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Archive for 28 septiembre 2007

(Durmiendo la mona)

¡¡Haciá belén va un burra…., hip, hip!!

¡¡Osdrás!!  ¡¡que ebocionante!! ¡¡un declado con 54 letras…hip!! Vamos vbitrubvria, que dienes que esdribir. ¡¡Quietas coño!!.

Deneis que berdonarme, bero es que se me truenga la lava…..digo se me traba la lengua ¡hip!.

A mi no me gusssta el vino ¡hip!, bero ayer tuve que beber un chodrito para combrobar si aun era botabble. Que se quede consstanszia, que lo hice bor odbligación.  Adlarado este bunto, que ssebais, que me acordé buuuuuuucho de bossotros. Y me domé unos vassitos a buestra salud. Uno por Bariano en su tinta, doss por la Exclamación, tress por Montblank, duatro por la baña …… digo la saña ….. bueno, esa, la fistroperateuta de Zaragoza ¡hip!, cinco por  la Alocada y ssseis por la Tibetana, y como me barecía que esstaba embinando bucho el codo, decidí que no bodía seguir beviendo danto, endonces bebí ssolo uno pod cada uno de loss que me quedaban ¡hip!, ossea, uno por Mandelas, odro por V.o.v, odro por Suana, la de ella, jajajaja, odro por Filipino (¡¡esdribe, ñoño!!), odro por Lleimsss LLoisss, odro por Vojecobik….no!! Tejonovik…no!! bueno, um brimo que tengo en Barcelona. Y baré de beber, porque al domar odro por Vaja-letal-machín, las botellas bailaban la conga a mi aldrededor con baracas en el culo, y no bodía seguir. Sé que se quedan buuuuchos en el dintero, pero lo que no buede ser es sin posible. 

¡¡Ah!!, ya sssabeis….fajito……digo majito…..digo ¡¡sssilencio buñetas!!

(Centrífugo, ¡¡no te vayas, hosstia!!)

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¡Viva el vino!

Muchas veces, o al menos alguna que otra, he explicado aquí mi falta de tiempo. Y estoy más que convencida que el principal factor causante de tal es mi desorganización. Yo creo que es algo que llevo en los genes, jajajaja.

No sé como hareis con vuestros blogs. Me consta que algunos tienen entradas creadas y guardadas para ir utilizando y que no les pille el toro. En mi página de administración el apartado “sus borradores” está sin estrenar. Yo soy así, y ya he desistido hace mucho tiempo de intentar cambiarme a mi misma, porque me daba contra el muro de lo incambiable una y otra vez. Todo esto es para decir que hoy me ha pillado el toro, porque mi vida es un “aquí te pillo, aquí te mato” constante, y nunca sé al acostarme, qué me depara el día siguiente.

Hoy tendría que haberme ido ya. Me espera “mamá” para hacer limpieza en la bodega y reorganizar el vino sobrante del año pasado, para hacer sitio para el nuevo. No ha podido ser hasta hoy, porque el vino no se puede mover en según qué fases de la luna, y ayer era llena, y el anterior era no sé qué. Total, que toca hoy, y allá que me voy. Pnsaba castigaros con una de mis poesías, para no dejar el día de hoy vacío, pero como con la explicación de mi rutina ya he rellanado un poco, pues os libero de tal suplicio.

¡Ea!

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Adivina, adivinanza

Una de estas afirmaciones sobre mi vida es falsa, ¿adivinas cual?

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– Con 17 años me iba a la taberna de mi aldea (por aquel entonces lugar solo para hombres) a jugar al tute.
– Gané una muñequera de Kiss en un concurso radiofónico.
– De pequeña (unos ocho años) me caí en una acequia llena de agua perdiendo el conocimiento. Estoy viva gracias a mi amigo Luis, que me saco de allí.
– Me hice un agujero en una oreja en un parque de Madrid, y el desinfectante fue un bote de Brumel.
– He ido desde Redondela a Baiona en una chalana (barquita de madera minúscula) un día de temporal.
– Quedé tercera en un campeonato de dados.
– He servido café a Ramoncín
– He robado un libro a unos desconocidos con los que compartía vagón de tren.
– La primera hostia que le di a un chico fue en una discoteca porque me robó la pistola de mi disfraz de cowboy.

