Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 30 noviembre 2007

Esta semana he estado cumpliendo deseos. Ha habido deseos con los que he disfrutado mucho, otros con los que he disfrutado menos, pero sin duda alguna me quedo con el de hoy.  No solo porque Eifonso me propusiera algo que me permite ser de nuevo yo misma, que tambien, sino por lo especial del tema para mí.

La última vez que subí a una montaña fue este verano. Hasta ese día, tenía una cuenta pendiente con mis sentimientos. Y la saldé, la saldé hasta creer morir de “ledicia”, que se dice en mi tierra.

Fuimos toda la familia  a comer al Faro. El faro es mi referente cuando recuerdo los buenos momentos vividos con mi padre. Es el decorado de su inexistente  infancia, y es el lugar en el que mayor transformación sufren las facciones de su cara. Casi se puede adivinar el niño que, en la Galicia más pobre de la posguerra, nunca pudo ser.

Hay en mi mente un recuerdo, que es el preferido de todos los que pueda tener de mi niñez. Sé, casi a ciencia cierta, que no es el recuerdo de algo rigurosamente vivido, sino que lo he ido moldeando en mi mente con lo que una y otra vez cuenta mi madre. Ella siempre dice que mi padre ascedió por determinada pared del faro conmigo subida en sus espaldas, cuando solo tenía tres o cuatro añitos. Cuenta que mi padre siempre admiró mi valentía, que ese día se quitó los zapatos para que los calcetines se agarrasen bien a la piedra, se me echó a sus espaldas y que entramos en el corazón del Faro, donde está “La piedra que toca”, cuyo sonido puede oirse a 50 km de distancia.

Han pasado 30 años y he llevado a cabo mi necesidad de regresar a “La piedra que toca” de la mano de mi padre, por que si él no hubiese sido mi guía no hubiera vuelto jamás, quedando mi cuenta pendiente y mi alma rasgada.

Como digo, este verano fuimos todos, y contrasté mi recuerdo con la realidad, pero no fue algo traumático, fue más bien una transición amable entre mi pasado y mi presente. 

Me costó dios y ayuda superar mi claustrofobia para arrastrar mi cuerpo al interior de aquella roca, por una ventana que yo recordaba inmensa, y por la que apenas cupe. Una vez dentro me arrimé a un rincón para ver como mi padre hacía sonar “La piedra que toca”, que no es más que una roca plana mal apoyada en otras rocas, y a la que te puedes subir de pié y  emular así a algun loco equilibrista. No fue más que un minuto, pero para mi se detuvo el tiempo, instante mágico adherido ya por siglos a aquellas paredes inmortales. Este es ahora mi segundo recuerdo favorito, que no sustituirá jamás al recuerdo primario, sino que lo complementa perfectamente, necesariamente.

Y tengo además un recordatorio palpable: en la maniobra de entrar a ras de suelo por aquel agujero, rayé las gafas de sol que llevaba metidas en el cinturón, a mi espalda. Boss quiere que me compre unas gafas nuevas, pero en su interior sabe que no me convencerá nunca.  

Read Full Post »

Deseo de ADR

El pasado día 20 un tío guasa, por no llamarle julai, me metió en un  embolao, y desde entonces sé que está aliquindoi. Se puede decir que desde ese día ando enguachisná del habla de Cai, y que tengo un miedo atroz a que me salga un post churretoso.

Pero  aquí estoy dispuesta a acoqinar con lo contraío el día 20, aunque tengo que reconocer desde entonces tengo una angurria en lo alto que no se pué aguantar, por aquello de parecer una guachisnai perdía en el chulo.

Y no viene mucho a cuento, pero me acabo de acordar de la Yoli, una prima de Boss, muy canina la pobre, y un poquito cambemba. El caso es que esta buena mujer todos los meses cuando iba al banco a cobrar sacaba una cifra redonda, y dejaba el pico, como, supongo, todo hijo de vecino. Pero hete aquí que la buenaza de la Yoli, pasados un par de años, al quedarse en paro, un buen día se plantó en la ventanilla del banco para retirar los “picos”, esos que ella había ido dejando como una hormiguita cada mes, para poder ir a hacer unos mandaos, y comprar algo de avío pa comer. No quiero ni imaginar las ganas de guannajarse que le entrarían cuando el tío sieso del banco le explicó que esos “picos” se sumaban automáticamente a la cantidad ingresada, y luego retirada, cada mes, por lo que ya se los había gastado. Pobre Yoli, desde ese día le ha quedao el sambenito de panoli.

