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Archive for 29 septiembre 2009

Donde fueres… …

Tengo un poco de miedo a, con el tema de hoy, estar jugando con fuego. Como siempre, todo lo que vierto aquí es sólo mi opinión, y no tiene más valor que el que cada uno quiera darle.
He tenido muy a menudo discusiones con una prima mía debido a las normas del colegio en nivel infantil. La razón es casi siempre la misma: poder llevar o no mochila, poder merendar un determinado alimento o no, y así hasta el infinito. Siempre me ha costado convencerla de que no se trata del tamaño de la mochila, o del gusto de la niña, sino de acostumbrarlos a cumplir y respetar las normas, sean las que sean. Pues nada, ella se empeña en… ¿cómo podría decirlo?, individualizar esas normas y centrarse en que su niña no molesta a nadie llevando mochila y no la obligatoria bolsita de merienda que han de llevar. Si hay normas hay que cumplirlas, nos gusten o no, y sino nos vamos a donde las que haya nos gusten o podamos saltárnoslas.
Si extrapolamos esta conclusión a lo que ha pasado con Fátima Hssisni no es difícil imaginar lo que pienso. Me arriesgo a ser tratada de racista, y me daría pena que eso sucediera. No conozco en profundidad todo lo que hay detrás de este tema, así que generalizaré. Y generalizando entiendo que hay gente que se va de su país porque las cosas allí no van bien, y generalizando más, pero centrándonos en paises de mayoría musulmana, las cosas no suelen ir bien porque el equilibrio entre religión y sentido común está descompensado, absorviendo la primera todos los esfuerzos de la gente. Y esa gente huye a países donde las cosas funcionan mejor. Y yo, con todo mi ignorancia por delante, me pregunto: si aquí las cosas funcionan mejor que allí, ¿por qué no aceptarlo? ¿por qué perpetuar aquí lo que no ha funcionado allí, y que cada día sigue destruyendo pueblos y vidas?
Me gustaría mucho comprenderlo, porque lo entiendo pero no lo comprendo, e invito a cualquiera a que me dé una razón o una explicación convincente a todo ello.

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De válvulas y tacones

Tarde de viernes. Un calor que ni en el Congo. Mi chica y servidora en la playa. Yo en el agua haciendo experimentos con el móvil y una hoja de un árbol cualquiera, y ella que se me acerca tapándose con las manos toda parte púdica:
– Má, ¿qué haces?
– Fotos. ¡Hombre!, ahora te ha dado por taparte el chirimiri.
– Si. Por cierto, ¿sabes que en realidad se llama “válvula”?, (¡!)
Os juro que todavía me cuesta no reirme cuando lo recuerdo, jajajajajaj. Evidentemente se refería a la vulva.
Con motivo de esta nueva perla de mi chica he decidido que abriré una nueva página en el blog (las pestañitas de arriba) dedicada sólo a estas pequeñas joyas que suelta, y que actualizaré, independientemente de las entradas diarias del blog, a medida que vaya abriendo la boca. Si algún día estáis de bajón daros un paseo.
Casualmente hace ya días que me rondaba por la cabeza abrir otra pestaña, pero ésta con pifias que me encuentro en algún que otro libro. Y el honor de inaugurar esa nueva sección no podía tenerlo otra que………(trrrrrrrr): La Kostova, por una frase en La historiadora que paso a reproducir:
“Entre las minifaldas y espantosas botas de pesados tacones de moda, calzaba ajustados zapatos negros de fino tacón” (Pág. 236)
¡Ea!

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Mira que era difícil superar a la Lessing. Mira que el listón del aburrimiento y el tostón había quedado alto. Pues bien, ha venido Elizabeth Kostova y ha dicho: “Yo puedo escribir una historia tan incoherente o más, tan infumable o más y tan aburrida o más”
Y aquí me tenéis, intentando deshacerme de La historiadora para poder entregarme a los que me esperan en la mesilla y que son delicatessen. Y esto me pasa por pobre, así de simple, porque si no me hubiera quedado sin nada que leer no hubiera aceptado el préstamo.
Ahora he tenido un golpe de suerte y tengo en la mesilla tres, ¡tres!, que me esperan impacientes. Bueno, tampoco es eso, la impaciente soy yo. Pero no me digáis que no os encantaría leer La elegancia del erizo, Jane Eyre o Pedro Páramo. El primero ya es muy especial para mi porque a dos personas les ha parecido reconocerme en uno de sus personajes. Jane Eyre porque me apetece mucho comparar a las hermanas Brontë. Y Pedro Páramo… …qué puedo decir que no se sepa; me he leído sólo la primera página (nunca he sabido lo que es la paciencia) y ya no me aguanto más. Intuyo que se convertirá en uno de mis libros favoritos.
En fin, que a ver si este fin de semana me libro de la Kostova y vuelvo a disfrutar de la lectura.

