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Archive for 28 mayo 2008

Sé que parece que me he vuelto muy cascarrabias, sé que parezco en guerra con el mundo, pero yo siento que es el mundo el que está contra mi.

Vengo de Vigo, ese lugar tan maravilloso para ir un miércoles a las diez de la mañana con coche propio. Vengo del mismísimo centro, de la Gran Vía, y si esto parece poco motivo para mi malestar añadiré que vengo de llevar a mi padre a la mutua. Me gustaría saber de quien fue la brillante idea de poner la mutua en pleno centro de una cuidad.

Ayer tarde mi padre sufrió un pequeño accidente laboral. Era ya la hora de salir, por lo que después de comunicarle al jefe lo del golpe que le dio un tronco en una rodilla, decidió venirse a casa con la esperanza de que el dolor disminuyese y poder trabajar hoy. Al no ser así, esta mañana recogimos el papel en la empresa para ir a la mutua, y allá que nos fuimos. Estoy convencida de que en los curriculums de los aspirantes a cualquier puesto en una mutua lo que más se valora es el borderío y la mala leche, porque a la que no vas con la cabeza colgando o un brazo a rastras ya te miran mal. Como era de esperar le han derivado a la seguridad social, ( y digo como era de esperar, porque con esta misma gente ya tuve que pelearme hace un par de años para que le dieran la baja a mi padre cuando, tras un golpe también con un tronco, ellos mismos le dieron doce puntos de sutura en la cabeza con la pretensión de que siguiera trabajando en el monte, él sólo, y a pleno sol) argumentando que lo de mi padre es artrosis, y de nada sirvió que le aclaráramos que la artrosis no le ha impedido trabajar hasta ayer mismo, justo, ¡qué casualidad!, hasta el momento de que un tronco le cayese encima de una rodilla.

En serio, en mi cabeza no cabe que pueda haber tanto maldito interés económico por parte de determinados sectores.

¡¡Gentuza!!

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Pereza

No me odiéis. Hace días que no enciendo ni el ordenador. Pero, aunque parezca incongruente, me acuerdo de vosotros a diario. Estoy en una etapa muy rara, no me apetece nada alejarme de este mundo y al mismo tiempo me da pereza sentarme a escribir. Siento un miedo atroz a que me olvidéis, os lo aseguro, pero siento que si eso ha de suceder no debo influir en ello, no sé si me explico.

Tal vez hubiera debido escribir una entrada de despedida pero tampoco quiero hacerlo porque mi intención no es la de dejar el blog. Es, exclusivamente, una cuestión de pereza. Sumemos a esto que ahora no estoy sola prácticamente un segundo, ya que Boss sigue en paro, y que dedicamos muchas horas a nuestro hobbie preferido: diseñar y realizar muebles. Pronto os presentaré a “Las Clandestinas”, y espero que nadie me denuncie por plagio, porque nombrar así a mis torres gemelas particulares no responde mas que a un afecto especial por determinadas personas, y que da buena prueba de que ya tenéis todos un lugar en mi vida y en mi mente que no será nunca reemplazado.

Puedo asegurar que casi cada uno de vosotros aparece por mi cabeza a lo largo del día por diferentes motivos. De Estil me acuerdo cada vez que veo un titular mal redactado o una frase mal construída, ( y no me entiendas mal, que ya te veo venir. Me acuerdo porque imagino que tú te debes subir por las paredes cada vez que oyes o lees algo así, ya que a mi me sucede y no estudié para ello…). De Paco me acuerdo cuando hay alguna noticia sobre jueces o fiscales, o de cuando se les oye hablar de lo desbordados que estan: “Ainss (pienso), lo que estará rumiando Paco”. De Irre me acuerdo si veo un sendero, una montaña… o un somier donde no debe. De Joako en cuanto veo un cuadro. De Banderas cuando entro en mi habitación. Vale, aquí es necesaria una nota aclaratoria. En mi habitación está el lapicero en el que tengo los bolis que me ha traído de Roma, Paris, Barcelona… Por cierto, Banderas, me encantó Tierra firme, estoy deseando leer los siguientes. De Belén me acuerdo mucho por motivos que espero que no os importe que me calle. Ya me contarás que tal todo. De Mariano, Clandestino y Mexileña creo que ya ha quedado claro que me acuerdo. De Covita, de Wen, de Manuel…, y de alguno más que ahora mismo puede olvidárseme, me acuerdo por motivos que no son tan concretos como para redactarlos pero que siempre hay algo que me los trae a la memoria.

No puedo cerrar esta entrada sin deciros que ya hemos arreglado lo del piso, que una vez que bajamos a decirle que no renovaríamos por no poder asumir semejante subida el hombre nos dijo que no era tal, que le habíamos entendido mal, que esa cantidad es la que él estima que vale el piso, pero que ya le merecemos una confianza y que nunca nos haría algo así. En fin, que borrón y seguir con la cuenta. Gracias por los consejos, los ánimos y hasta los ofrecimientos de ayuda. No dejo de sorprenderme.

Un besazo a todos, y permitidme que rompa mi costumbre de enlazar a todo aquel que nombro, pero es que en verdad me da una pereza… 

 

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Llevo, ahora mismo, 40 horas sin dormir, y no es por falta de sueño. Mi chica está malita y ando cual pelota de tenis, rebotada del centro de salud al hospital y viceversa.

