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Archive for 31 enero 2008

Estoy encantada de que la idea haya tenido tan buena acogida. En serio, que alguien comparta estas locuras me maravilla y me  hace dar botes hasta en la cocina, cosa que hice ayer tras los primeros comentarios, jajajajaja. No podía parar de saltar.

Bien, ha habido varias propuestas. También ha habido ya, en el post anterior, varios comentarios inclinándose por unas u otras. A continuación pongo la lista de los títulos sugeridos y enlaces en donde podemos consultar precios, páginas y sinopsis de todos ellos.

PRESENTIMIENTOS  de Clara Sánchez. Información aquí y aquí

EXPIACIÓN  de Ian Mcwan. Información aquí  

CRÓNICA DEL PÁJARO QUE DA CUERDA AL MUNDO  de Haruki Murakami. Información aquí y aquí

DE NUEVO EL AMOR  de Doris Lessing. Información aquí y aquí

LA HISTORIA DEL AMOR  de Nicole Krauss. Información aquí y aquí

PERSÉPOLIS  de Marjani Satrapi. Información aquí y aquí

ACTUALIZACIÓN:  Doris Lessing va venciendo al segundo más nombrado, que es el de Haruki Murakami, por tres votos a dos, (o cuatro a tres, si tenemos en cuenta que Doña Inte a nombrado a los dos pero no se ha decidido por ninguno, jajajaja). Tambien tengo dudas de si Eifonso va a participar o sólo ha votado porque le gusta el libro. Eifonso, manifiéstate, jajajaja.

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¡¡¡¡SOCORROOOOOOOO!!!!

 Tengo la puñetera página de administración bloqueada. Tengo el post con los títulos y los enlaces atrapado en ese bloqueo. Esto es un experimento y no sé si acabará publicado o no. Aquí poner voz de “Ánsar” please: “Estamos trabajando en ello”

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Llevo ya unos días dándole vueltas a una idea que me parece bonita. A ver que os parece.

Alguna vez hemos comentado, algunos, lo bien que estaría hacer una quedada, y conocernos. Alguna vez he comentado, que yo no podría asistir. Entonces se me ha ocurrido que podíamos llevar a cabo una quedada mental. Tranquilos, habelas hailas, pero yo no soy una de ellas.

La idea parte de un post que hizo Mariano a raíz de uno mío, en el que decía que se acordó de mi y de mi post en una cafetería, y a mi me pareció fantástico poder estar allí sin estarlo, y desde entonces quedó como un germencillo en mi alocada mente y  ha fructificado en esta modesta, pero creo que bonita, propuesta: Propongo que entre todos decidamos un libro, que entre todos decidamos una semana concreta del calendario, y que durante esa semana, o dos, leamos todos ese mismo libro, y estar así conectados de alguna manera, sabiendo que en algun lugar de la geografía, esos a quienes conoces y admiras, están leyendo eso mismo que estas leyendo tú.

Ni que decir tiene que sólo es una idea, y que cada uno es libre de participar o no. Si no fuera porque soy como soy, ahora mismo lo borraba todo, porque por momentos me parece una chorrada. En fin. Aquí lo dejo. El que quiera hacerlo que lo diga, el que no no tiene por qué decirlo. Que comente sobre el tiempo o que pase de largo, jajajajaj. No sé si me explico. La rehostia sería ya, algun día, cuando seamos viejecillos, hacer una quedada real y firmar todos el ejemplar de todos, como la insignia de un grupo de locos sin afán de nada.

Lo dicho, la idea está en el aire, y las propuestas abiertas. El título que decida la mayoría será el elegido. Nos vemos en lás páginas de un libro. 

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Boss se ha tirado una semana y media yendo a casa de un amigo para hacerle un supermueble, con sus módulos, sus puertas, sus estantes… Desde que se ha atrevido con el tubillón no se le resiste nada. Bueno, tal vez las bisagras, pero todo se andará. Un día de estos, en cuanto arregle la cámara de fotos, colgaré en Flickr todas las maravillas que se ha sacado de la manga para amueblar nuestra casa.

Este amigo es un compi de trabajo, y anoche se presentó con un supermegarape que no me cabía en la nevera, y estoy que me salgo. No por el rape, sino porque ya era hora de que alguien le reconociera a Boss la entrega que pone en todo lo que hace, da igual para quien, da igual cuando y como.

Hasta ahora sólo nos habíamos topado con chupopteros, y lo que nos queda, estoy segura. Boss y yo, podríamos decir, somos el hambre y la gana de comer, y fuimos a coincidir el uno con el otro. Siempre estamos ayudando, y no lo hacemos para recibir recompensa, no, pero cuando ves que cuanto más ayudas más te piden acabas un poco harto. Llega un punto en que te obligan a decir no, y ese no, para alguien como nosotros, duele mucho decirlo, porque siempre pensamos “Bah, no nos costaba nada hacerlo”. Odio a la gente que te obliga a hacer cosas que van contra tu manera de ser. Las odio con toda mi alma.

