Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 27 enero 2009

Xuntaletras

Miro las letras, parecen dormidas. Con mimo, las voy despertando, y las hilvano de manera que luzcan bonitas, que se vean bonitas. Conformo con ellas paraísos para mi. Ellas se dejan. Por alguna extraña razón confían en mis manos. Imagino mundos en azul, en violeta…… en gris. Saltan del teclado a mis dedos en xuntaletras danza deliciosa y asimétrica. Armónica manera de componer una sinfonía de palabras con un piano de letras. Cierro los ojos y me dejo llevar. Graves, agudos, acentos, comas, puntos …… Palabras que me sorprenden, que se hacen visibles de repente; culmen del concierto. Cada caricia una frase. Cada frase un suspiro. Cada suspiro un sueño.
Hora de abrir los ojos, de descubrir el resultado. Y el resultado es que éste no importa. Sólo importa seguir tocando.

Anuncios

Read Full Post »

Decepciones

Infinidad de veces he oído cosas como que cuando uno no mira a los ojos algo tiene que ocultar. Y, como siempre, no es hasta que no se experimenta que uno no se da cuenta del verdadero significado, y de cuan lejos estamos del verdadero sentido, de esas frases que repetimos una y otra vez de una manera completamente vacía de contenido hasta entonces.
Hay alguien en mi vida que no se está portando bien, alguien que de repente aparece para poner de manifiesto que siempre hay quien no ve más allá de sí mismo y que piensa que el sitio que ocupa, siguiendo el orden que le proporciona la edad, es suficiente crédito para que se le perdone todo. Ese alguien ha ido perdiendo mi afecto con la misma celeridad con la que despilfarra lo que luego yo tendré que abonarle para que desaparezca.
De frente Yo siempre miro a los ojos, siempre. Es esencial para mi. Es mi manera de decir: aquí estoy, así soy. Como un árbol en invierno, desnudo, sin nada que esconder. Pues a esta persona soy incapaz de mirarla a los ojos. Alguien podría pensar que escondo algo, y efectivamente escondo algo: me escondo yo entera, me oculto de quien no quiero que me conozca, porque le considero inmerecedora de ello.

Read Full Post »

A tu vera

Lo primero que se deducía al ver cómo agarraba el bolso es que le faltaba la costumbre de hacerlo. Las manos juntas y apretadas contra el pecho, casi retorciendo el asa; la espalda recta y las piernas encogidas, tensas, formando el regazo sobre el que descansaba la preciada pertenencia; la mirada alerta a cualquier movimiento. Así estaba él.
Ella, en cambio, se esmeraba en mantener la poca dignidad que una raída camisola abierta en la espalda permite. Eso sí, los zapatos impecables, el moño en su sitio y los labios … … bueno, hay perfiladores que no saben sortear con tino los surcos que dejan los años.
Podría parecer que la conversación huía, que el silencio entre ellos era absoluto, más si uno presta atención puede enterarse de todo.
A tu vera Él gritando con el gesto que les dejasen volver juntos a casa, ella suplicando calladamente poder irse con aquel calamidad que no se valía sin ella.
Y al bolso bastaba mirarlo para sentir la angustia de estar siendo estrangulado, que uno también sufre, a pesar de ser sólo un viejo, curtido y manoseado trozo de piel.

Read Full Post »

Soy consciente de que por mucho que una se desnude, como hago a veces en este blog, nunca se tiene una imagen real al cien por cien de cómo es la persona que escribe. Creo que a veces doy una imagen muy cándida de mi, como si jamás rompiera un plato. Pero no quiero engañar a nadie: Vitruvia también tiene su lado diablesco. Mis últimas fechorías son calcadas unas a otras. Mi padre tiene un humilde Ford Orion, que entre semana no utiliza porque usa el de la empresa, y que por lo tanto está aparcadito ante la puerta, muerto de risa. Me lo suelen dejar para hacer la compra grande, la mensual, o si tengo alguna cita médica a la que no llego en bus, por aquello de los horarios. Pero eso de que lo utilice para disfrute mío y de mi familia como que no les hace mucha gracia. Hasta ahora yo cumplía esto a rajatabla. Pero ahora le he cogido el gusto a darme unas escapadas, sin mentirles, pero sin decirles toda la verdad. Sí, se puede.
El viernes nos escapamos toda la tarde a Baiona, y de ello resultó uno de esos momentos en que crees que vas a reventar de felicidad. gaivota Viento considerable, sol tímido y huidizo. El mar empeñado en subirse a las rocas y la mente dejándose empapar del ruido que provoca en su intento. Las gaviotas, todas, revoloteando alrededor de una señora que las llamaba a cada una por su nombre y les lanzaba comida que ellas cogían al vuelo. Era un festival de sensaciones. Me acerqué despacio, corriendo el riesgo de salir a bastonazos porque aquella señora tenía el punto justo de locura para molerme a ellos si la molestaba, y así me lo hizo saber con la mirada cuando me agaché todo lo cerca que pude, parapetada tras una roca del acantilado. A partir de ahí disfrutar de aquel baile delicioso de cientos de gaviotas a mi alrededor. Aparecían por todas partes y desaparecían por el mismo sitio. Mi pobre móvil no daba abasto, pero da igual. Hasta donde no llegó él llega mi memoria.

Read Full Post »

Una de esas cosas que me suelen suceder, y que más placer me produce, es que un libro me busque.  Libros que caen en mis manos inesperadamente y que, además, cada uno de ellos busca una nueva e imaginativa vía para llegar hasta mi. Me sucedió con Levantado del suelo, que me gritó desde el fondo de una pila de libros que le estaban afixiando; y me pasó también algo muy especial con La tinta azul de la memoria, que decidió darse una vuelta por Redondela, para luego regresar a mis manos; y algo parecido con Juegos de la edad tardía, que me esperaba tranquilamente en un banco del parque donde a veces me siento a leer. Libros de de los que desconocía, salvo el de Mariano, hasta su existencia, y que decidieron ser leídos por mi. Afortunadamente me ha vuelto a ocurrir.

El noventaynueve por ciento de mis libros llegan a mi de la manera más tradicional. Esto es, me voy a  Moliere, pido el libro y ellos ya se encargan de buscarme una edición baratita, porque ya saben, por mi boca, que leo más de lo que me puedo permitir. Pero hete aquí que de esto ya se ha enterado el último que me ha buscado.

viciosHace unas semanas Mariano recomendó La higuera, de Ramiro Pinilla, y allá que me fui. Todo sucedió segun dicta mi costumbre, es decir, dar a conocer título y autor, y hasta dentro de unos días. Fue al ir a recogerlo cuando se rompió la cotidianidad. Quiso el destino que el posit con mi nombre tapara el nombre del autor, quedando sólo descubierto el título, La Higuera, con lo cual me lo llevé a casita sin sospechar siquiera que no era el libro que yo había pedido.

No fue hasta dos días después cuando descubrí que el autor de mi particular higuera no era Pinilla, sino que al retirar el posit quedó por fin a la vista el nombre de François Maspero. Debido a estas charlas que se tienen, los libreros me recordaron la posibilidad de devolverlo. Ni imaginaban que estaban proponiéndome poco menos que un crimen, ¡devolver un libro yo!. No sé qué me deparará la lectura de éste libro que hoy empiezo, pero a priorí, y teniendo en cuenta las anteriores experiencias con libros de vida propia, no creo que me defraude una historia que, para más inri, es de libros y libreros. Y que nadie se alarme, ya está en mi mesilla la otra higuera, la de Ramiro Pinilla. Este viejo vicio mío no ha hecho más que empezar.

Read Full Post »