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Merengues amarg(ad)os

Que mis niñas no son normales lo sé desde hace tiempo.
Caramba, suena feo. Creo que empezaré de nuevo.
Que mis niñas son especiales lo sé casi desde que nacieron. Supongo, bueno no supongo, sé, que para cada padre y madre los suyos tienen algo que los hace diferentes, pasiones aparte.
Yo voy a contaros y vosotros juzgaréis sí lo son o no.
Mi mediana sólo tiene once años y ya casi me mira por encima del hombro, de la altura que tiene, quiero decir.
Mi chica se ha pasado el verano en la playa en pelota picada, eso sí, cada vez que iba a bañarse tenía que ponerse el bañador.
Ahora bien, la palma se la lleva mi mayor. Trece años. Este verano el sofá ha tomado la forma de su culo, pero no por ver Hannas Montanas varias o vídeos musicales de niños monos. No, mi mayor se ha chupado hasta el último campeonato de todos los deportes habidos y por haber. Que yo recuerde se ha tragado el de natación de Roma y el de atletismo de Berlín; El giro, el tour y la vuelta; nada que decir de los de moto Gp, 250 y 125; por supuesto la F1; están también en el saco los Roland Garros, Wimblendon, copa Davis, masters mil…; etc, etc…Ay queridos, pero hay un deporte que me la lleva por la calle da la amargura. Sí, el fútbol. Y encima me ha salido culé. Mi niña no me pide el Nuevo Vale, no, mi niña me pide el Sport. Y no se conforma con nuestra liga, sino que se sigue la italiana, la premier, y lo que le echen. Es tal su pasión por este deporte que el juego que más le gusta de la Play Station no es otro que el Fifa noséqué. ¿Y qué dos equipos creéis que se coge? Correcto, el Madrid-Barça o Barça-Madrid, y ¿con qué equipo creéis que juega ella? Pues no. Aquí ya rizamos el rizo. Mi mayor juega con el Madrid. Sí, sí, preguntadme el por qué de esta contradicción. Yo os lo digo, mi mayor se coge al Madrid para que gane el Barça. Se mete goles en propia puerta como churros hay en una verbena. Pero ella no elige a cualquiera para que los meta, ella se los hace meter a Raul, y cada vez que lo consigue alcanza el delirio y se recrea de una manera inhumana, viéndole a él y a Casillas poniendo cara de agobio y desesperándose.
Ahora decidme si esto es normal.

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Una gran superficie que opera en España ha decidido retirar las bolsas de plástico que hasta ahora venía sirviendo gratuitamente a sus clientes con el fin de que éstos se llevasen los productos que adquieren a casa. Otra cadena, ésta española, te descuenta un céntimo por cada bolsa que no utilices (aquí habría tema para urgar, porque, puestos a no utilizar, no utilizo ninguna de las … … pongamos … mil bolsas? que en ese momento puede haber en el local). Otras dos, las menos hipócritas creo yo, directamente te las cobra. Todas se ponen medallas aduciendo que adoptan estas medidas para preservar el medio ambiente. ¡Y una mierda! (con perdón) Medidas son las que yo tomo, que estoy hasta el moño de reciclar. Sip, lo reconozco. Ayer me miré en el espejo y me vi un ojo verde (para el vidrio), una uña negra (para los desechos orgánicos) un mejunje amarillo saliendo de mis orejas (para las latas y briks) y el pelo azul (para el cartón). Bueno, vale, aun no tengo el pelo azul, pero es que no me coje el tinte.
Va, me pongo seria.
No sé si esta medida responde a alguna ley, porque como algunos sabéis yo estoy en el mundo porque tengo que estar, pero lo que sé es que no me parece serio que nos quieran hacer tragar que lo hacen con fines medioambientales. Si así fuera las retirarían y punto, no dando lugar a que los insensatos les puedan dar un fin incorrecto. Si así fuera, si lo hicieran por no contaminar, no estarían las charcuteras a tres metros de la linea de cajas quitando el film transparente al queso, para cortarte tu trozo, y volviendo a envolverlo en un nuevo film, y así cuarenta veces si cuarenta clientas se llevan queso.
Una vez más, y en un tema más, vuelve a ser necesario el sentido común. Yo, recicladora enfermiza donde las haya, no tengo reparos en pedir e utilizar una bolsa de plástico si la necesito. Eso sí, luego sé qué he de hacer con ella. Los que me asustan son los que van de verdes y en su casa hay sólo un negro y sucio cubo donde va toda la basura.