Hemos tardado un tiempo en poner en práctica aquella gran frase que le leí a mi Saramago, y que desconozco si es de él o si ya viene de atrás, pero que a mi me hizo abrir los ojos: “La caridad, bien entendida, empieza por uno mismo”. Poco a poco vamos asumiendo que así es como debemos actuar, pero nos cuesta.

De momento, anoche los ojos de Boss brillaban de satisfacción, y sé que no es por el valor material de la recompensa, es el valor de saber que alguien reconoce tu trabajo, tu entrega, tu desinterés. Esa es la verdadera recompensa, venga disfrazada de rape o de sopa de ajo.  

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Lunes. Pereza extrema al abrir los ojos. Kubrick y su fama me tuvieron frente al televisor hasta las tantas, y total para dormirme, no fui capaz de tragarme el tostón. Tras apenas tres horas de mal dormir resucito bajo la espuma del último resto de mi jaboncito de avena.

Hora de irse. Bufandas y abrigos para ellas, y cara descubierta para mi. El frío mañanero me da la vida. Las dejo en el cole y vuelvo sobre mis pasos. A medio camino me desvío hacia el banco. Hoy es día de ingreso. Sorteo una vomitona adolescente a juzgar por los macarrones sin digerir. Y miro al cielo. La luna está ahí. Sólo a ella le da el sol.

Entro en el banco y salgo con el mismo dinero con el que entré. Son cosas que pasan. Compro el pan y miro de reojo ese pastel que había pensado desayunar. La alameda está imponente, los columpios desiertos.

Hoy no he ido a leer. El libro se agota y quiero estirarlo hasta el infinito. Me dan ganas de empezarlo de nuevo en cuanto lo termine. Nada, ni nadie, nunca, me habían arrancado tal cantidad de emociones a ese ritmo. Una tras otra. Cada una más intensa que la anterior. Hasta el punto que he decidido que no volveré a leer en ese sillón. Cuando acabe este libro, lo cerraré, me levantaré y saldré de allí. Me iré de un sitio en que realmente nunca estuve. Aunque todo el mundo pudiera verme allí, yo estaba unos kilómetros más al sur, en el Alentejo. Igual que la luna que yo he visto esta mañana y que está tan lejos de aquí.

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(Aquí empezó esto)

Ahora que tengo ante mi los miles de caminos que pienso recorrer comprendo que este era mi destino. No tengo horarios, ni prisas. No tengo la cama hecha ni la comida pensada, pero tengo algo mejor aun, tengo hambre y sueño, que me hacen sentir más viva que nunca. Y frío, tengo frío.

He robado un bolígrafo y una libreta. Hoy por hoy son las únicas y verdaderas necesidades que tengo, y mi único patrimonio, mil veces más valioso que cualquier otra posesión. Ellos son el único espejo en el que pienso mirarme. Puede que a veces no me vea guapa, pero siempre me veré tal como soy. Anotaré aquí todo lo que algún día quiera recordar. La mente la mantendré siempre libre, abierta. 

He notado que hay personas que me miran con lástima, y a mi me dan lástima ellas. No saben ver más allá de harapos y arrugas. Aunque consiguieran adivinar la luz de mis ojos no sabrían descifrar su significado. No las culpo, nadie les ha enseñado que hay vida más allá del confort que da la calefacción o de la tranquilidad de la rutina. A veces siento el deseo de hablarles, de contarles que ahora soy feliz, más de lo que ellos serán jamás, pero me da pereza. He ansiado tantas veces librarme de la atadura de un idioma que, por limitado, nunca he conseguido dominar hasta el punto de poder expresarme, que me parece absurdo volver a someterme a su dictadura. Prefiero seguir con mis silencios y su ilimitado mundo. Nada ni nadie le pone límite al silencio. Sin embargo las palabras sí se acaban. Y empiezas a oír las mismas una y otra vez, llegando a olvidar su significado, convertidas en sonidos tediosos por tantas veces oídos.

Paso horas y horas caminando hacia ningún lugar, mirándolo todo sin ver nada, escuchándolo todo sin oír nada. Si lo hiciera, si viera u oyera, podría caer involuntariamente en la tentación de prejuzgar por lo visto u oído, y me niego. Las costumbres que aun arrastro podrían jugarme una mala pasada, pero creo que sabré mantenerlas a raya, al menos hasta que consiga librarme de ellas. Puede que ya lo haya conseguido, de ahí que no quiera oír ni ver. ¿Quién sabe? No pienso apresurarme ni siquiera en someterme a mi misma a exámenes absurdos. Todo lo que ha de ser, será. Por eso mismo no me preocupa el hecho de recordaros cada noche. Había decidido viajar sin recuerdos, dejarlos atrás, pero uno no siempre consigue lo que se propone, y ahora sois lo único que me acompaña en mis noches de buscada soledad, y comparte espacio con ella sin confrontarse. Ahora sé que hice lo correcto. No podía seguir engañándoos. Aquella que vivía con vosotros no era yo. Yo soy esta, yo soy así. Tal vez estéis pensando que no os quiero, tal vez estéis en lo correcto. ¿Quién decide si un sentimiento es o no verdadero?. ¿Qué acción mide su intensidad?. Yo podría gritar que os he querido más que a nada, y no por ello es esto más verdad que vuestra verdad callada, íntimo dolor que ahora os embarga, esa que intuyo asomó a vuestros ojos al tiempo que leíais mi carta. Pero no me arrepiento. El tiempo pasará y convertirá vuestro dolor en un leve recuerdo, y a mi me dará el lugar que realmente merezca en vuestro pensamiento. No ambiciono un gran lugar, ni siquiera un lugar pequeño. Me basta con saber que durante un periodo en nuestra vida compartimos tiempo y espacio. Puede que algún día adivinéis mis razones, aunque no espero que lleguéis a comprenderlas. Yo misma he tardado muchos años en mirarlas de frente y aceptar sus consecuencias.

