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Archive for 23 julio 2009

Desnudeces

Este año habrá más de un meteorólogo contento: por fin llueve en Galicia en verano. Sí, decididamente, éste está siendo un verano de mierda. Así que voy poco a la playa. Bueno, esto no es del todo cierto, yo voy aunque me llueva, como me pasó antes de ayer, que pensé que mi mediana me salpicaba y lo que ocurría es que empezaba a llover.
A lo que voy. Mi playita es pequeña, apenas una franja de unos 50 metros de largo por tres de ancho cuando la marea está alta. Vamos prácticamente los mismos usuarios todos los días, incluso podría decirse que tenemos cada uno nuestro sitio. Alguna vez viene alguien que no es habitual y no levanta más expectación que la propia de lo inusual. Es decir, evidentemente vemos que hay alguien nuevo pero nada más. Pero este año hay una chica nueva. Viene casi cada día. Unas veces sola y otras acompañada. Y con los días que hace que viene ya deberíamos -bueno, hablo por mi- haberme acostumbrado a su presencia si no fuera por un pequeño detalle: practica el nudismo.
Presumo de tolerante, pero esta niña me ha puesto en las narices que no lo soy, al menos no tanto como creía. Y me da mucha rabia. Cada día me pregunto a mi misma por qué me molesta que esté desnuda en la playa. Mis hijas lo ven tan natural que ni siquiera han reparado en ella. Y si me preguntaran sobre ella, sobre la chica, tengo clarísimo que defendería su actitud, y les haría ver que la desnudez es tan natural como comerse un bocata de chorizo, porque realmente así lo creo. Entonces por qué puñetas me molesta su presencia.
Hace unos días llegué a la conclusión de que lo que me molesta no es que esté desnuda sino que lo que me enfada es que se salte las “normas”. Vale ¿qué normas? En la playa hay carteles que indican la prohibición de tirar basura, de llevar perros en época estival, etc… … pero no hay carteles que impidan practicar nudismo, por lo que la norma está en nuestra estúpida cabeza. No hace daño a nadie. Nadie parece molestarse con su presencia, a pesar de que casi todas las habituales pasan de los sesenta -algo que me hace sentir cierto orgullo interno-, entonces, donde está el problema.
Creo sinceramente que lo que me molesta, en realidad, es que me ha dejado desnuda a mi, sin mi bonito traje de tolerante.

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premios20blogs Hace más o menos un año tuve la brillante idea de inscribirme en un famoso concurso de blogs (el de 20minutos, evidentemente), y cuando vi que mi querido Mariano estaba inscrito creí -por aquellas absurdeces mías- que no estaba bien que me apuntara yo también. No le deis vueltas. El caso es que tras pensarlo, y volverlo a pensar, y repensarlo de nuevo, me di cuenta de la absurdez y me puse a rellenar el formulario. Cubrí todos y cada uno de los apartados mientras invertía mentalmente el dinero del premio. Vale, sí, estaba plagiando el cuento de la lechera. Y el cántaro se me rompió al darle a “enter”. Tal cual. El mensaje que apareció a las doce y diez de la noche de aquella noche fue: “Lo sentimos, pero el plazo de inscripción ha finalizado”. ¡Ahhhhhhhhh! ¡Diez minutos! Os lo juro, creí que me cargaba el ordenador. Ya conocéis mi máxima: “todo sucede en el momento adecuado”, y me consolé pesando en ello. No era mi edición.
Anoche ataqué de nuevo tras comunicar a mi familia que iba a dedicarme a ello de pleno (a relanzar el blog, quiero decir).
Es sorprendente la facilidad que tengo para abstraerme de ciertas cosas. Este año no daba con la página de inscripción, así que al ver que era requisito indispensable estar adscrito a la Blogoteca recordé que yo ya era usuario, y tras jugar a la ruleta con el posible nombre y contraseña dí con la página adecuada sin que se me pasara ni por la imaginación que pudiera haber concluido el plazo de inscripción. Hasta que…..¡Zas! ¡Ha acabado el ocho de Julio!
Decididamente tengo que poner una alarma en el móvil

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No me gustan…

incívicoNo me gustan los que primero frenan y luego ponen el intermitente.
No me gustan los que hacen muecas de impaciencia frente a la lentitud de los mayores en la cola del super.
No me gustan los que confunden amabilidad con servilismo.
No me gustan los que salen de cualquier local creyendo que la calle estará vacía.
No me gustan los que, por cuarenta centímetros, aparcan invalidando la plaza anterior o posterior.
No me gustan los que se meten con el paraguas abierto hasta la cocina.
No me gustan los que cruzan un paso de peaton sin variar su ritmo de paseo.
No me gustan los que no respetan la máxima de dejar salir para poder entrar.
No me gustan los que nunca utilizan el por favor y el gracias.


Que se compren un mundo y vivan allí a su manera.

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