Este juego es con fines indefinidos, jajajaja, no hay premio. Repito, no hay premio. Abstenerse cuerdos con poca imaginación.

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Barallando

Yo, como Banderas, he hecho ya de todo en mi vida. He sido camarera, cocinera, mariscadora, empleada en una fábrica de cableados para coches….. y asistenta.

De todos ellos, lo que más me gustaba era ser camarera, y siempre digo lo mismo, ponme una bandeja en la mano , suéltame en una terraza y me verás feliz. Siempre he pensado que he nacido para servir a los demás, disfruto con ello. Quiero decir, soy feliz cocinando para mi familia, siendo la primera en ofrecerme para lo que haga falta.  Cuando era más joven, me iba los fines de semana en bus a Orense, donde vivía por entonces mi hermana pequeña, para quedarme con su hijo y que ellos pudieran salir,  y ganarme así la bronca de mis amigas que se quedaban sin mi locura.

Yo tengo tres hadas, ya lo sabeis, y mi prima dos, y algna que otra vez ya me he quedado con las cinco, yo sola, y en mi casa siempre hay un hueco para hacer una cama más. No me dan pereza esa clase de cosas. Me embarco enseguida en mega comidas familiares, voy a donde sea, como sea y cuando sea, si allí se me necesita. Pero siempre tengo la sensación de haber nacido en la familia equivocada.

 Nada de lo que hago lo hago con afán de recibir recompensa, pero llega un día en el que te das cuenta que necesitas que se valore lo que haces. Que alguien haga algo más que decirte lo maravillosa que eres y lo mucho que te agraden los favores. No sé como explicar esta sensación. Es como un vacío.

He llegado a pensar que lo mío es simplemente complejo de inferioridad, y que esta manía de ayudar constante viene dada por el deseo de ser reconocida y valorada como yo creo que debo serlo. Soy incapaz de pedir ayuda. necesito estar demostrando continuamente que sé valerme por mi misma, que soy fuerte y que puedo con todo. Y sé que puedo con todo, con lo mío y con lo de todos los que me rodeen, sean los que sean. Sé que puedo. Pero me gustaría no poder, me gustaría ser débil, ser mimada, ser ayudada y sentirme bien así.

Hace siglos que necesito ir al mádico. Mi espalda va de mal en peor, podría representar ya, sin ningun tipo de atrezzo o estilismo, el jorobado de Notredam. Mis piernas parecen un mapa detallado, creado con varices, de todos los ríos y riachuelos de España, desde el Ebro hasta el Sar.  Mis rodillas hacen un ruido al subir y bajar escaleras digno de cualquier campeonato de percusión. Pero no soy capaz de acudir al médico. No sirvo para que me cuiden, aunque lo desee con toda mi alma. Siempre creo que van a pensar que miento, que lo que busco es….no sé como explicarlo….que quiero obligar a los demás a que me atiendan, como reconocer que mi debilidad me convierte en inferior.

Despues de releer este post he decidido que el primer médico al que debo acudir es al psicólogo, jajajaja, porque iba a contar mi experiencia como asistenta y mira…. me ha entrado la vena desahogadora.

Y me niego a cambiar ni una letra. Ultimamente se me revelan los posts, pero me dejo, no pienso censurar a mis pensamientos. Ya hay por ahí demasiada censura

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Patéticos

Debido a que mi lavadora ha dicho hasta aquí hemos llegado (creo que su rotura ha sido para conseguir protagonismo en el blog) últimamente cojo más a menudo el coche de mi padre, ya que lo necesito para los tours que le doy ahora a mi ropa, que nunca se ha visto en otra igual. Pues decía que cojo más el coche, y para qué vamos a negarlo, me gusta correr. En cuanto puedo aprieto el acelerador. Y en esas iba yo el otro día cuando al llegar a una señal de 50, lógicamente, reduje la velocidad, al tiempo que pensaba en cuan idiotas somos.

En ese momento, no sé por qué, me di cuenta de lo patéticos que podemos llegar a ser, y me incluyo porque no me creo mejor ni peor que nadie. Se supone que somos adultos, y por lo tanto responsables, que hacemos lo que realmente es bueno para nosotros y que debemos hacerlo por nuestro propio bien. Pero no, somos así de chulos.