La vida no se detiene, sólo cambian sus protagonistas. Yo he decidido protagonizar mi propio guión, poner cada punto y cada coma, incluso barajo la posibilidad de poner yo misma el punto final.       

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Sí, ya sé que Mariano quiere descansar un poquito de su tinta, pero es que hay novedades en el caso “La Tinta que quiso darse un garbeo“, y que a partir de este momento pasaremos a denominar: Tras el rastro de la Tinta que quiso darse un garbeo.
El informe, en caso de haberlo, sería más o menos así:
Día: ayer
Hora: 17`45 pm
Lugar: un pequeño parque para la tercera edad
Hechos: Estando la, hasta su pérdida, dueña del ejemplar perdido, más conocida como Vitruvia, disfrutando de la maravillosa tarde en compañía de un maravilloso escritor portugués, y encontrándose sus niñas disfrutando como jabatas de esos “columpios” para la tercera edad, que no son menos maravillosos que la tarde y el portugués, acercósele una de sus niñas, concretamente su mayor, que haciendo un alto en los ejercicios, igualmente maravillosos, que se pueden realizar en dichos aparatos, decidió comunicarle lo siguiente: ¡Má!, una compañera de clase está leyendo “La tinta azul de la memoria” (véase aquí la maravillosa normalidad con la que sus vástagas hacen alusión a lo que consideran ya el tesoro de su madre)
Párese aquí el relato de los hechos y pasemos a meternos en la mente de Vitruvia: Vale, vale, vale. Que se pare el tiempo un segundo, que no puedo pensar tan rápido. Sabiendo como sé, que el ya nombrado libro es casi imposible de conseguir por estas latitudes, y teniendo en cuenta la edad de la niña, once añitos, a menos que los reyes magos hayan decidido contribuir a la distribución de La tinta… son sus padres los que han aprovechado un libro encontrado para hacer más bulto entre los paquetes de regalo. O bien la niña es superespabilada, y habiéndo visto tal libro por su casa, aprovechó que se sabía el título para meterle una bola al profesor cuando éste preguntó qué libro estaba leyendo cada alumno. Sea como fuere, hay más de una hipótesis de cómo mi tinta ha podido llegar a manos de esa mocosa, y todas son factibles.
Ahora redactemos un plan: ¡Mayor! Mañana mismo interrogas sibilinamente a esa compañera y le preguntas dónde ha comprado ese libro. La engatusas para que lo traiga al cole y te lo enseñe. Si ves la dedicatoria le pides el teléfono de su madre. No, el teléfono pídeselo igualmente, no vaya a ser que perdamos este importante rastro hallado por fuerza del destino.
Y hasta aquí puedo leer. Puede que haya encontrado un hilo más de esos que se deshilachan del universo para que yo los ate, y gracias a los que mi vida está siempre dándome sustos y alegrías.
 
Mi Tinta… me está llamando,
tranquilos, seguiré informando.
 

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Decía yo ayer, y antes de ayer aunque la entrada se haya perdido, que comer y rascar todo es empezar, y ahora añado que leer y escribir también.

Desde el parón navideño me está costando coger de nuevo el ritmo. Antes me faltaban días para escribir todo lo que se me ocurría, y ahora es al revés. Aunque tengo que reconocer que el domingo fue un gran día, ya que Boss se hizo cargo de todo y yo pude encerrarme a escribir, como a mi me gusta. Me permití el lujazo de no catar la calle. El domingo fue, efectivamente, un gran día, sí señor.

Pues decía que todo es cuentión de empezar. Boss no lee. Lo intenta, pero no tiene paciencia. Hace años, cuando conseguí que leyera por primera vez un libro, quedó maravillado, tanto, que escribió en la última página que no sería el último y que se prometía a sí mismo leer más. Leyó, creo recordar, uno más y se acabó. Aquí debemos entender que no dispone del mismo tiempo libre un obrero que un banquero (por poner un ejemplo) y que el esfuerzo físico realizado no ayuda mucho a mentener la vigilia necesaria para dedicarle a la lectura un ratito cada noche.

Pues bien, ahora que su trabajo es más liviano y su horario más permisivo, ha decidido intentarlo de nuevo. Sabe de los beneficios que le reportaría en cuanto a ampliación de vocabulario, y es consciente de la gran ayuda que supondría en su batalla contra las faltas ortográficas, que arrastra desde que abandonara el colegio en sexto de EGB, y que contribuyen en gran medida a crear un absurdo complejo de inferioridad que siente con respecto a mi, lo que nos acarrea no pocos problemas. Voluntad no le falta, y mi admiración tampoco, porque no es nada fácil adquirir un hábito que no ha seguido las pautas marcadas para establecerse con éxito, tales como ir adecuando la lectura a la capacidad comprensora a medida que adquieres ésta, etc…

Está leyendo El alquimista de Paulo Coelho, libro que creo fácil de leer para alguien no habituado, pero me vendrían bien recomendaciones de libros sencillitos y con gran poder de atracción para el lector.

