Creo firmemente que son los hijos, al cabo del tiempo, los únicos que pueden poner nota a nuestro papel de padres. Sólo ellos, sumando o restando sentimientos, conocen el cómputo y el resultado.
El día que nació mi mayor nació también, en mi, un sentimiento que me aterra: el miedo a no saber mantener, una vez que yo no le sea necesaria, el lazo que, mientras es dependiente, nos une. Sobra decir que ese sentimiento ha nacido en mi dos veces más, aunque por suerte debo afrontarlos de uno en uno.
Han pasado trece años y siento que es ahora cuando más peligrosamente mi mayor y yo rozamos ese momento. Es más, estoy convencida de que es únicamente en este punto de su vida cuando puede llegar a romperse ese lazo.
Ella, desde su pretendida madurez, tira de su punta del lazo intentando reafirmarse ante lo que ve como ataques indiscriminados a dicha reafirmación, y yo, cosciente de la fragilidad del lazo, tiro necesariamente de mi punta haciendo malabares para proporcionarle elasticidad sin que pierda un ápice de consistencia. No consigo decir “no” sin que se líe en mi casa una batalla tras otra; conversaciones imposibles se suceden con una asiduidad pasmosa, eternos pulsos con resultados tan frustrantes para una como descorazonadores para otra.
Pero he descubierto que hay una vía de comunicación a la que no ha llegado la negativa influencia que esa ficticia madurez ejerce sobre ella. Vía a través de la que consigo transmitirle todo lo que su impaciencia no le permite escuchar, y recibo todo lo que su orgullo pretende callar. Vía por la que fluye tanto contenido que todas las palabras del mundo serían insuficientes para acercarse mínimamente al mensaje. He notado que no solo no rechaza, sino que agradece, mis abrazos. Sí. Increíblemente sigue queriendo mis abrazos. Pequeñas treguas que nos damos, que a ella le sirven para saber que sigo a su lado y a mi para pensar que, tal vez, pasado este bache, ella seguirá ahí.

Y RELEO...(siempre)
Levantado del suelo, de José Saramago
Y DESDE QUE ABRÍ EL BLOG...
-El río del olvido, de Julio Llamazares
-David Copperfield, de Charles Dickens
-El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald
-Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven, de Albert Espinosa
-El tiempo entre costuras, de María Dueñas
-Out, de Natsuo Kirino
-Sunset Park, de Paul Auster
-El Aleph, de Jorge Luís Borges
-De qué hablo cuando hablo de correr, de Haruki Murakami
-El bolígrafo de gel verde, de Eloy Moreno
-Expiación, de Ian McEwan
-In vino veritas, de Francisco Castro
-Vida con Picasso, de Françoise Gilot/Carlton Lake
-Non hai noite tan longa, de Agustín Fernández Paz
- La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera
- Las viudas de los jueves, de Claudia Piñeiro
-El viaje del elefante, de José Saramago
-El verano del inglés, de Carme Riera
-El diablo en la botella, de Robert Louis Stevenson
-Lo mejor que le puede pasar a un cruasán, de Pablo Tusset
-Tren nocturno a Lisboa, de Pascal Mercier
-20.000 leguas de viaje submarino, de Julio Verne
-A lagoa das nenas mudas, de Fina Casalderrey
-La sonrisa etrusca, de José Luis Sampedro
-El camino, de Miguel Delibes
-El sabueso de los Baskerville, de Arthur Conan Doyle
-Condenados a vivir, de José María Gironella
-La casa de los siete pecados, de Mari Pau Domínguez
-El hereje, de Miguel Delibes
-La muchacha de las bragas de oro, de Juan Marsé
-La catedral del mar, de Ildefonso Falcones
-La mano de Fátima, de Ildefonso Falcones
-Madame Bovary, de Gustave Flaubert
-La soledad de los números primos, de Paolo Giordano
-Contra el viento, de Ángeles Caso
-Cuentos, de Emilia Pardo Bazán
-Verdes valles, colinas rojas. La tierra convulsa, de Ramiro Pinilla
-Cumbres borrascosas, de Emily Brontë (relectura)
-Jane Eyre, de Charlotte Brontë
-La elegancia del erizo, de Muriel Barbery
-Pedro Páramo, de Juan Rulfo
-La historiadora, de Elizabeth Kostova
-Diez negritos, de Agatha Christie (relectura)
-Cortafuegos, de Henning Mankell
-La montaña mágica, de Thomas Mann
-Tribulaciones de un sicario, de Eléna Casero
-Tango sin memoria, de Eléna Casero
-Gracias por el fuego, de Mario Benedetti
-La borra del café, de Mario Benedetti
-El guardian entre el centeno, de J D Salinger
-La tregua, de Mario Benedetti
-Presentimientos, de Clara Sánchez
-Días como todos, de Jorge Arbenz
-Nada, de Carmen Laforet
-El mundo, de Juan José Millás
-Mala gente que camina, de Benjamín Prado
-Relatos metroplitanos, de Mariano Vega
-Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez
-Diario, de Ana Frank
-La higuera, de Ramiro Pinilla
-La ladrona de libros, de Markus Zusak
-La Higuera, de François Maspero
-Blogs de papel, de varios autores
-El hombre duplicado, de José Saramago
-Una comedia ligera, de Eduardo Mendoza
-Erros e Tánatos, de Gonzalo Navaza
-Primavera con una esquina rota, de Mario Benedetti
-El callejón de los milagros, de Naguib Mahfuz
-El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon
-El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde
-Cuentos de sabiduría, de Miguel Adrover Caldentey
-La mujer justa, de Sándor Márai
-Tres contos á beira do medo, de Xesús Cameselle Ben
-Relatos a cuatro manos, de Carlos Arias y Mariano Vega
-Don Juan, de Gonzalo Torrente Balletser
-Tokio Blues, de Haruki Murakami
-Juegos de la edad tardía, de Luis Landero
-A era de Lázaro, de Paula Carballeira
-Tierra firme, de Matilde Asensi
-La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca
-La tinta azul de la memoria, de Mariano Vega "El zurdo"
-Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, de Haruki Murakami
-De nuevo, el amor, de Doris Lessing
-El niño con el pijama de rayas, de John Boyne
-Levantado del suelo, de José Saramago
-El alquimista, de Paulo Coelho
-La colmena, de Camilo José Cela
-Doña Perfecta, de Benito Pérez Galdós
-Niebla, de Miguel de Unamuno
-Los pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán
-La dama del Nilo, de Pauline Gedge
-Vivir para contarla, de Gabriel García Márquez
-Cartas para Claudia, de Jorge Bucay
-Memorias dun neno labrego, de Xosé Neira Vilas 
Diez negritos de Agatha Christie
Tuareg de Alberto Vázquez Figueroa


