Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 31 julio 2007

Mi miedo

Hoy he reunido un minutito para hacer una ronda muy rápida y reducida, y al llegar al blog de Interrogación se me ha encogido el alma.

Seguramente son chorradas mías, pero estoy convencida de que pasaré por algo así.

En mi familia no hay casos de cáncer, pero Boss está rodeado, por parte materna y paterna. Su padre, aquel suegro que conocí al llegar a Cataluña, nos dejó hace ya doce años, el día que cumplía cincuenta. Años antes se había muerto su hermana, tía de Boss, a los 32, dejando tres niños pequeñísimos. Un primo suyo, con 23, ya ha sido operado, de momento con éxito. Y así seguriría.

Por parte materna, casi tres cuartos de lo mismo, abuelo, abuela, tios…. 

A veces nos ponemos a hablar de qué haremos de viejitos, casi siempre bromeando, con risas que tapan el miedo, miedo a que él no llegue. Sé que es estúpido pensar así, que me puedo morir yo mañana, o ahora mismo, pero esa sombra planea. Además él fuma muchísimo, el médico le ha recomendado que lo deje, que fumar no es bueno, y menos aun con sus antecedentes familiares.

Y cuando oigo o leo casos como el que ha escrito Inte, vuela mi mente y me pongo en situación, esa empatía tonta que yo tengo, y empiezo a imaginar si ese día me llegara, y me siento morir. Y me doy cuenta de lo que siento por Boss, y me vuelvo loca al pensar en vivir sin él, poniéndole plazo a lo nuestro.

Cada uno sabe lo mucho que quiere a su pareja, y supongo que para cada uno su historia de amor es la más grande. Y por eso siento que la nuestra es la más grande, que nadie puede quererse tanto como nosotros dos, que llevamos siglos y siglos de amor, en diferentes vidas.

Y ese es mi consuelo. Saber que aunque nos separemos en esta vida, detrás vienen otras, en las que nos encontraremos siempre.

Y mientras eso llega, si es que llega, disfrutamos cada día, el uno del otro, como si fuera el último, y pasamos juntos cada minuto que podemos, y todos nos parecen pocos, porque nadie sabe en qué momento nos puede llegar el zarpazo.

Anuncios

Read Full Post »

¡¡San Antonio!!

Ok!!, voy a confiaros un secreto, que a día de hoy, conoce poquísima gente, por aquello del gafe. Y espero que sepais guardármelo al menos hasta que sepamos el resultado resultante del desarrollo del acto secreto que voy a contaros.

Si alguno de vosotros se siente incapacitado para guardar secretos, le ruego se retire ipso facto de mi blog y sin echar ni siquiera una ojeadita rápida al sitio donde pueda estar escrito el susodicho.

Una vez aclarados estos puntos, no me queda más que contaros……….¡¡que Boss se examina hoy de coche, aaaaaaahhhhhhhhhhh!!. 

A los de la conexión gallega pedirles además, que si se cruzan  con un coche de la autoescuela “San Antonio” por esas calles viguesas, por favor se aparten con el fin de facilitarle el paso y evitarle así complicaciones, jajajajaj, ya que, aunque confío en San Antonio, toda ayudita es poca.

En fin, que los que creais en dios receis, los que no creais le amenaceis, a dios quiero decir, y los que ni una cosa ni otra hagais lo que más os plazca, siempre y cuando sea beneficioso para Boss, jajajaja.

Gracias. 

Read Full Post »

Nada más acostarme, recordé que tenía que ir de acompañante en una excursión que hacían mi peque y su clase. Me costó dios y ayuda levantarme. Estaba agotada.

Una vez que iniciamos la marcha con los peques en una fila deliciosa, se rompió la rejilla de la hornilla, y claro, me tocó quemarla bien para que se soltara el hierro roto, no fuera que alguno de los niños se enganchara con ella.

Nada más llegar a nuestro destino, un castillo espléndido, sentamos a todos los niños alrededor de unas mesas con la intención de que se entretuviesen haciendo recortables, pero mi madre dijo que allí hacía mucho frío, y buscando una sala más cálida donde emplazarlos me topé con una boda y los niños desparecieron de mi mente.