Gracias desde ya, por vuestra ayuda y vuestro ánimo, que sé que lo tendremos. Bicos. 

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Hoy no es un buen día para mí. Hoy es un día más en la vida de los pobres.

Boss se ha quedado sin trabajo, y le han conseguido uno en Alemania, y afortunados somos de que así haya sido. Otros no tienen tanta suerte. Cuando no se tiene ningún tipo de preparación no queda otra que aceptar estos giros del destino. Ir y venir a merced de dioses aburridos que se entretienen en escribir guiones enrevesados. Pero el dolor que me causa separarme de Boss es ínfimo, comparado con el que me atraviesa por separarme de mi “chica”.

Hemos hablado y hablado, y pasado noches en vela, hablando, y llorando, y hemos concluido que lo mejor que podemos hacer es mandarla con mi hermana a Pontevedra, para que yo pueda trabajar. Las mayores ya se defienden solas, pero aun no las puedo responsabilizar de un ser tan indefenso. Podré tenerla los fines de semana. Ella estará bien; le encanta ir a casa de su tía, pero yo moriré por dentro. Ya no buscará mis ojos para apartar de sí miedos y dudas, ya no buscará mi abrazo al salir del colegio, me perderé sus desaires ante comidas que no quiere, me perderé cada bostezo mañanero, cada llanto nocturno. Me perderé en su recuerdo, y sólo seré, con suerte, una tía más. 

Puede que Boss, cuando vuelva, si vuelve, no sea el mismo, puede que se sienta extraño entre unas sábanas compradas sin consenso, puede que yo olvide la ubicación de cada uno de sus lunares, que ya no reconozca su piel, ni él reconozca mi olor, ni tolere que arrime mis fríos pies a sus piernas. Puede que nos miremos con recelo, desconfiando de la identidad mutua. El tiempo no pasa en balde y el roce hace el cariño y el que dijo todo esto, si aun lo recordamos, es porque algo de razón tendría. Dicen que comer y rascar todo es empezar, puede que no ver y olvidar sea todo uno. 

Y aun no sucediendo todo esto ¿qué sería peor? Olvidarnos el uno del otro y la hija de la madre, o querernos a morir y morir de dolor, lejos el uno del otro y la madre de la hija. De cualquier modo, morir es morir, aquí y en Alemania, y a nosotros nos quedan sólo unas horas de vida. 

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Odiosa inoportunidad

Odio las pérdidas de conexión inoportnas, que se llevan todo el trabajo realizado y el tiempo empleado en ello. Me siento incapaz de reescribir de nuevo la entrada, entre otras cosas porque no me saldría igual. Tal vez, mañana, cuando ya no pueda comparar lo escrito con lo perdido, me atreva.

Besos.

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Ya me conocéis. Unas veces arriba y otras hundida. El viento me rige y a él me abandono. Hoy sopla fuerte, muy fuerte, como a mí me gusta, y con él me voy. Miraré las cosas que dejo desde la perspectiva que me dé el tiempo que transcurra entre este momento y mi próxima parada. Puede que me arrepienta, puede que no. Pero he de hacerlo; pura supervivencia. No tengo más expectativa que la de llegar hasta donde aguante sin vosotros. No me llevo nada, ni siquiera buena o mala conciencia. Este viaje lo haré desnuda. Y allá adonde llegue desnuda seguiré, no quiero adornos ridículos que me hagan parecer lo que no soy. Ansío ser volátil, etérea. Quiero librarme de manías y recuerdos, que sólo servirían para mantenerme atada a la pata de la cordura. No seguiré ninguna ruta establecida, si acaso me guiaré por las luces y las sombras de mi estado anímico, absoluta verdad irrebatible, que me llevará exactamente adonde necesite estar. En cualquier caso, lejos de aquí, lejos de sogas y naufragios absurdos, porque nunca lo son del todo. Lejos de errores y aciertos; de amores inciertos, meros espejismos creados al amparo del deseo. Nunca volveréis a saber de mí, porque yo como tal ya no existiré. No me busquéis, salvo cuando recordéis vuestro pasado. Ese es el único sitio que no puedo abandonar.  

