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Archive for 31 octubre 2007

Sigo malita

Tengo fiebre, mucho dolor de garganta y de cabeza, pero he tenido que llevar a la peque al cole, y una vez levantada no me resisto a contaros esto:

Ayer noche estaba en camita y Claudia entró en mi habitación para abrazarme. Le dije que no se acercara, que podía contagiarla y me suelta: (imaginad a una cosa de cuatro años) “Tranquila mami, no eres peligrosa para mi”.

La quiero más…..

PD: Gracias por todos los mismitos, misitos, y mimitos. Me voy a la camita.

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Mimitos

Poco a poco, y sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo, la presión que sentía en mi cabeza fue descendiendo para instalarse en mis fosas nasales al mismo tiempo que unas caprichosas lágrimas pugnaban por asomarse al mundo, incesantemente, desde mi ojo derecho. Mientras todo este proceso tenía lugar, en mi cabeza resonaban tambores con el mismo ritmo que los latidos de mi corazón.

Sí señores, mi pobre cuerpecito (permitidme esta licencia poética) ha sucumbido a un terrible resfriado que dura ya cuatro largos días. Y estoy de él hasta las narices, nunca mejor dicho. Así que na más que os pido mimitos. ¡¡Porque yo lo valgo!!. 

PD: Si me veis por vuestros blogs ¡cubríos!, porque soy una máquina de estornudar.

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Los lunes me apetecen entradas divertidas, que nos ayuden a encarar la semana con buen pie, pero cuando se te cruza en el camino un señor como Jorge Castro (organizador del I Certamen de Fotografía Digital de Redondela) la vida se vuelve un poco más ….¿gris?

Mis fotos no entraron a concurso, ya lo he contado aquí, pero las de mi hermana, cuñado y sobrino sí, con tan mala suerte que los tres han sido premiados. Pero no consiguen acceder a sus premios, ni lo que es peor, a una informacióm medianamente fiable del plazo en que los recibirán. Segun consta en las bases, les debían haber sido entregados en un acto celebrado coincidiendo con la clausura de la exposición, acaecida hace ya unos días, pero no fue así. Transcurrido el plazo apróximado que este señor les había dicho de viva voz, y que hacía referencia a que se entregarían antes de finalizar octubre, y viendo que esto no sucede, se han puesto en contacto telefónico con él, con Jorge Castro, y su respuesta a la pregunta directa sobre el día de entrega de los premios fué: “Sinceramente no lo sé, ahora mismo tengo cosas más urgentes que hacer”.

Desde el principio se pasó por el forro las bases. Nunca se atuvo a los plazos expuestos en ellas, y siempre hemos ido sabiendo, a toro pasado, desde la composición de los miembros del jurado ( que a día de hoy seguimos sin saber quienes han sido, incumpliendo el punto 8 de las bases),   a los plazos prefijados para la entrega de los premios ( punto 7) ya que la exposición hace días se dió por clausurada.

Buscando la insuficiente información que siempre ha habido de este concurso ayer me encontré esta página (que no consigo saber cuando está fechada), donde pone muy claramente que los premios serán entregados el próximo “VIERNES 5 DE JUNIO”, gracioso cuando menos, ya que la fecha límite de presentación de trabajos para poder participar era el “24 DE AGOSTO”. Le he dado el beneficio de la duda y he pensado que sería un error en el nombre del mes, pero buscando en el calendario algún viernes día 5, el primero que me encuentro es………SEPTIEMBRE DEL 2008. Cabe la posibilidad de que ese día 5 hubiera sido en este mes de octubre que mañana termina, si no fuera porque, ni mi hermana ha recibido el premio, ni se había clausurado aun la exposición ( dato este importante ya que uno de los ganadores, como se indica en el apartado 3 del punto 5, sería el designado por el público de la exposición).

Y como todo esto parecía insuficiente, cuando mi hermana ha sido invitada a ponerse en contacto con viajes Loa, para cuadrar las fechas en que podría acceder a uno de lo premios, consistente según consta en las bases ( apartado 2 del punto5) en dos noches de alojamiento para dos personas en un establecimiento del ayuntamiento de Redondela, aquí les han informado que el premio es solo una noche, vamos, que hasta en esto se han metido en un fregao. Todo lo que está pasando es absolutamente indignante.

Mi enhorabuena a Marcos Prieto Alonso, ganador del concurso, que, casualidades de la vida, ha ganado este concurso lleno de irregularidades, igual que otro chico que se llama igual que él (desconozco si es la misma persona)  y que tambien tuvo sus más y sus menos por presunto plagio en un concurso en Vigo.