Reconocí a un buen puñado de invitados. Y entonces vi a la novia, absolutamente feliz. Era mi hermana pequeña. Y se casaba el mismo día que mi sobrino.

Entré en cólera de la envidia que sentí. Ellos pasándolo bomba, y yo de camarera. No era justo. Empecé a repartir una especie de roscón de reyes con nata, pero con la nata en mal estado, y a la gente le parecía delicioso. Alucinaba.

Salí corriendo y me encontré con Nicolás, el director del cole de mi peque, que repertía los abrigos del guardarropa. Y una de las profes, muy jovencita ella, estaba dándose el lote con uno de los chicos de la boda.

Me fui al jardín. Empezaba a hacerse de noche y el ambiente era algo más relajado. Mientras paseaba me encontré en un reservado del jardín a Felipe González que charlaba con el rey, y un pelín más apartado estaba Adolfo Suarez jugando un solitario con una baraja. Cuando me di la vuelta para salir de allí el rey me dió lo que debían ser tres billetes de mil pesetas, para la ONG  que yo tenía, pero al comprobar si el importe era el correcto empezaron a multiplicarse los billetes, y ya no estaban en mi mano, sinó en la suya, y ya no era el rey, era un mago que multiplicaba billetes. Giré la cabeza y el rey estaba a mi lado y me sonreia.

En mi locura decidí volver y afrontar lo de la boda. Mi sobrino trataba de convencerme para que aceptara un recordatorio que mi hermana repartía, mientras mi cuñado me miraba con cara de asesino.

Sentía un dolor que no sabía a qué achacar, y de repente tuve un flash, y vi la ropa de Boss colgada en el armario de mi hermana. Me quedé absolutamente paralizada y el dolor se volvió tan intenso que aun me duele.

Mi hermana ya no estaba en el salón, se fue muy indignada, pero se quedó mi cuñado para darme el recordatorio, y mientras yo lo abría, desde lo alto de una de las almenas del castillo, veía a todos los invitados y no reconocía a ninguno. Aquello más bien parecía el ocaso de una verbena de pueblo, en la que solo quedan algunos personajes desperdigados buscando objetos perdidos por algun despistado.

Pero no podía parar de llorar.

Y sigo con una sensación de malestar que tardaré horas en sacudirme.

¡¡Qué jodios son los sueños!!

Read Full Post »

Nota: “Estoy de comunión”

.

PD: ¡¡Viva el marisquito!!

PD2: Tomaos lo que querais.

Read Full Post »

Ayer por la noche tuve un momento de relax que me alejó por unos minutos de mi vorágine particular. Fue mientras fregaba los platos de la cena. En la tele de la cocina estaba puesto T5, canal sagrado para mi señora suegra, porque es el que más caña le da a su odiada Pantoja. Cuando se ausentó ella para ir al baño, el silencio que entró por la puerta al tiempo que ella salía me permitió escuchar una conversación entre Javier Sardá y un rabino de Israel. Sardá le preguntaba si los problemas entre las gentes que piensan diferente y creen en distintos dioses no se terminaría excluyendo de la vida de los niños la enseñanza religiosa durante un período de unos, por ejemplo, 70 años.  El rabino por supuesto le instó a él a estudiar su religión para que comprendiera la importancia de tal enseñanza.

A mi me pareció una solución fantástica. La mayoría de los problemas del mundo son por la maldita religión, cualquiera de ellas. Y os lo digo yo, que pasado mañana pisaré de nuevo una iglesia despues de tres años, osea, desde la primera comunión de mi mayor.

A mi, que cada uno crea lo que quiera, me da exactamente igual, lo que me preocupa es que que obliguen a los demas a creer lo mismo, y eso es lo que acarrea los problemas. Problemas tontos a veces, y serios, muy serios, en la mayoría de los casos.

Cuando mi mayor llegó a primaria marqué la crucecita de ética al rellenar la solicitud de plaza y la formalización de la matrícula. Cuando llegaron las navidades llegaron los problemas. La niña por aquellos días tenía de profesora a la dinosauria ( pinchar aquí los que deseen saber quien es), y en la hora de dibujo, cuando a todos los niños les mandó dibujar un árbol de navidad, a la mía, con cinco añitos no le dejó hacerlo, y le mandó dibujar una nevera. La cría llegó llorando a casa.