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Sin novedad

Últimamente no me pasa nada interesante que contar. Sólo tonterías: tengo que hacer un disfraz de pescantina antes del 25, cosa que no haré hasta el 24 de madrugada, como si lo viera; tengo que ir a pagar la factura del agua antes del 23, porque últimamente se me extravía el original y, como consecuencia de no verlo, olvido pagarlo, hasta que llega el casero, con cara de perro, a traerme la carta certificada comunicándome la fecha límite de pago; tengo que pedir cita al pediatra para la revisión de los doce de mi mayor, ¡qué mayor! me asusta un poco; tengo que hacerme unas fotos para una solicitud de empleo; tengo que pasar el cortacesped por el matorral en que se han convertido mis piernas; tengo dolor de espalda, por lo que debería echarle narices y quitarme el peso delantero; tengo que comprar un cartucho de tinta para la impresora; tengo que negociar, antes de finales de febrero, con el carrefour, a ver cómo solucionamos lo de mi cámara de fotos defectuosa; tengo que pensar qué quiero por mi cumple, que está a la vuelta de la esquina; tengo que ahorrar para mi cumple, que está a la vuelta de la esquina; tengo que quitarme esta sombra de bajón que planea de nuevo sobre mi cabeza; tengo que informarme de donde se presentan las reclamaciones a dios; tengo que averigüar cómo es posible que me encante cocinar pero que odie hacer la comida; tengo que acudir a dos fiestas de disfraces, a la misma hora, el mismo día y en distinto lugar; tengo que desacansar más.

¡Ah! tengo que felicitar a Mariano, porque hoy hace un año que su sueño terminó de hacerse realidad palpable. 

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Ego, luego compongo

Un día de estos voy a tener que ponerme en contacto con el Foro este de las familias, porque la mía se me está yendo de las manos.

Tengo un hijo adoptivo que me llama petarda y un primo en Barcelona que me quiere exorcizar. Ainssss, ahora que lo pienso, estos supuestos creo que no encajan en su esquema de familia, ¡mecachis! Tendré que buscarme las castañas yo solita.

Ayer mi primo me obligó, en un intento de defenderme como gato panza arriba, a componer lo que a partir de hoy será mi dogma de cabecera. Y he decidido enseñarlo al mundo, porque yo lo valgo. Cualquier parecido con otros rezos u oraciones, reales o de ficción, es puritita casualidad.

Padre Di Stéfano
que estas en el Bernabeu,
santificado sea tu nombre,
venga a nosotros la liga.
Hágase tu voluntad
así en en Camp Nou como en el Calderón.
El gol nuestro de cada día dánosle hoy,
y bendice nuestras victorias
así como nosotros maldecimos las del barça.
No nos dejes caer en la crisis,
mas líbranos de perder
Amén.

Sólo espero que la Sgae no se invente dichos parecidos.

¡¡Viva Honduras!!

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Este no es un blog de crítica literaria, y además no pretende serlo, algo que queda claro leyendo lo que en definitiva sólo son sensaciones vitales. Podría parecerlo porque últimamente mis entradas giran en torno a los libros o a sus autores, aun habiéndome callado más de una, pero es que mi mundo es tan reducido que, o hablo de libros o de mis peripecias de madre/ama de casa/dulce esposa.

He estado leyendo a Jovekovic, y he recordado cómo llegó a mis manos El amor en los tiempos del cólera. Cómo me enamoré de Florentino Ariza. Cómo saboreé cada linea. Cómo deseé un amor así. Sí, yo soy muy rara.

Las escaleras de la casa de mi madre desembocan en la plaza del pueblo. Abandonas el último escalón y ya estás pisando la plaza. Está orientada hacia no sé qué punto, pero el caso es que da el sol de una manera que atrae, por lo que una de las aficiones más comunes en nuestra familia es sentarse en la escalera para ver transcurrir la vida mientras el sol te acaricia la cara. En verano como que no, pero en invierno es todo un lujo.

Una de esas tardes de asueto, despues de barrer “nuestro” trozo de plaza, me senté al sol. Siempre pasa alguien con quien perder las horas sin que te importe. Siempre descubres con la mirada un rincón de la plaza que sólo habías visto desde la perspectiva de la niñez. Siempre te da igual lo que suceda. La carretera circula paralela a la parte mas larga de la plaza. Vi pasar a Luis, un primo mío que no es tal, pero al que me une un sentimiento más grande que si lo fuera. Sólo treinta segundos después le vi pasar de nuevo pero en la dirección contraria. Y tras unos minutos más asomó de nuevo su coche en la dirección primera. Esta vez se paró. Bajó con un libro en las manos, y me lo dió. Verás como te gusta, y se fue.

Así llegó hasta mi un libro que me enamoró absolutamente. Me descubrió a García Márquez. Me creó un pequeño conflicto debido a que uno de mis libros favoritos hasta ese día era La casa de los espíritus, de Allende, y me hizo verla como una copia de Márquez. No sé, tengo que releerla para resolverlo.

Me encanta cada vez más esta sensación nueva de atar cabos y ser consciente de cómo los libros me han buscado ellos a mi, hasta el punto de saberse mis rincones favoritos.

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Historias y vidas

Dicen que Galicia es tierra de meigas. Dicen que aquí, habelas hainas. Y yo digo que alguna ya me he encontrado.

Sé mil y una historias contadas por protagonistas, pañuelo en la cabeza y mandil sempiterno, relatadas con voz serena, amable, como quien cuenta el domingo festeiro o la matanza del cerdo. Mujeres que han visto a los muertos antes de morir en actitudes que anunciaban su muerte. Mujeres que han tropezado de frente con quien necesitaba dañarlas para seguir vivo en otros mundos y que han sabido salir airosas gracias a una fuerza interior que sólo se adquiere a golpe de contratiempos y penurias.

