Nada más alejarse de aquellos labios, se había sumergido en una espiral de sensaciones, que no podría explicar se tuviera que hacerlo. Se había elevado dando vueltas sobre sí mismo y se había sentido lleno de vida. Había aprendido de pronto como hacer piruetas a su antojo con una fuerza que lo llenaba, sacando beneficio de las rachas de un viento que soplaba más y más fuerte cuanto más alto subía.
Y mientras se dejaba envolver por la nada y por el todo, había ido tomando conciencia de quien era y de porqué estaba allí. En un solo instante , supo que no era un beso cualquiera. De pronto, era sabedor de las generosas intenciones de quien lo había echado el viento, y ya sabía también con cuanto amor habían sido arrimadas las manos en las que había nacido los labios en los que había sido creado.
Era una mañana tan clara , que los rayos del sol eran libres para llegar hasta dónde quisieran, ya que no encontraban nada que los detubiera. Y había decidido viajar en uno de aquellos rayos, y aprovechar su vida. En su esencia estaba marcado su destino, mas no tenía marcado el tiempo en el que debía llegar la él.
Sabía que no todos habían tenido, ni tendrían, su suerte. Algunos habían nacido y habían muerto casi al mismo tiempo. Eran besos que los mismos labios habían depositado en su destino. Destinos muy diferentes. Unas veces habían sido posados con pasión en otros labios y otras veces habían sido apretados contra las mejillas tiernas de un niño. O arrimados con cariño a una frente febril. Otros, habían muerto el calor del abrazo de algun amante, otros, en las curtidas manos de un abuelo.
Pero él era un beso en el viento, y por lo tanto no lo ataba nada mas que un deber interior de hacer lo que sabía que debía hacer. Pero no tenía prisa. Podía ir todo lo de vagar que quisiera.
Se había dedicado desde entonces a recorrer el su camino por la senda más larga. Se había montado en un rayo del sol y se había dejado llevar por el viento, comenzando así el más hermoso viaje que podia hacer un beso.
Su primera parada había sido para enredarse en la ropa bencheirenta que había encontrado prendida de una cuerda dorada, cuerda que se abrazaba con fuerza al tronco de unos árboles tan llenos de cerezas, que las ramass casi acariciaban el suelo. Que bien lo había pasado jugando consigo mismo al escondite por entre los agujeros de los encajes de unas sábanas que de puro blanco deslumbraban. Había cerrado los ojos y se había dejado envolver en una locura de fragancias y caricias, que había querido que hubieran sido para siempre. ¡Que fácil le hubiera resultado dejarse enloquecer. Mas con una gran fuerza de voluntad había conseguido deshacerse del abrazo de aquella ropa, pues sabía que como esa experiencia tenía que haber millares.
Y no se había confundido. Había seguido con su aventura. Unas veces con el viento a favor y otras con él en contra, pero cualquiera de las dos situaciones era impresionante.
Sobrevolara ríos largos como mundos, en los que se había visto reflejado y aquella imagen lo había dejado simplemente atónito, pues antes de haberse visto, no se había imaginado de aquella manera, tan inmenso y tan poca cosa a un mismo tiempo. Después de aquella visión que tanto le había sobrecogido, se había elevado aun más para ver desde allá arriba prados enteros llenos de árboles que se dejaban acariciar por la brisa o doblegar por el fuerte viento. Viento, viento, viento…que le atormentaba cuándo soplaba como un huracán y que lo adormecía cuándo amainaba.
Y en esas estaba cuándo había llegado la su primera noche. Tan adormilado estaba en la cuna de la brisa, que no se había dado cuenta de que los rayos de sol que lo habían llevado a lo largo de aquel día, se habían ido escondiendo, de uno en uno, en algun lugar dónde nadie los mirara, y así dejar el cielo a oscuras para que nada entorpeciese la siempre mágica aparición de la dama del firmamento. Y así la descubrió, hermosa, brillante y digna. Se había enamorado perdidamente de la luna nada mas mirarla aparecer. Y había pasado toda la noche mirándola, sin que el sueño se hubiera atrevido ni siquera a aparecer, teniendo miedo de arruinar la magia que había surgido de aquel encuentro.
Y había conocido el sufrimiento mirarla desdibujarse poco a poco, cuándo los rayos de sol volvieron a por él. Pero por muy prendado que había quedado de ella, había decidido seguir con su camino, mas dejaba colgado de aquel cielo nocturno un pedazo de su corazón, que ya no le pertenecía, y que desde esa noche brillaría en compañía de otros cientos de miles de pedazos de corazones que tantos locos por la luna habían dejado antes que él.
Volvió de nuevo a volar en compañía de los rayos de sol, que esta vez lo habían llevado cara el mar, y de nuevo se había asombrado con el espectáculo.
Nada más llegar, se había puesto a jugar con las arenas que rodaban por la playa, que no tenían otra ocupación que aquella de rodar y rodar, empujadas por el viento. Cuándo estuvo cansado de jugar, se había subido en el lomo de una gran gaviota, y, escondido entre sus plumas, sobrevolaron aquel mar que parecía de plata. Aquel animal planeaba a un suspiro de la superficie, e incluso parecía que quisiera acariciar las olas, pero no se atrevía. Un vuelo rasante durante el cual, todo él, se había impregnado de aquel bendito olor a sal que ya por siempre le haría compañía.
Finalizada la travesía marítima había decidido poner de nuevo rumbo al interior. De un brinco, abandonó aquel asiento de privilegio, desde dónde había contemplado aquel inmenso espejo, plateado a veces, pero siempre profundo y misterioso.
Y volvió la oscuridad, y se volvió a enamorar. Y de nuevo la noche en vela. Y una vez más el sufrimiento del amanecer ….
Dedicado a María Mariño, homenajeada el Día das Letras Galegas 2007
Gracias Taosen por tu ayuda
Diez negritos de Agatha Christie
Tuareg de Alberto Vázquez Figueroa



Siento no haber encontrado ninguna página sobre María Mariño en castellano.
¿Que sería de nosotros sin los besos? Bonita historia.
No conocía a María Mariño, ahora ya se un poquito de ella.
Feliz día.
Gracias Apesar. Habrá segunda parte, cuando me decida de nuevo a sacarla del cajón.
Bien bonito. Y en gallego suena precioso.
Gracias Interrogación. Al traducir pierde mucho, pero si no la mayoría no lo entendería.
pues yo lo leí en gallego y castellano y es cierto, en castellano pierde, pero es un texto precioso igual. y María Mariño una desconocida para casi todos, no sólo fuera de Galicia, hasta en Galicia apenas la conocíamos antes de que le dedicasen el día das letras galegas, o sea, hoy. es uno de esos casos en que ser mujer influye, fijaos que uxío novoneyra es en galicia un hito, y era íntimo amigo de ella, de ello fue quien más la ayudó para que escribiese, y ella pasó al olvido… en aquella época, que una mujer escribiera no era lo común! bicos.
Nos queda mucho por saber de nuestras gentes. Un beso desesperada.
Besos. La compañía valenciana de teatro Albena dedicó toda una obra simplemente a los besos. Preciosa, por cierto.
Los besos son parte fundamental de la vida.
Interesante texto.