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Archive for 29 octubre 2009

Lunes, 26 de octubre;
7:00 am: Saltar de la cama (con perecilla, pero salto)
9:00 am: Desayuno (por denominar de algún modo a un vaso de leche fresca tomado a la carrera)
9:30 am: Cita con el pediatra (mi mayor)
10:30 am: Compra morrocotuda (tras el finde, nevera vacía)
11:45 am: Vuelta a casa con compra morrocotuda y dolor de chepa; casa por arreglar, pasta de croquetas por hacer, comida por hacer…
2:15 pm: Por fin un segundo con las posaderas en una sillita mientras engullo comida.
3:00 pm: Tras servir el segundo turno de comidas (mi mayor sale a las 14:30) fregar cocina, colgar lavadora, hacer de profe con la peque…
4:15 pm: A patinar con la peque mientras haga solecito (yo no patino, leo, pero de pie; en la pista no hay bancos, grrrrr)
6:15 pm: P´a casita (meriendas, coger ropa, doblar ropa, colocar ropa*)
8:00 pm: Preparar cena niñas, administrar cena niñas, preparar cena de Boss (que tiene turno de tarde), dar forma a la masa de croquetas anteriormente citadas…
9:30 pm: Teléfono (papá que me trae a mamá para que les acompañe a urgencias por dolor abdominal)
10:30 pm: Salimos de urgencias -Redondela- camino del hospital de Vigo (imposible la emisión de diagnóstico por falta de medios en Redondela)
11:30 pm: Llegada y entrada al hospital (eso sí, perfectamente encajadas en un mínimo rincón de una sala de espera con oberbooking)
00:00**: Esperando…
1:00 am: Esperando…
2:00 am: Esperando…
3:00 am: Esperando…
3:15 am: Pasamos (por fin) a un box, donde tras exploración se solicita lo de costumbre: analítica y placas, sabiendo ya que el resultado de la primera se obtendrá al cabo de, como mínimo, tres horitas de ná.
3:30 am: Cambiamos el incorfortable box por un maravilloso rincón de un pasillo con vistas a: fila de camillas y sillas de ruedas, con pacientes incluidos, a la derecha; filas de camillas y sillas de ruedas, con pacientes incluidos, a la izquierda; largo mirador al frente desde donde contemplamos a discreción el trajin de los 12 boxs.
4:00 am: Esperar…
5:00 am: Esperar…
5:30 am: Traslado a box (para comunicarnos que debemos esperar hasta las 8.00 am para hacer un escaner de la parte dolorosa y dolorida)
5:35 am: Cambiamos a mamá de la silla de ruedas a una inconfortable camilla para pasar el resto de la noche
5:40 am: Reubicación en un nuevo sitio de pasillo pero con idénticas (o casi) vistas.
6:00 am: Esperar…
7:00 am: Salir (antes de morir) a tomar un café, llamar a Boss (ya son horas), a papá (ya son horas), pagar el ticket de la zona azul (a partir de las nueve hay que ponerlo y ya preveía una mañanita larga…)
7:50 am: vuelta a mi inconfortable rincón del pasillo (sin novedad)
8:00 am: Esperar…
9:00 am: Esperar…
10:00 am: Esperar…
10:15 am: Acompañar a mamá al baño a miccionar (por fin algo emocionante)
10:20 am: Amable enfermera que se acerca y nos entrega un botecito para que mamá haga pis (¡¡a buenas horas!!)
10:30 am: Esperar…