Me encanta oir estas historias, unas veces contadas en primera persona, y otras, heredadas de primera mano por hijas, nietas y sobrinas. No sólo las cuentan mujeres. Tambien los hombres las saben, y las viven. Tambien a veces las cuentan, pero es más difícil oirlos. Para algunos creer es sinónimo de flaqueza, y algo que no es contado no es acontecido a los ojos del que no lo ha presenciado.

Puede que todo esto suceda más en las aldeas, estoy convencida de que así es, pero no por la ignorancia de sus habitantes, ni por su predisposición para creerlas, sino porque se dan las circunstancias de soledad necesarias para que dichas manifestaciones se hagan palpables, ayudadas de la oscuridad de sus calles y de las encrucijadas en sus caminos.

Aun así, a veces, tambien suceden cosas en las ciudades. Cosas que lejos de asustarme me parecen románticas. Últimas, o no, demostraciones de afecto, de amistad. 

Hace muy pocos días que un familiar muy cercano a mi pasó una mala noche. Se levantó y contó que el plástico de la ropa había golpeado la ventana de su habitación constantemente, produciéndole la sensación de que llamaban para que abriera. Su madre le aclaró que este año aun no han puesto el plástico en el tendal, que no hay nada que choque contra la ventana. Antes de ayer, su mejor amigo, se dejó la vida debajo de un camión, con sólo diecisiete años. Uno se ha quedado los recuerdos; el otro se ha llevado las confidencias, los secretos. Sólo ellos sabían la cantidad de bromas y complicidades que se gestaron del otro lado de esos cristales a los que, hace pocas noches, el que se ha ido, llamó, estoy segura, para despedirse.        

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Que me llamo Lucía ya sólo puede ignorarlo algun que otro lector que hace poco tiempo que tiene a bien pasarse por aquí. Pero que, dependiendo de donde me encuentre, me conozcan por distintos nombres, es algo que me dispongo a contaros ahora.

Hoy pensaba, mientras caminaba, y a la vez luchaba con mi paragüas contra lluvia y viento, hacia mi happy hour particular, que escribiría sobre José. Pero hete aquí que caí en la cuenta de que antes de contar la manía de José de decirme: “Mariluz, qué juapa estas hoxe” ( ¡Qué guapa estás hoy!), debería explicar los galimatías que hay en torno a mi nombre.

Mamá y papá me bautizaron Lucía, porque así se llama la que fue mujer, y por entonces novia, de mi padrino, que en paz descanse. Lo de poner María delante no creo que tenga mucho misterio. Pero a mis padres Lucía les debía parecer nombre demasiado rimbombante para ambiente tan humilde y me rebautizaron con el beneplácito de la rutina como Mariluz. Y Mariluz he sido siempre para ellos. Ese Mariluz ha derivado en Mari, a secas, las más de las veces, y las menos, he venido siendo Mariña, que es diminutivo cariñoso de Mari, aunque traducido literalmente venga siendo Marina. 

Ha habido tres vecinas, y casi la totalidad de sus familiares más cercanos, que siempre se han negado a llamarme por un nombre que en realidad no es el mío. Charo, Marisol y la señora Nieves siempre han defendido mi nombre original de la mejor manera que han sabido, que es llamándome Lucía.

Mi amiga Ana, galega de pro, siempre me ha llamado María, supongo que por aquello de que cuanto más común más allegado a la tierra, al menos en apariencia. Y cuando mi abuela María murió, este pasó a ser, en efecto, el nombre que más me reconfortaba.

Recuerdo el agobio que me producía estar dando siempre explicaciones a quien me veía firmar: ¿Lucía? ¿Pero tú no eres Mariluz?. Siempre explicando, cada vez que un profe te llama, cada vez que te llega una carta…

En Madrid conseguí acercarme mucho a mi nombre y allí soy Luci. Y en Cataluña, para Juan, el jefe de personal, he sido siempre Llúçia, que no sé si está bien escrito, pero que es Lucía traducido a mi adorado catalán. 

Hay quien piensa que desde que vivo en Redondela me he vuelto más fina y que por eso me he cambiado el nombre. Y aun hay encuentros casuales en los que coindiden a mi lado conocidos de siempre con conocidos recientes, y que se miran unos a otros pensando que el de enfrente se ha equivocado de nombre al llamarme.

La verdad es que es algo que ya no me importa, y me sigue provocando mucha ternura que José, el pobrecito José, me diga cada vez que me ve: Mariluz, ¡qué juapa estás hoxe!, y yo, siempre le sonrío: ¡gracias, José! 