Resulta que tienen que vigilarnos y amenazarnos con multas porque sino no cumplimos unas normas que están pensadas y creadas para nuestra seguridad. Durante un segundo me dí cuenta de lo absurdos que somos, saltándonos rayas continuas o semáforos en rojo, cuando creemos que no nos ve nadie, sin darnos cuenta que nosotros mismos sabemos que nos las estamos saltando y eso ya debería ser suficiente para frenarnos. A cualquier niño hay que decirle lo que debe hacer, y lo que está bien o mal mientras él no puede discernirlo por sí mismo. Pero que tengan que vigilarnos a nosotros, seres con capacidad de entendimiento y decisión, para que hagamos, simplemente, lo que es mejor para nosotros me parece bochornoso.

Y tres cuartos de lo mismo nos pasa con cientos de cosas. Hace unos días me preguntaba mi mayor en el supermercado, que por qué razón había que meter una moneda en el carrito si despues era, de todos modos, para nosotras de nuevo. Y me quedé  con cara de ….”es que los mayores somos gilipollas”… al contarle que, si no nos hacen meter la moneda no aplicamos el sentido comun, y no cumplimos con unas normas mínimas y básicas para la convivencia y el respeto por los demás.

¿Hasta donde seremos capaces de llegar en nuestro patetismo?

   

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Contratiempos

He tenido a mi peque malita, y entre noches en urgencias, salsas de tomates y lavadoras caput (sí, definitivamente rota) he tenido el garito abandonado. Espero retomar mi rutina mañana. Un besote.

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Salsa con vida

Yo soy muy tiquismiquis para comer, quiero decir, aparto las cebollas, los pimientos, las zanahorias……..Mi suerte es, que como soy yo la que cocino, lo hago todo muy picadito, muy picadito. Sin embargo, no hay nada que yo adore más que una huerta.

Cuando Boss y yo nos vinimos de Cataluña a Galicia, cometimos el error de hacerle caso a mi madre y nos fuimos a vivir con ellos, con mis padres. Las cosas no tardaron mucho en complicarse y pronto nos fuimos de alquiler. Y lejos de dolerme cualquier otra cosa derivada de la ruptura familiar, a mi lo que me dejó el alma rota fue abandonar “mi huerta”.

Mi madre, como casi todo el mundo en la aldea, tiene huerta. Ella ya no la trabaja, lo que yo creo que es un error, porque mantiene el alma y el cuerpo en forma por muy mayor que seas. El caso es que yo me hice cargo de la huerta. Planté todo lo habido y por haber. Intenté aprenderme cuando se puede plantar y cuando no, y lo importante que es la luna. Me podía pasar horas limpiando las cebollas de hierbajos, o regando los pimientos. Yo trabajaba entonces en una fabrica de cableados para coches y cuando tenía el turno de mañana me levantaba a las cinco de la mañana. Pues era terminar de comer a las tres de la tarde y largarme a la huerta. Boss se enfadaba porque no entendía que tras madrugar tanto, en vez de echarme una siesta, me fuera a la huerta. Pero a mi me relajaba más el trabajo de la huerta. El olor de las tomateras es algo que no puedo olvidar, el canto de las cigarras, el silencio de la tierra…Por no hablar de la satisfacción que produce irte a la huerta, en lugar de al mercado, y decidir allí mismo qué coges para comer ese día.

Cuando nos fuimos de su casa todo lo que yo mimaba se murió y la huerta sigue invadida de zarzas y de ortigas. Alguna vez, ahora que hemos retomado una relación cordial, he intentado seguir cultivando cosas, pero la falta de coche hace muy complicado mantener una huerta a distancia. Por no hablar del dominio que sigue ejerciendo mi madre sobre mi (tema para siete post), que a mis 37 años sigue queriendo regirme y decidir sobre mi tiempo cuando voy a la aldea.

Ayer fui con ella a casa de una prima de mi padre, y fuimos a su huerta, y me traje pimientos, cebollas, tomates, pepinos…… ¡qué envidia! Me voy a pasar el día haciendo salsa de tomate, porque me traje como unos treinta kilos, jajajaja.

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