Comprendí que era dificil intentar salirse de lo estipulado, que los colegios cumplen la ley sin más, sin preocuparse de que aplicar la ley no es incompatible con aplicar el sentido comun. 

Cada uno utiliza lo que tiene a su alcance para hacer con todo ello lo que le apetezca. Yo pongo árbol de navidad, y me da igual que solo se haga en navidad y me dan igual sus orígenes y los motivos que originaron su aparición. Es un elemento decorativo que me gusta, con el que las hadas y yo pasamos ratos excelentes. Y no pienso dejar de ponerlo mientras nos guste hacerlo, al margen de cualquier religión. En eso radica, a mi modo de ver, la tolerancia, porque si yo me negara a poner árbol para demostrar mi oposición a la iglesia o al cristianismo o a lo que demonios quiera representar el arbolito, estaría cayendo en los radicalismos absurdos que son los que nos arratran a los conflictos. Yo tomo lo me gusta y lo que no, no. Y no le doy más vueltas.

Y si cada uno de nosotros hiciera lo que nos apetece, dentro del respeto, sin intentar convencer a nadie de que nuestra postura es mejor que la del prójimo, nos iría mejor.

Puede que alguno piense que soy demasiado superficial, pero me da igual, porque ni quiero ni pienso convencer a nadie de que mi manera de actuar sea la correcta. Allá cada cual.

PD: Creo que en los dos últimos párrafos me he repetido un poco, pero no pienso rectificar, ea!!, esa es mi pequeña rebeldía, jajajaja, que tampoco soy un angelito.

Read Full Post »

¡Hasta los huevos!

Como ya sabeis, mi mediana hace la primera comunión el miércoles. Y no tiene traje.

Hace casi tres meses, me fui a unos grandes almacenes que hay en Vigo, y en toda España, y le tomaron medidas para hacerle el vestido a medida. Tuve que entregar una cantidad considerable a cuenta. Y me vine con la consigna de que al recibir el vestido hecho, me avisarían para la primera prueba.

Pasaba el tiempo y no llamaban, y como tengo el defecto de dar el beneficio de la duda, y no me gusta ser una agobiona ni una histérica, seguí esperando. Al mes y medio me decidí a llamar para preguntar. Mi primera “pelotera” fue con quien me cogió el teléfono, que me aseguraba que “ya me habían avisado”, y con actitud de sacudirse la responsabilidad alegando que en el papelito ponía “avisado”, cosa incierta e ilógica a todas luces, porque de ser así, que razón oculta albergaría yo para llamar reclamando.

Me fui al día siguiente a probar el traje, traje que llevaba en sus instalaciones un mes. Resultó no ser el de la niña. Le faltaba una cuarta en la espalda para abrochar. Di por buena la explicación de que el fallo estaba en el taller, porque las medidas del traje no correspondían en absoluto con las de la niña. Aparece una encargada que me tranquiliza, y que me dice que aun hay tiempo para hacer un nuevo traje, que dicho sea de paso, no se realiza en Galicia, si no en Murcia. Lo mandan vía Seur y me dice que “ya me llamaran”.

Me vuelvo a casa, con un cosquilleo incómodo en la barriga, que no me suele fallar, y que anticipa que el traje me va a dar problemas.

Cuando me llaman de nuevo, vuelvo, y a todo esto, siempre con las tres colgando, por lo que solo en viajes me está saliendo el traje por un pico. En fin, que me voy de nuevo a probar, y esta vez se han curado en salud y lo han enviado grande. Eso sí, como la pela es la pela en cualquier rincón, aprovecharon la cinturrilla del traje y por lo tanto abrocha muy forzado. Alfileres en mano, reducen el traje a la medida de la niña. La consigna, de nuevo, “vayase y la llamamos”. Me voy, no sin antes recalcar que quiero una cinturrila nueva.