En fin, que aquí sus quedais, que me bajo a por unos manoletes pa comer, y una miajita de pescao, que ya son horitas. Ea!!

Read Full Post »

Ayer a mediodía veníamos mi chica y yo del cole, y nos disponíamos a ir a por el pan cuando me suelta lo que yo más temía: –“mami, ¿puedo ir yo sola?”– ( Vitruvia pasa a modo de procesamiento a velocidad vertiginosa, para responder lo más correcto, sin olvidar el grado justo de disuasión, en el menor tiempo posible) …¡MEEEC!… No encuentro nada parecido a lo que he puesto entre paréntesis. — “Vale, ve, yo te espero aquí”–“No mami, ya soy mayor, tú vete para casa”– (no me queda otra que aceptar barco como animal de compañía) –“Bueno, toma el dinero, espera la vuelta, y di por favor y gracias”–

Ni que decir tiene que no me fuí para casa. Busqué la esquina perfecta para vigilarla sin que me viera. Lo malo de vigilar niños desde esquinas es que el resto de viandantes no lo saben, así que has de aguantar estoicamente toda clase de miradas y murmullos que sabes que se producen a tu alrededor, grrrrrrrr. Y ahí estaba yo, cual Wen espiadora, asomando desde una esquina dos pestañas y medio ojo. La veo salir, más ancha que larga, y me dispongo a delantarme a ella por un callejón que hay de atajo entre la panadería y mi casa. Lo malo del atajo es que es cuesta arriba. Y ya me veis a mi, corriendo cuesta arriba, intentando mover a mis 37 tacos un culo como una cesta, pero intentando parecer una linda gacela.

Tenía que llegar antes que ella, para dejarle el portal abierto, ya que con cuatro años no alcanza al telefonillo, y para que pareciera que yo me había venido realmente para casa. Una vez en el portal vuelvo a quedarme vigilando, enseñando medio ojo, y cuatro pestañas esta vez. Y esta vez tambien la desconfianza ajena. A saber: tío aparcando coche; ve llegar a una loca con la lengua a rastras, y corriendo como una posesa; tío sale de coche, y mira que la loca se queda en el portal mirando con medio ojo su coche (eso es lo que él pensabo, claro); tío que se aleja, pero que se gira cada dos segundos para comprobar si la loca sigue mirando su coche; la loca por supuesto sigue en la misma posición; tío que camina haciendo ver que no ve nada pero que sigue con la mosca detrás de la oreja; vitruvia que por fin ve asomar a su chica; tío que no sé qué haría porque tuve que subir volando al segundo sin ascensor donde vivimos, intentar no jadear y aparentar que llevo allí un buen rato. Y por último niña que pregunta:–“¿por qué estas tan cansada mamá?” — (“¡hay que joderse!”)–

Esto es real como la vida misma. Un beso John

Read Full Post »

De memes, zorras y osobuccos

Haciendo gala del carácter previsorio que me carateriza, hoy me disponía a realizar el meme propuesto hace ya días por Tootels. Pero va a ser que no. Aparte de haberme reido un rato con la traducción, no he conseguido hacerlo, ya una y otra vez me remite al mismo sitio para que conteste de nuevo.

Son ya las 10.57, y yo sin post. La primera razón mi pelea con el meme. La segunda este encargo de Desperate. Mi mail no me da opción de pegar textos, (¿alguien me explica por qué?), así que me he tenido que copiar la cartita yo misma, lo que, teniendo en cuenta mi depurada técnica del aguilucho, no me deja mucho más tiempo hoy, por no hablar del osobucco que me espera en la nevera, o haber si pensais que solo comemos croquetas, ¡¡que ya esta bien!!. Así que os libro de mis desvaríos, y me voy a otra cosa mariposa, lo que por otro lado me viene de lujo, ya que tengo una cita con Jonás, que me tiene completamente absorvidita.

Bicos. 