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Con motivo del comienzo del curso escolar, y de la vuelta al trabajo de Boss, vuelvo a tener un montón de tiempo para mi; concretamente una horita escasa. Y no sé qué hacer con ella. Entendámonos, no sé por cual de las mil tropecientas cosas que quiero hacer decidirme.
Antes lo tenía muy claro y, como ya di cuenta en este blog, esa hora la dedicaba a leer en una cafetería mientras me tomaba el cafecito. Con la inclusión de Boss en las listas del paro esa costumbre quedó un poquito aparcada. A raíz de una recomendación médica, Boss empezó a caminar por las mañanas para coger un poquito de fondo y empezar a correr, pero hete aquí que la que le cogió el gusto al ejercicio mañanero fui yo. Ahora me debato entre irme a leer o irme a (casi) correr, habida cuenta de que cualquiera de las dos actividades he de realizarlas no antes de las nueve, que es cuando dejo a las niñas en el cole, y no más allá de las diez, que es cuando ha de empezar mi jornada de ama de casa.
Ainsss, puede parecer una bobada pero no consigo ponerme de acuerdo conmigo misma, y todo por tozuda, porque la mejor opción es dedicar días alternos a ambas actividades, pero es que quiero las dos cada día, y no me cuadran los horarios. Evidentemente ya he barajado la posibilidad de levantarme a las seis e irme a correr antes de que haya vida en mi casa, pero tengo serias dudas sobre poder llevarlo a cabo, ya que apenas duermo por las fantasías de mi chica, que ve fantasmas noche sí noche también.
Lo que está claro es que tengo que cerrar el planing ya, porque cuando no leo todo lo quiero (que es mucho) me pongo de un humor que no me lo soporto ni yo misma, y, por otro lado, mi volumen ya no lo soportan ni mis huesos ni mi ego.

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Con motivo de obligarme a escribir estoy llevando a cabo un ejercico que me está resultando muy duro, y que pone de manifiesto que nunca seré capaz de librarme de mi gran lastre en esta vida. Nada como escribir para poner las cartas boca arriba y ver las cosas claras. Nada como mirarme por dentro para saber que nunca haré lo que debo.
Ella no varía un ápice su manera de comportarse y yo sigo poniendo la otra mejilla. El ejercicio me lleva a imaginar la vida sin ella, sin mi madre, y la sensación de desamparo se hace tan latente que me siento incapaz de afrontarla. Y entonces lloro. Lloro hasta la desesperación por haberla perdido, por no haber aprovechado ni una sola oportunidad de esconder las cicatrices de su trato y enseñarle mi mejor cara, por no haber puesto toda mi humanidad a su servicio. Y entonces dejo de escribir y me descubro estúpida, por adelantarme a un sufrimiento que puede que no llegue a sentir. Y siento vergüenza al llorar por alguien que está más viva que la misma vida. Y darme cuenta de que está viva me lleva de nuevo al sufrimiento, a ser consciente de que todo eso llegará y sentiré un arrepentimiento que no existiría si tuviese valor ahora. Valor de mirarla a los ojos y decirle que la amo a pesar de todo, valor de poner mi mano en su mejilla y hacerle sentir algo que quizá no ha sentido jamás. Valor de llevar al límite mi capacidad de olvido para volver, por enésima vez, a empezar de cero.

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