Estoy convencida de que pocas cosas hay con mayor carga, o descarga, elije, sensitiva que un buen cruce de miradas. Pienso que, sensorialmente, está por encima, incluso, del roce de la piel, aun cuando el vocablo que estoy utilizando, me refiero a “sensitivo”, haga referencia principalmente a este último órgano. Sin embargo, lo que no tengo tan claro es cuánto se ha de prolongar en el tiempo el susodicho para ser más placentero, si el cruce largo y mantenido, duelo maravilloso que, dependiendo de que lo ganemos o no, nos da mil y una posibles lecturas, o el inesperado y fugaz, plagado de reminiscencias que permiten alargar su disfrute.
Ayer vino a mi memoria, por alguno de esos misterios que preñan la mente mía, uno, sino el primero, de los cruces de mirada que recuerdo más a menudo, no ya por lo que significó para mí en aquel momento, sino por ser, esta vez sí, el primero que mantuve consciente de lo que estaba haciendo.
Quince años no dan para mucho, todo es repentino y falto de control. “Pam”. Sucede y ya está. Sin embargo, en aquella ocasión alguna neurona mía se encargó de que centrara toda mi atención y todos mis sentidos en los ojos de Benjamín, viejo conocido y algo mayor que yo, que me miraba desde la otra mesa (aquí debería agregar un postit imaginario con la recomendación de volver sobre el tema para disertar sobre cómo una mirada puede conseguir que te guste alguien en quién ni habías reparado) Lejos de apartar la mirada me quedé leyendo en sus ojos lo mucho que yo le gustaba, al tiempo que descubría cuán poderoso te puedes llegar a sentir en tales duelos si sabes que te alzarás con la victoria. Es un poder ambicioso y adictivo, tremendamente adictivo. Pero dicho poder, paradójicamente, sólo es tal, y sólo proporciona placer, si se ejerce sobre el rival adecuado, esto es, alguien que busca lo mismo que tú: ganar.
Lo siento, conmigo perderás siempre.
Mírame
24 septiembre 2011 por vitruvia
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Ya te echábamos de menos. No comprendo porqué debe haber un ganador, practico a menudo ese modo de comunicación y creo que a pesar de la corta duración es tan profundo y abierto como un noviazgo de meses o como una larga y sincera conversación de varias horas entre amigos.
Es un ejercicio que no siempre sale bien. Depende de tu propia seguridad. Muchas veces, más de las que quisíeramos apartamos la mirada.
Un beso
¡jijjijiijijiiiiii!
¡Muá!
Bymoya, ainsssss, de las que yo hablo sí debe haber un ganador, jeje. Un saludo.
Elena, ahí le has “dao”. El punto clave es la seguridad en uno mismo. Pero fíjate, yo soy la persona más insegura del mundo, de ahí que necesite dominar con la mirada para convertir al otro en el inseguro. Un abrazo.
Irre, ¡gamberra!, jijijijijiji. Beso.
yo estoy de acuerdo, la mirada puede ser muy intensa, por algo tienes puesto un ojo. La verdad que mirando se llega muy dentro en la mente de otra persona, es algo sexual.