Read Full Post »

Deseo de……

Cuando el calor comenzó a ser sofocante, y el aire se volvió irrespirable, su conciencia amenazó con desaparecer, pero consiguió serenarse. Debía mantener la calma. Aquel episodio  no podía ser eterno. Si quería escapar de allí, primero debía saber cómo había entrado.

Lo último que recordaba era la ilusión que habían puesto en aquellas vacaciones. La estancia era gratuita, el transporte tambien, y el destino idóneo. Todo transcurría segun lo planeado hasta que aquel fenómeno extraño les transportó a una velocidad de vértigo al terraplen desde donde los lanzaron al vacío. Afortunadamente cayeron sobre una pequeña balsa de un líquido pringoso, cuya textura amortiguó la caída. Todos estaban perplejos. No entendían nada. Se reagruparon con la intención de intercambiar las impresiones necesarias para sacudirse un susto que aun invadía todo su ser. Nadie había visto nada con nitidez. Las versiones distaban tanto entre sí, que ponían en peligro la consecución de una teoría coherente. Solo había un denominador comun en todas las experiencias: la velocidad. Habían sido transportados a tal velocidad que ninguno podía poner imagen al medio en el que habían viajado. Como si un huracan se hubiera llevado el terreno que pisaban hasta el mismo borde del precipicio. Era inútil, no sabía cómo habían llegado hasta allí.

En ese momento volvió a ser consciente del calor. Un calor que nacía bajo sus pies, y que hacía bullir el líquido espeso que les salvó en el primer asalto de aquella batalla absurda. No tenían escapatoria aparente. Fuese cual fuese la dirección que tomase su mirada tropezaba con altos muros de una verticalidad insalvable.

Una oscuridad relativa cubrió todo el espacio, y desembocó en una lluvia de polvo blanco, espeso, apelmazado casi, que sirvió para absorver el líquido viscoso e hizo colchón entre ellos y la fuente de calor. Pero solo era un parche temporal. Aquel colchón fue absorvido tambien, y demasido pronto, por el, cada vez más amenazante, calor.

Los gritos de los que habían sucumbido a la desesperación ponían banda sonora de aquel manicomio improvisado. Aquella situación no se prolongó demasido. La verdadera lluvia empezó a inundarlo todo. Un macabro efecto óptico hacía que pareciera blanca tambien, sin duda motivado por el resplandor del terreno blanco sobre el que se hallaban. Descendió la temperatura, y todo el valle se inundó de una leche agradable y fresca. Se sacudieron gracias a ella todo la pelmaza que se había pegado a su cuerpo. De pronto disfrutaban de un oasis.

Y no tardaron en comprobar que aquel oasis no era más que un espejismo. El terreno y el calor se aliaron, y formaron la conjunción necesaria para devorar al líquido salvador, obligándole a evaporarse. Poco a poco este se fue espesando atrapando a los incautos que se habían abandonado al placer de zambullirse. Ya no se oían gritos. El silencio era ahora el sonido predominante. Tal vez, algun silvido lejano proferido desde el interior de algun cràter improvisado en aquella superficie espesa y caliente. Nadie sobrevivió para contarlo.

Nadie que relatara como aquella masa resultante fue transportada a un lugar gélido donde acabó solidificando, y donde manos espertas le dieron forma de croquetas que fueron vorazmente degustadas. 

 .

……Mariano     

  

Read Full Post »

Va por ellas

.

………  Y entonces volveré a cruzar este cielo y este mar, y volaré, volaré sin parar, una vuelta a la tierra entera, y haré nidos de luna llena; despues me dormiré en la arena……
 

Read Full Post »

Si hay una imagen en mi mente que me trasporte a mi adolescencia, es la de una Vitruvia con 13 años, sentada en el asiento de atrás de un coche, intentando grabar con la mirada lo que sería, por un tiempo indefinido, lo último que viera de su hasta entonces día a día, girando la cabeza al tiempo que el coche se comía la larga recta de salida y entrada a la aldea, para ver por la luna trasera a un montón de amigos, reunidos en el sitio habitual, donde ella también tendría que estar si no fuera porque ese día se iba a Madrid. Cierro los ojos y puedo verlo tan nítidamente como si tuviera delante una foto de ese momento. Afortunadamente la recta no mide más de un kilómetro y pude mirar hacia delante,  aflojando así el nudo que las reprimidas ganas de llorar hicieron en mi garganta. Esa recta me separaba tambien de muchos desencuentros familiares, de un pasado frustrante y de un futuro inexistente.