Nota aclaratoria:  Punto 1-Todo lo aquí expuesto ha sido descrito en función de nuestra experiencia personal. Si alguno de los aludidos tiene interés en hacerme ver lo contrario, y me lo demuestra, estaré encantada de rectificar. Punto 2– El primer link de esta entrada, mediante el cual se puede acceder a la “Página oficial do turismo de Redondela” y en el que se pueden leer las bases del concurso al que en todo momento se hace referencia, ha sido obtenido tras buscar en el caché de Google, ya que a día de hoy, las bases han sido retiradas (al menos yo no las he encontrado) de cualquier página de las oficiales de Redondela.

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Secretos (IV)

(….)

El suave roce de una pelota, que llegó exhausta cuando tocó sus piernas, la trajo de nuevo al parque. Qué sensación tan extraña la de regresar a un sitio del que tu cuerpo no se ha movido, aunque tu mente te hubiera llevado lejos. Sintió vértigo al abandonar de repente aquella desvencijada habitación para aterrizar de nuevo en su banco del parque, incluso le molestó fugazmente la luz del sol. Un niño se acercó temeroso a recoger la pelota. Ella aprobó su acción con una sonrisa y él recuperó su juguete y dejó escapar una mueca de alivio.

Se cercioró a golpe de vista de que estaba donde debía estar, en el parque, y que lo que acababa de revivir era solo un recuerdo, un mal recuerdo. El chico de las novelas seguía frente a ella y en ese momento la miraba, como si hubiese presentido que ella necesitaba una mirada tranquilizadora. Calculó el tiempo que había estado inmersa en sus recuerdos guiándose por la altura que había alcanzado el sol. Sin duda había sido algo más de una hora. La ciudad, a su espalda, ya empezaba a despertarse y eso llevaba implícito que el silencio saliera corriendo. Hasta ella llegaban ya cientos de conversaciones lejanas e ininteligibles que, mezcladas con claxones y motores, volvieron a transportarla muchos años atrás. Pero esta vez sin vértigo.

Esta vez, viajó al momento en que su corazón aceleraba el ritmo de los latidos a medida que se acercaba al andén en el que se encontraba estacionado su tren. La gente iba y venía con auténtico frenesí. El ruido atronador de las máquinas no conseguía ahogar del todo la algarabía de la gente, y la voz que abandonaba los altavoces parecía quedar flotando en el ambiente, mezclada con el humo que teñía de blanco cada rincón en el que se posase la vista. Había recogido su billete tal y como le habían indicado, y no le resultó difícil encontrar su tren. Su equipaje se reducía a una pequeña bolsa de viaje, por lo que no necesitó ayuda alguna para subirlo. Con una rápida ojeada calculó, con una precisión más que aceptable, cual era su asiento. El vagón estaba casi completo, pero el asiento contiguo al suyo seguía vacío y deseó con toda su alma que permaneciera así. Ocupó su lugar y buscó distracción en el movimiento que seguía incesante al otro lado de la ventanilla. De entre todas las personas que se veían desde su posición, solo una de ellas llamó su atención, consiguiendo con ello apartar momentáneamente de su cabeza los temores que la mantenían secretamente atenazada. Era un hombre alto, elegante. Departía alegremente con dos hombres más y parecía tener con ellos mucha confianza, a juzgar por la manera en que se apoyaban unos en el hombro de otros. En el interior del vagón, los pocos asientos que minutos antes estaban vacíos habían sido ocupados, salvo el de su acompañante. No soportaba aquella impaciente espera y decidió dar un pequeño paseo por el interior del tren. Faltaban solo unos minutos para la salida, y en su cabeza resonaba un único deseo: que él no llegase a tiempo…

(Si quieres, puedes leerlo desde el principio haciendo click  aquí  

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Rutinas

El baño era un rectángulo minúsculo, con un apéndice donde estaba encastrada una bañera más minúscula aun, de esas con un desnivel para sentarse. Entre el lavabo y la pared no cabían dos personas, de modo que si alguien quería entrar mientras otro alguien se lavaba los dientes, este último debía salirse un momento al pasillo, dejar pasar, y entrar de nuevo. No había calefacción, pero el hueco del radiador lo ocupaba una vieja estufa que, dadas las pequeñas dimensiones del baño, era más que suficente para templar el ambiente. La taza del bater estaba a unos centímetros del borde de la bañera, con lo que el inexistente bidé era inecesario, ya que el binomio taza-bañera podían perfectamente cumplir la función de bidé-banquito.

En aquella estrechez bañaba yo a mis mayores cada día. La pequeña no lo sufrió, pues su nacimiento fue el causante de que buscáramos espacios más amplios en los que dibujar nuestras rutinas. Cada día las metía, de una en una, en aquella bañera con asiento que tanto llamaba su atención. Y cada día, al envolverlas en la toalla, las ponía encima de la taza del bater, y las envolvía al mismo tiempo en un abrazo, largo y reconfortante, para auyentar el frío que pudieran sentir al abandonar el calor de la ducha.