11:00 am: Acabado el período pagado de zona azul, y ante la imposibilidad de mantener los ojos abiertos lo suficiente para no parecer dormida, decido abandonar el hospital para ir a por refuerzos (papá) no sin antes llamar a un cuñado que pasaba por allí para que se quede con mamá mientras no llega papá. (Aquí debo aclarar que he dramatizado la escena en pos de mantener la atención del lector, ya que mi marcha se debió al acoso y derribo al que me sometieron mi madre por un lado y mi padre por otro)
11:50 am: llego viva a casa de papá (de milagro, porque conducir con mi nivel de agotamiento para salir de un Vigo como siempre congestionado tiene lo suyo)
12:30 am: Llego a mi casa (ahhhhhhhhhhhh…) y como algo, porque desde el día anterior a la hora de la comida no ha ido a mi estómago más que el café de las 7:00 am.
12:45 pm: ducha… (maravillosa, reconfortante, cuasi orgásmica)
1:00 pm: En un último esfuerzo pongo la mesa para que las niñas al llegar se pongan la comida que Boss les ha dejado preparada antes de irse a trabajar.
1:05 pm: Me tiro en el sofá (no confundir con: me tiro al sofá)
1:15 pm: Tras 30 horas con los ojos como platos empiezo a notar el peso de los párpados.
1:20 pm: Ya no noto el peso de los párpados, aunque intuyo que ronco.
1:30 pm: (Pero) suena el teléfono (e increíblemente lo oigo, lo que me obliga a ir por toda la casa dando tumbos hasta encontrarlo, pero en un estado de descoordinación absoluta, resultado indefectible de que mi mente no acompaña a mi cuerpo; la muy zorra sigue dormida en el sofá)
1:35 pm: Me visto como puedo para salir a buscar (andando) a mi mayor, que me acaba de llamar del cole porque se encuentra mal.
1:45 pm: Llego al cole y empiezo a sospechar de que hay una confabulación judeo-masónica contra mi, ya que he de rellenar de mi puño y letra el justificante de abandono de centro escolar en hora lectiva (juro que fui incapaz de saber a qué día y hora estábamos, teniendo que pedir ayuda a una secretaria que quedó convencida de que yo iba completamente drogada)
2:00 pm: Llego de nuevo a casa (ahhhhhhhhhhhhhhhhhh………) y me vuelvo a tirar en el sofá (no confundir con… …)
2:15 pm: Quedaba una hermana por avisar. La llamo y le cuento lo acontecido.
2:30 pm: Suena el móvil (mi otra hermana -que a esas horas ya acompaña a mi padre- me cuenta que ¡¡¡¡a las 2:00 pm!!!! le han hecho el escaner a mi madre).
2:45 pm: Empiezo a dormitar 32 horas después de que comenzara mi día (ruido de fondo de mi niñas comiendo, susurrando para dejarme dencansar, discutiendo olvidándose de mi, reconciliándose….)
4:00 pm: Se acabó la siesta: trajín de teléfono con resultados, medidas a tomar, entradas y salidas de niñas a actividades extrescolares…
4:30 pm: Trajín de teléfonos (¡qué gran día para vodafone!) para confirmarme que mámá se queda en observación.
5:00 pm: Intento de ordenar mínimamente la cocina, hacer cena que pronto vendrá papá a recoger, hacer meriendas y cincuentamil cosas más que me mantengan activa o me desplomo en cualquier esquina.

