
Yo también la visitaría, chica… con una tarta como los viejos tiempos!
El interés al final se verá y si no es por pasta al final ella lo verá..
Bonito, si señor
Besos
Otro voto más para la opción “visítala y si es con tarta mucho mejor”..
Preciosa historia.
También apoyo la moción. Recuperar una amistad es un billete de regreso a la felicidad.
sin duda, visítala
Casi me habéis convencido, jajajaj. Puede que la visite, ya os contaré.
Día de perros, día para olvidar. Buenas noches.
Gran personaje Leornor. Y grande también el otro personaje, el de la mujer que limpiaba en su casa. Esa tal Vitruvia.
Tamén coido que a deberías visitar. Sinto chegar tarde, pero máis vale tarde que nunca ou iso din.
Saúdos Vitruvia
Carpe Diem
Vísitala Vitru, no lo pienses más.
[...] era la segunda hija de Leonor. Tenía mis mismos años y un aneurisma cerebral se la llevó con 36, de una manera terrible, [...]