Definitivamente tengo un imán que atrae a los hijos de puta. Ayer auscultó a mi niña un superhombre con un superfonendoscopio capaz de escuchar el pitido bronquial bajo tres capas de ropa. Sí, así es, cuando vuestro médico os levante la ropa para auscultaros decidle que se ha quedado en el pleistoceno medio, que eso ya está anticuado, que ahora lo que pega es auscultar a los niños con la ropa puesta. Pero fijaos que ese es el menor de mis males. Toparse con seres así pasa a un segundo plano en el justo momento en que otro hijo de puta decide salirte al paso, de repente, y te aborda en el rellano para darle a tu soga una vuelta más sin anestesia. Mi casero ha decidido, ahora, a dos meses de la renovación (tras cinco años de no darle ni un solo problema), y después de habernos asegurado hace cuatro meses que nos renovaba el contrato con una suba de 20 euros, que su piso vale, de golpe, 120 euros más al mes. Sí, amigos, ahora los pisos que están en la parte más pobre de un pueblo pequeño, donde se llega tras una cuesta brutal, y teniendo que subir después, en mi caso, a un segundo sin ascensor, vale 120 euros más al mes. Supongo que aun obviando las ventajas ya citadas el piso vale ese dinero y más, ya que pocos pisos quedan con estatus de zona arqueológica protejida, sino ya me contaréis donde podemos encontrar pisos que tengan aun los cristales de las ventanas unidos al marco con masilla; o que tengan una instalación electrica digna de museo que se sustenta en los plomos de toda la vida ( sí, esos diminutos cilindros alojados en una plaquita, y a los que, si le da por fundirse, sólo has de viajar en el tiempo para poder comprar un recambio y ponérselo tú mismo); donde por la mañana no has de hacer café, ya que te basta con abrir cualquier grifo para que salga agua marroncita con sabor a óxido; donde dos de cada cinco persianas se descuelga de sus oxidados y anticuadísimos rulos con una regularidad mensual que destila tufillo a polstergeist; donde cada mañana has de barrer el polvillo que cada noche ha dejado la carcoma tras su banquete en cada puerta; donde las humedades son tan abundantes y persistentes que con lo que saca mi deshumidificador cada día podría abastecer a toda Cataluña yo solita, y debido a la cual mis paredes pierden su precioso color a los quince días de haber pintado; donde la mitad de los enchufes simplemente estan de adorno, imagino que debido a ese sospechoso polstergeist; y así hasta el infinito.

Ya sé que salir de este piso más que un disgusto podría ser una bendición. Pero hay unos pequeños detalles que lo impiden. En dos meses no encuentro un piso que se adecue a mis necesidades ni por un precio que se adecue a mis necesidades. Y otro detalle más: una vez que nos aseguró que nos renovaba el contrato con una condiciones que nos parecieron aceptables hemos pintado toda la puta casa, dejándonos una puta pasta. Hemos puesto tanto trabajo y tanta ilusión que no es justo que nos haga esto, que a dos meses nos diga que si queremos un nuevo contrato debemos pagar 120 euros más al mes. Sé que la vida está muy cara, que en todas partes los pisos estan por las nubes, pero creedme, esta mierda de piso en Redondela no vale 60 mil putas pesetas al mes. 

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Arte

Siempre me he sentido atraída por las cosas originales, haciendo caso aquí a la segunda acepción que el diccionario de la lengua española otorga a esta palabra, y que dice así: “Dicho de una obra científica, artística, literaria o de cualquier otro género: Que resulta de la inventiva de su autor”.

Ayer me compré un cuadro. Inmersos como hemos estado en la fiesta del Choco, producto famoso en esta villa, donde sus habitantes somos “choqueiros” y en la que hasta el club de futbol se denomina así:  C.F. El Choco, de Redondela, se han instalado en la zona acotada para el evento toda clase de puestos típicos de las fiestas. Ayer, ya de retirada, paseando por esos puestos a media luz, cuando en la zona de baile no quedan más que papeles y colillas, llegamos hasta una exposición donde las obras estan a ras de suelo mientras el autor, entre vigilante y espectante, pasea a escasos metros de su obra. Relacionando su aspecto con la temática de su obra me atrevería a decir que era africano. Su ropa estaba protegida por una funda multicolor, llena de miles de salpicaduras típicas del que se dedica a trastear con pinturas de todos los colores. No muy lejos había una mesa con sus herramientas, entre las que sobresalían, en cuanto a número, los contenedores de la pintura y que no eran más que culos de botellas de agua, utilizados y reutilizados a juzgar por las capas de pintura seca que se superponían unas a otras.

Tuve un flechazo con el cuadro que le compré. Ni siquiera tengo decidido donde lo pondré, por lo que no ha sido un cuadro comprado por la necesidad de rellenar un hueco en una pared.

Me suele suceder que cuando me compro algo bastan diez minutos para saber si la compra ha sido acertada o precipitada. Una vez transcurrido este tiempo miro de nuevo el objeto adquirido, y, o bien me arrepiento y ya no le veo el encanto por ningun lado, o lo miro y me enamoro más. En este caso ha sucedido lo segundo. Mientras iba para casa lo miraba y lo remiraba, y hasta me asaltaba el miedo de que podría haberlo dejado allí. He descubierto en él, además, algo que me gusta más aun que el propio cuadro, y es su parte de atrás, que lejos de ser un bastidor pulcro y sin alma tiene la madera llena de pinceladas perdidas y marcas de las manos manchadas de quien trabaja anteponiendo la pasión a cualquier miramiento o a cualquier precaución.

No entiendo de arte, puede que este cuadro no pertenezca ni siquiera a esa categoría entendida como tal, y puede que por eso mismo, sinceramente, no alcance a ver la diferencia entre mi cuadro y uno de Andy Warhol, por ejemplo. Y es que, el que yo me he comprado, tiene el encanto añadido de no haber sufrido por el camino las necedades del intermediario, que convierte la adquisición en mero negocio, aniquilando en el comprador el placer de recoger la obra de manos de su autor, de mirarle a los ojos y decirle “gracias” y que es mil veces más gratificante que el hecho de colgar y exponer en mi pared mil Picasos.   

  

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