Hace una semana fuí de nuevo, y me encuentro que a la cinturilla le han aumentado un remiendito, por dentro eso sí, pero yo ya veo fantasmas en todas partes, y no me gusta el bajo, le sobra en el sovaco y no está bien rematado porque, de tanto sacar y meter, es lógico que no siente como debiera. Tras peloteras con todas las de planta, que encima de incompetentes, quieren hacerme creer que todo lo que yo veo como defecto es normal, avisan al supervisor de planta. Este hombre a priori parecía un señor que sabe lo que se hace y,  aparte de coger él mismo con alfileres flecos que aun quedaban, me aseguró (una vez más) que el traje estaría listo ayer, que él mismo iba a solicitar la cinturilla nueva, tomando, tambien él mismo, las medidas a la niña.

Me pregunta cuando puedo volver. Barajamos varios días y horas para poder coincidir, ya que su horario no es compatible con el de la niña, que a estas alturas de película debe ir cada tarde a la iglesia para los ensayos. Coincidimos en que fuera ayer a las cuatro, que ya me tendría traje y can can (que tampoco tengo, tambien por su culpa, pero eso otro día).

Ayer me fui a Vigo, sabiendo en mi interior que no me traería el traje aun. Y no me equivoqué. Llegué y el señor aun no estaba, y su promesa de que alguien de igual categoría que él estaría al tanto en caso de que él no estuviera, se la llevó el viento. Nadie sabía nada ni de la cinturilla ni del can can. Encima, como ya me odian en esa planta, las tiparracas haciendo bromitas que yo no podía entender, pero que sí intuyo que son sobre la “madre histérica”. Me fui a tomar un café, y volví a las seis, hora en que debía entrar el señor supervisor a currar. Me dice que ha habido un fallo en el transporte y que ni tiene una cosa ni otra, y me culpa muy sutilmente de falta de comprensión. De manera muy airada le digo que mi indignación no es por la falta de algo que debería tener hace dos meses, que tambien, si no porque tienen tres teléfonos mios para poder avisarme de tal cosa y evitarme un desplazamiento.

Conclusión, ayer me vine sin traje, me ha dicho “don supervisor” que no tengo que desplazarme más, que me lo envían a casa por Seur, pero claro, tendré que pagar de alguna forma, y aunque se lo pregunté, desvió la conversación y yo en mi calentura no volví a acordarme de ese “detalle”. Y ahora que lo pienso, pretenderán que lo pague contrarreenvolso, cosa que no haré, a menos que el chico no tenga inconveniente en esperar a que lo desenvuelva y se lo pruebe a la niña, porque ya no me fio de nada ni de nadie. Eso sí, tampoco avisaré a “don supervisor” de mi intención, no vaya a ser que se ahorre el pago del transporte, no sé si me explico.

En cuanto tenga el vestido, pienso ir a presentar queja formal, pero antes paso, no vaya a ser que me dejen sin traje.

De la desilusión de mi mediana ya os contaré otro día, porque hoy solo tengo ganas de llorar.

Read Full Post »

Me dice Modesto en el post anterior, que “debe ser bonito reencontrarte con alguien con quien has vivido tantas cosas”. Pues sí, Ana y yo hemos vivido algunas, jajajajaaja.

Cuando nos fuimos a Cataluña no dijimos nada a nadie. Ella por no enfrentarse a nadie de su familia que intentara quitarle la idea de la cabeza. Yo, por tres cuartos de lo mismo, pero con una variante, porque  aunque a mi nadie me quita nada de la cabeza, mi madre me hubiera vuelto loca con sus predicciones negativistas.

Recuerdo que nos fuimos el primer viernes de un mes de abril, allá por el 92. Nuestra primera intención era ir a Sevilla, a la Expo, pero el primer reemplazo que se fué, osea tres chicos que se iban con nosotras, llegaron allí y vieron que los sueldos no eran muy buenos y los alquileres desorbitados. Así que tiraron al norte y nos llamaron desde allí. Todo lo que nos dijeron fue el nombre del pueblo y el nombre del local en que ya curraban dos de ellos.

Recuerdo que dos días antes de irnos mi madre me dijo: -Oye, el viernes, como es el día de los Dolores, hacemos una cena, te lo digo para que no hagas planes-. Mi contestación fue: -Yo el viernes no puedo. No estoy-. -Como que no estás- .-Me voy a Cataluña-. A partir de ahí se lió la de San Quintín.