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…pero qué puede hacer un hombre si tiene mujer e hijos, unos renacuajos que se empinan sobre los pies, apoyan la barbilla en la mesa escasa y, con el dedo mojado en saliva, van atrapando las migajas como si atraparan hormigas… …la noche será larga, como si estuviéramos en invierno. Sobre los tejados, lo habitual, estrellas, un desperdicio, aunque se pudieran comer, están lejos…  …las tripas vacías protestan, trabajan en falso… … la mujer, al lado, no duerme, pero ni apetece ponerse encima…

Levantado del suelo (José Saramago)

Me gusta ir atando los cabos de algun hilo invisible que se ha descolgado, quien sabe en qué punto del universo, para que yo lo siga. Es como estar en una constante cita a ciegas con mi destino. Hay una canción que me encanta de mi adorada Dulce Pontes, que se titula Meu Alentejo. Torpe yo, como muchas veces, intenté traducir Alentejo, y siempre el mismo resultado: Alentejo es Alentejo. No desistí, pero tampoco insistí. Sé que cada cosa llega en su momento, y esa es la única máxima para la que tengo paciencia, para esperar a que aparezca el siguiente cabo. Y el cabo estaba, quien lo diría, en una tarde en esa gran superficie francesa que hoy no me da la gana nombrar. Sección atrayente como ninguna otra, libros por doquier de cara a las navidades, y allí estaba, bajo títulos cuidadosamente colocados por estrategias mercantiles. Me buscó, me llamó, y me embaucó. La contraportaba rezaba:

Un escritor es un hombre como otros: sueña. Y mi sueño fue el poder decir de este libro, cuando lo terminase: “Esto es el Alentejo”

Me tomé la licencia de gastarme un dinero del que Boss debería disponer, al mes siguiente, en mi regalo de reyes. Si este libro que está ahora aquí, a mi derecha, se hubiese quedado bajo aquella torre infame, no me lo hubiese perdonado nunca, ni el libro, ni yo misma.

Desde el momento que lo tuve en mis manos, lejos de cualquier bolsa inmerecida, presentí las muchas sensaciones que vendrían. Y como a veces todo confluye mágicamente, su lectura acontece en ese rincón que ya es mío, en esa tranquilidad mañanera, sólo comparable a noches de soledad llegadas en buen momento. Cada letra, palabra, párrafo y página me mantienen suspendida en el borde del llanto más profundo y más calmado, el de conocer ya la historia de boca del que la ha sufrido y no la cuenta, sino que la refleja en el rostro cada día de su vida, y que te ha amamantado, y a veces desalentado, pero no es momento éste de juzgar a nadie, y no lo haré, porque, además, no soy quien.

Nada sé más seguro que que Saramago es mi autor preferido, desde hace ya mucho tiempo, y ahora sé algo más, sé lo que es el Alentejo, y nadie, nadie, podía habérmelo explicado mejor.    

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Puede que el carácter que algunos tenemos sea terreno abonado para que las influencias de determinados factores enraícen más en nosotros que en otros con más carga realista.

 A ver si me explico. Desde que tengo uso de razón me siento atraída por Granada. No sabría explicar qué es exactamente. Nunca oí hablar de ella mas que en el colegio o en la tele. Nunca leí historias allí desarrolladas antes de que sucediera lo que intento contaros. Nada. Sólo que me atraía de una manera mágica. Sólo, que era oir nombrarla e iluminarme entera y prestar atención.

Cuando conocí a Boss todo sucedió al revés. Primero enamorarnos y luego conocernos. No supe de donde era hasta mucho despues de ser imprescindibles el uno para el otro. Tuvimos la suerte de reconocernos en un punto de nuestras vidas donde el tiempo y el espacio nos permitieron no seguir las pautas absurdamente marcadas por las costumbres.

Ya he contado que no fue un flechazo, al menos por mi parte. Puede que yo no estuviera tan atenta a las señales como él. Él, con solo verme, sabía que estaba ante lo que buscaba. Yo, necesité unas cuantas partidas de ajedrez para reconocerle. Pero las promesas hechas con el corazón son tenaces, y si tú las olvidas, ellas se prestan a cumplirse por si solas, sin más ambición que la de ser llevadas a cabo. Boss y yo tenemos la promesa de buscarnos en todas las vidas que vivamos. Sabemos que ya hemos vivido muchas, y por eso cuando supe que había nacido en Granada entendí la misteriosa atracción que tal lugar ejercía sobre mi.

No han sido nuestras mejores navidades. Nos hemos enfrentado a verdades que nos duelen profundamente.  Puede que algun día nos tomemos un descanso necesario tras tantos siglos juntos, pero cada día que pasa le admiro más, por su esfuerzo al comprender incluso lo que escapa a su capacidad de comprensión y por su empeño en sacar, de donde no tiene, la paciencia que necesita para estar a mi lado sin volverse loco. 

Cuando le miro, sin que me vea, no veo piel, le veo a él, tal cual, y sé que le seguiré buscando vida tras vida, aunque sólo sea para hartarnos una y otra vez de nosotros mismos. 

… Quisiera volverte a ver
y que me dieras abrigo,
para anochecer contigo
y contigo amanecer
…….  

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Hay una cafetería deliciosa, aquí, en Redondela, que tiene un rincón de lo más apetecible para leer. Hay varios espacios en esta cafetería, y al que me refiero está compuesto por varias sillas y mesas, además de dos enormes butacones flanqueando un piano del año catapún. Pues bien, he decidido que todas mis mañanas, de nueve a diez, estaré en uno de esos butacones leyendo o simplemente viendo pasar a la gente.

