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Archive for 30 abril 2007

Querer a un gruñón

A menudo suelo hacerme la misma pregunta: ¿Cómo demonios se puede querer tanto a un gruñón? No obtengo nunca la respuesta.

Mi padre es el perfecto gruñón; no el típico ni el que más, no. Para él se inventó el término.

No hay en esta vida nada, absolutamente nada, que a sus ojos no sea culpa del gobierno, ni hay árbitro arbitrario, ni accidente sin culpable, ni parado sin pereza, ni condenado sin culpa, ni rico sin delito, ni político sin cazo. Y así hasta el infinito.

En las discusiones siempre se tiene que salir con la suya. El fútbol es mejor no tocarlo, las humanizaciones de cualquier pueblo o ciudad son una aberración (¿por dónde puñetas va a pasar él con el coche?), él tiene el secreto para acabar con el terrorismo (“que me suelten a los etarras en un monte, que tengo la escopeta en el armario”), los motoristas deberían simplemente no existir, y a los miles de conductores que forman caravana a la misma hora que él quiere volver a casa habría que fusilarlos.

¿Cómo se puede querer a alguien así? Será porque siempre te deja el trozo de carne o pescado que sabe que más te gusta? Será porque cuando te cuenta cómo ha visto un zorro en el monte, mientras trabajaba, pone una cara en la que reconoces al niño que algún día fue. Será porque sabes que su vida ha sido durísima, más de lo que cualquiera hoy en día soportaría, aun con ayuda de psicólogos? Será porque es tu padre? ¿Quién sabe?.

Quérote, papá

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