El viernes nos fuimos. No recuerdo ni quien nos llevó a la estación ni nada de lo que pasó hasta que llegamos a Madrid, donde íbamos a pasar el fin de semana con otra amiga del cole.

Pasado el finde, sacamos los billetes para Barcelona, porque en taquilla nos dijeron que no había tren directo hasta Gerona. Una vez en el tren, nos enteramos que el tren sí iba a Gerona. A este bache en nuestro camino aun hoy no le hemos encontrado explicación. O el de la taquilla era gilipollas o nos vió cara de paletas y decidió reirse de nosotras, lo que me confirma mi primera sospecha, osea, gilipollas.

Pagamos al revisor la diferencia de billetes y nos dió un segundo billete, válido para seguir hasta Gerona.

Cuando llegamos allí no pudimos bajar. Tal y como os cuento. Empezaron a subir extranjeros, mochilas bestiales al hombro, por los dos lados del vagón, y no había manera de que nos escucharan, y menos de que nos entendieran, cuando les gritábamos que teníamos que bajar. No conseguimos avanzar hasta la puerta para bajar. De hecho, los guirufos, cuando arrancó de nuevo el tren, seguían de pie, porque era imposible moverse con tanta mochila.

Nosotras de los nervios. Cuando despejaron el pasillo, busqué al revisor y le expliqué lo sucedido. Le pregunté cual sería la siguiente parada. -Figueras-. -¿Y eso está muy lejos?- -Un pelín-. Casi nos da un ataque. El revisor nos propuso hacer una parada facultativa no prevista en Flaçá, siguiente pueblo por el que pasaría el tren, pero nos avisó que tenían que solicitar permiso para hacerla, y no nos aseguraba que dieran autorización, un tren nos es un bus que lo paras en un arén en un momento de urgencia.

Milagrosamente le dieron autorización y nos bajamos en un pueblito desierto, a las ocho y media de la tarde, con la noche en ciernes, casi sin dinero y sin saber ni en qué dirección estaba nuestro destino. Preguntamos en un bar por una parada de bus. Nos informaron de que desde allí no había autobus hasta nuestro destino, pero que a las nueve y media “debía” haber uno para Palafrugell, que era lo más cercano al pueblo al que íbamos nosotras.

Viguetana sabrá que oir un pueblo con tantas eles dicho por un catalán no acostumbrado al castellano se hace difícil de entender para alguien no familiarizado con el idioma. Osea, me pasé la hora sin hablar, repitiendo bajito: “Palafrullel, Palafrullel, Palafrullel”(Porque se pronuncia así, con muchas eles y muy marcadas), para no olvidarme de lo que debíamos pedir al conductor.

Nos subimos al bus y nuestro siguiente objetivo era saber donde concho debíamos bajar. Pero nos daba corte preguntar. A esas alturas de película nos daba corte. Ya era noche cerrada y tuvimos suerte porque Palafrugell era la última parada. Estábamos bajando el equipaje y hablando de donde pasaríamos la noche. Sin dinero y sin saber si Platja d`aro estaba cerca o lejos.

Por increíble que parezca, se nos acerca el conductor del autobús, y nos suelta en gallego…¿Pa donde vades?. Ana y yo nos miramos sin saber si reir o echar a correr, jajajajajaja. Nos explicó que nos escuchó hablar y que él era de Monforte. Le contamos el problema y se ofreció a llevarnos hasta nuestro destino en su coche. Mientras el fue a entregar los papeles de la ruta y recogía su coche, Ana y yo calibramos la posibilidad de que el tipo no fuera trigo limpio, pero decidimos ir con él, porque la posibilidad de dormir en un parque, cargadas de maletas, nos parecía aun más peligrosa.

Y así llegamos a la puerta del local donde curraban nuestros amigos, dando las gracias a un galleguiño honesto y buena gente, al que no volvimos a ver nunca. 

Mientras Ana se despedía, yo entré en el local para preguntar por nuestros amigos. El señor que me contestó muy amablemente, se convertiría años despues en mi suegro. ¡Quien me lo iba a decir! 

 

Read Full Post »

Older Posts »