Ayer, mi mayor, con sus incipientes formas de mujer, su frente poblada de insidiosos granos y su metro sesenta y mucho, salía de la ducha al tiempo que yo entraba a por una pomada, y me pidió uno de aquellos abrazos. Sentí que el tiempo retrocedía. Su cara estaba, como antaño, casi frente a la mía, pero esta vez no había debajo una taza que la pusiera a mi altura.  

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Intrusos

No sé si por mi carácter o por la educación recibida, tiendo a ser tolerante con casi todo. Lo de ponerme en el lugar del otro es uno de mis pasatiempos favoritos. Pero como en todo, en mi tolerancia hay excepciones, y la que se lleva la palma es la que aplico a esas legiones de acosadores a sueldo que intentan venderme o convencerme de lo que sea.

Antaño, los que más proliferaban eran los vendedores de enciclopedias, ahora ya te venden, si te descuidas, hasta lo que ya es tuyo.

Cuando vives en una aldea la puerta siempre está abierta y es más fácil que se te cuelen, y recuerdo que era casi imposible librarte de ellos. Aunque a mi madre, la verdad, no le dolían prendas al mandarlos literalmente a la porra. A mi eso me fastidiaba mucho, pensaba que no le costaba nada deshacerse de ellos con educación. Pero hete aquí que una crece, y hoy por hoy, empiezo a dar por buenos los modales siempre odiados con los que mi madre dispersaba a esos incómodos vendedores.

No sé a ciencia cierta cuales me molestan más, si los que te abordan en la calle o en el parque, y que se aprovechan de tus modales al devolverles el saludo para entrar a degüello, o los que se cuelan directamente en tu rutina a través del teléfono.

De nada sirve que te propongas no ser grosera con ellos e intentar explicarles educadamente que no te interesa cambiarte de religión o de compañía telefónica. Cada palabra de más que utilices para expresarte es un hueco que les abres para seguir con su empeño. Y a mi me estas situaciones me molestan infinitamente, porque me obligan a tener comportamientos que chocan de frente con mi manera de ser, y porque han conseguido que desconfíe de cualquiera que llame por teléfono y no me resulte conocido al oír su voz. He llegado incluso a colgarle el teléfono a los de la compañía de seguros del vecino cuando venían a arrglarme el baño.

Lo de ayer ya fue el colmo, y no tiene nada que ver con vendedores, aunque sí que lo tiene con esa fiebre de molestarte cuando estas en tu propia casa.

Suena el teléfono. Veo la pantalla y al ver número secreto ya contesté predispuesta a pelearme. Me piden confirmación de mi nombre y mi dirección y me sueltan de golpe que lo que quieren es que le deje un recado en el buzón a mi vecina de arriba, porque esta no les contesta al teléfono. Le digo directamente que no pienso hacerlo, y le pido explicaciones de por qué tiene mi número y mi dirección. Se excusa, muy molesta ella, en que mi número está en un listín telefónico al alcance de cualquiera. Reitero mi negativa a inmiscuirme en los asuntos de mi vecina y me cuelga, no sin antes desearme a modo de maldición, que ojalá nunca necesite pedir un favor para comunicarme con alguien. Me quedé absolutamente chafada. Empecé incluso a dudar de mi manera de actuar, pensando que no me costaba nada dejarle recado a la vecina de que la llamaban de donde fuese. Pero luego, llegué a la conclusión de que si querían “ponerse en contacto” con ella, solo tenían que enviar un telegrama, ya que la dirección la sabían.

Pero, ¿por qué tuve que estar una hora deliberando conmigo misma sobre si mi manera de actuar fue la correcta? Ainsss, ¡¡es que me sublevan!!

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¡¡Atreipsed, aitso!!

Somaev, sodot somebas euq sol senul nos sollididoj, rop ose es em ah odirruco soragilbo a ralibapse. Oy on és ramir, in ocopmat ribircse ne esrom, ísa euq em eh otseuporp soralibapse a azreuf ed sim sairetnot.

On ol érah etnemavisecxe ogral arap euq on em siednam a recah sateñup. Ose ís, éridep anu abeurp ed euq em siednetne. Al atnugerp se: ¿éuq lat ortseuv nif ed anames?.  A satse sarutla, ognet ay nu etra odneibircse ísa, euq em nad sanag ed emralabme, orep osap ed raguj noc ogeuf, ajajajajajajaj. Adan, ol ochid, emralibapse sase sanoruen, euq al anames se yum agral. Soneub saíd.

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