No recuerdo lo que iba en mi maleta, pero recuerdo el día que fuimos a Vigo a comprarla, a la calle Príncipe. Es curioso, hace unos meses me compré en el mismo sitio el bolso para la comunión de mi mediana, y sólo ahora lo he recordado.

No recuerdo nada del viaje en sí, ni de mi llegada. Pero recuerdo que tenía la regla. Recuerdo el apuro que pasaba cada vez que me instaban a ducharme y la vergüenza que sentía con sólo pensar que debía explicar, a una casi desconocida, que no podía ducharme, que tenía la regla, ¡que las mujeres no podemos mojarnos porque se corta la menstruación!. Cuando entre risas me dijeron que eso eran bobadas de aldea me sentí absolutamente estúpida. Pero sobreviví.

Todos los demás recuerdos son sesgados. Hice amigas muy pronto, a pesar de nuestras diferencias sociales y económicas. El bar de la prima de mi madre, con la que yo había ido a vivir, estaba en un bloque en el que había también una zapatería, una tienda de decoración, y una administración de loterías. Las hijas de los dueños de estos locales eran de mi edad. Supongo que esto fue un factor a tener en cuenta cuando mi madre y su prima decidieron mi futuro. Tenían perfectos planes para mí. Yo sería la hija que la prima de mi madre nunca tuvo (sólo tuvo niños), y ella me daría una oportunidad de ser algo en la vida. Pero nunca contaron con mi carácter rebelde, y que yo querría lo mismo que mis amigas. Recuerdo que ellas salían los domingos por la tarde, cuando más se trabaja en un bar, y a mi se me olvidaba que yo había ido a Madrid a trabajar. Todos mis problemas vinieron por ahí.

Recuerdo lo extraño que me resultaba comprobar cómo poco a poco iba desenamorándome del chico que me traía de cabeza en la aldea desde que tenía uso de razón. Luchaba conmigo misma para recordarlo, para seguir queriéndole, pero era inútil. Y al mismo tiempo era doloroso ser consciente de lo absurdo de un enamoramiento que nunca fue tal.

Recuerdo a Jose, el primer chico con el que salí. Creo que entonces yo no era consciente de lo guapísimo que era. Puede parecer una tontería, pero ahora mismo lo siento así. No recuerdo nuestro primer beso, ni qué día o mes empezamos a salir, ni siquiera cuanto tiempo estuvimos juntos. Pero recuerdo lo bien que congeniábamos y lo mucho que nos reíamos. Jose era un gran tipo, con unas ideas clarísimas, y con una mente abierta y una tolerancia supremas. Nunca nos dejamos, ¡qué cosas!. Yo me vine un verano a la aldea y cuando volví, tras dos meses y medio sin noticias el uno del otro, nos mirábamos de lejos pero nunca más nos hablamos. Por mi parte fue timidez; por la suya intuyo que dió por sentado que yo, al volver y no buscarle, no quería seguir. Cosas absurdas de adolescentes.

Recuerdo algo que he vuelto a sentir otras muchas veces. La nostalgia de dejar un sitio donde has sido feliz enfrentada a la alegría de volver a la tierra donde has nacido, y cómo el corazón se va dividiendo en tantas parcelas como lugares habitados.

A pesar de la falta de entendimiento con mi nueva familia fueron años bonitos. Aunque llegué a pensar que algo fallaba en mí, porque nunca congenié con nadie de la familia, ni con la propia ni con la de “adopción”. Con los años he aprendido a ver el lado bueno de las cosas, y a perdonarme por ser como soy. Ellos no tienen la culpa de tener una mentalidad anticuada e ideas cerradas, ni de tener una hija tan rebelde, pero yo tampoco.

No me gustan las entradas largas, y esta lo está resultando, así que dejaré para otro día la de gamberradas que llegamos a hacer con quince años en el Madrid de los ochenta, y alguna que otra broma, pesada para quien la sufrió, pero con la que me he reído como nunca en mi vida.

Gracias Javier, por proponerme una entrada que me ha traído tanto disfrute.  

     

Read Full Post »

Older Posts »