Hasta hoy me he dejado agobiar por mi rutina, y he decidido cambiarla. Puede seguir siendo rutina, pero no aburrida. Ambas cosas son perfectamente compatibles. He decidido organizar mi tiempo de manera que este cunda más en mi favor, en mi misma, algo que irá, indefectiblemente, en detrimento del tiempo que empleaba en vuestros blogs. Esto no significa que un día de estos no esté gamberreando por ellos, como a veces venía ocurriendo. No pienso renunciar a eso.

Hoy es el primer día de mi nuevo plan de vida, y como hay costumbres que no se pueden cambiar por más que se quiera, ya voy de culo, jajajaja, y tengo que salir pitando con las niñas al colegio. Mil besos, damas y caballeros. 

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Ser o no ser

Estoy como fuera de mi. Siento que floto, que no soy yo. Como si me viera desde un plano superior. Pero no me veo a mi, porque para ser yo todo mi ser debería ser uno, y no lo es, mi mitad está flotando y vigilándome.

Tengo la sensación de vivir lo vivido una y otra vez, que nada es nuevo, pero que nada es ya igual. Tengo un bajón brutal que dura ya demasiado. Me hacen bien estos bajones, me ayudan a conocerme, a veces incluso a reconocerme, porque siempre es el mismo ciclo agazapado en diferentes situaciones, en distintos detonadores. Pero siempre igual.

Tengo conflictos internos devastadores. Conflictos que un día acabarán conmigo, lo sé. Los burlo como puedo, voy sobreviviendo bajo su amenaza constante, pero no consigo escapar de ellos, siempre están al acecho, incansables. Mi manera de ser choca frontal y constantemente con mi realidad. Y no consigo averiguar si quiero escapar o no.

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Cuidala, cuidala

No hay nada peor, en mi caso, para que una cosa no salga como espero, que poner todo el empeño en que salga como deseo. No sé si me explico.

Esta es la primera entrada de 2008, y llevo toda la mañana pensando sobre qué debería escribir, porque claro, al ser la primera me apetecía algo especial. Pero lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. No se puede escribir nada especial a salto de mata entre la compra mensual, más necesaria que nunca, porque está la nevera temblando y no es de frío, es de desamparo, está como desangelada …… ¿cómo os diría yo? …… ¡ah!!, ya sé, la palabra más acertada es vacía, directamente.

Los zafarranchos navideños se llevan a cabo en casa de mi madre, por lo que en la propia sólo se lleva a cabo algun desayuno y poco más.

Las navidades bien, gracias. Lo mismo de siempre. Vitru compra, cocina, y trabaja, con mucho amor, eso sí, pero tanto amor la deja a una tan, tan, vacía, que a las primeras de cambio se desahoga con el primero que se cruza, y este año le ha tocado a mi primo Manolito.

Manolito ronda los sesentaycinco. Es primo de mi madre. Vive y trabaja en Vigo. Ya no podría gastar todo lo que tiene ni aunque la muerte le concediera siete treguas antes de llevárselo. Y esto me parece perfecto, si no fuera poruqe cuando entra por la puerta de la casa de mi madre casi hay que extenderle una alfombra roja. Todos los años recibimos su visita en Navidad y Año nuevo, para tomarse el vermucito, mientras su hermana prepara la comida para toda una multitud. Manolito tiene mucha pasta, mucha, y a mi no me molesta en absoluto, salvo cuando se pone a criticar la economía de manera que el que le oye hablar diría que es un muerto de hambre. Manolito juzga, desde su posición de rico, a los que necesitan créditos abusivos e hipotecas axfisiantes: “La gente es tonta” dice, “la gente trabaja para los bancos”, “pues si no puedes tener esto o lo otro, no te lo compres”……

Ayer nos hizo partícipes de una de sus profundas conversaciones con el dueño de un concesionario de coches, y a mi, que no tenía pensado enfangarme en discusiones absurdas, no se me ocurre mejor cosa que hacerle a Manolito una pregunta que le dejó a él en evidencia y a mi metida de lleno en mi cruzada inútil para que se diga exactamente lo que se quiere decir. A saber:

Manolito – “Como dice un amigo mío, que tiene un concesionario de coches, los de la ciudad se compran coches normalitos, y llegan los de la aldea y se compran uno de cinco millones”.

Vitruvia – “Manolo, ¿los de aldea no tienen derecho a comprarse coches de cinco millones?”

Reconozco que el tono de mi pregunta fue tan suave que ya transmitía que iba a degüello. Sucedió lo que yo sabía que sucedería: no me entendió. Yo sólo pretendía que reconociera que aldea no es sinónimo de pobreza, ni cuidad sinónimo de posibles. Pues nada, por más que intenté explicar el motivo de mi inciso, no hubo manera humana, porque Manolito no está acostumbrado a que nadie le lleve la contraria, y se lo tomó como un ataque a su exposición. Y ahí me veis, enzarzada en batallas que no conducen a nada.

La nota graciosa es que cuando Manolito se fué, le dijo a mi hermana mayor en la puerta “cuidala, cuidala”, y yo me reí toda la tarde de esa frasecita, porque prefiero que me cuiden por estar loca a que me hagan la pelota allá por donde voy.  

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