Llegados a este punto me parece agotador seguir relatando (y que sigáis leyendo) el resto del día paso a paso. Sólo diré que los médicos cambiaron de idea, mandaron a mi madre para casa con antibióticos, yo seguí dale que te pego hasta las siete que me fui a su casa para hacerle también a ella la cena, y que conseguí irme a la cama a las 22.30 absolutamente agotada.

*: Como habréis sospechado no siempre plancho antes de colocar
**: Sí, un nuevo día ha comenzado

PD: Mamá está perfectamente.
PD2: No me esperéis aun por vuestros blogs; sigo intentando recuperarme, ya que todo lo narrado coincidió en el tiempo con un proceso catarral que me trae de cabeza.

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Mi mayor hoy no ha podido ir al cole. Tras ducharse y prepararse me ha dicho que no podía con su cuerpo. He comprobado que tenía fiebre, acompañada de dolor de cabeza y dolor en el pecho al respirar. Hasta aquí todo normal, incluido mi procedimiento, que en estos casos suele ser de expectativa. Nunca salgo corriendo al médico hasta tener claro que hay algo. Le he dado ibuprofeno y hala, al sofacito con un montón de mantas y la siempre, en estos casos al menos, socorrida tele para mantenernos entretenidos.
Hace una media hora han llamado al teléfono y yo no podía ponerme así que ha sido ella, que ya se encuentra mucho mejor, la que ha contestado. Era del cole, según ella cree era el director, que preguntaba por mi. En cuanto he podido he llamado, creyendo que la razón de la llamada sería inquirir el motivo de la falta de asistencia. La secretaria me ha dicho que el direcctor estaba reunido pero que seguramente llamaban para tranquilizarme (¡¡ein!!).
Tal y como están las cosas yo creo saber por donde va el tema, pero vamos, si preguntaran primero el motivo tranquilizarían más, porque vamos, si yo no fuese un témpano de hielo en estos casos, ahora mismo estaría histérica perdida.
Lo que yo te diga: Excusatio non petita…, accusatio manifesta

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Parece que ha llegado el otoño. A pesar de ser mi estación favorita este año me está costando desprenderme del síndrome de abstinencia que la huida del verano me provoca cada vez que se va. Me dura poco, es cierto, porque en cuanto me doy un buen paseo por algun paraje sembrado de hojas secas ya no me apetece ningun otro clima, pero…… hace sólo tres días estaba bañándome en la playa.
No deja de ser curioso el hecho de que cada último día de playa, de cada año, se quede en mi memoria por algo. Hace años, el último día de playa llegué a casa y me encontré con el horror del 11-S. Otro año, en cambio, y afortunadamente, lo recuerdo por algo mucho más agradable, y es que había mareas vivas que inundaron completamente el arenal dándonos la oportunidad de disfrutar del agua de otra manera.
Este año no podía ser menos, y tuve la oportunidad de presenciar un concierto que nos ofrecieron -a mi chica y a mi- unos alemanes que a todas luces estaban haciendo el camino de Santiago. LLegaron hasta aquel rincón seguramente guiados por alguien que les explicó donde está la playa. Sucede que, a veces, se alejan del albergue para remojar los doloridos pies. Tras un “hola” que ya establece una complicidad especial se intalaron a nuestro lado en la arena. Mi chica con un cuento y yo con un libro. El resto de la playa solitaria. Primero un tímido tarareo por parte de una de ellas. Se la veía tan a gusto, con los pantalones arremangados, los ojos cerrados y la cara buscando el sol… Se fue animando y empezó a cantar. Buscó mi sonrisa para comprobar que no me molestaba, y al encontrarla se animó. Sus compañeros primero se reían aunque luego acabaron acompañándola. Por el ritmo y las carcajadas deduzco que eran canciones populares y con retranca.
Fue una tarde de lo más agradable. Tengo la seguridad de que ellos la recordarán como algo especial, y yo ya tengo mi recuerdo para mi último día de playa de este año.

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Ecce homo

Nunca me ha dado miedo cambiar de opinión. Es una de las cosas que más he hecho en mi vida, creo. A diferencia de mucha gente que conozco no lo veo como algo “malo” porque mis cambios de opinión no se rigen por la conveniencia; no salgo ni beneficiada con ellos, salvo a nivel espiritual, ni perjudicada más allá de las decepciones personales que puedan darse a causa del derrumbe de determinadas convicciones, antes consideradas inamovibles en mi pequeño mundo.
Y en mi pequeño mundo cada vez va tomando más fuerza el rechazo a la religión, a casi cualquier religión. ¡Quien lo diría!. Yo, que estuve tantos años suscrita a una revista misionera, Los aguiluchos, editada por misioneros combonianos. Incluso llegué a querer ser de mayor misionera, porque esa etapa de mi vida corresponde a la época escolar. No he desterrado esa idea, la de irme por esos mundos a ayudar a quien lo necesite, pero ahora tengo muy claro que jamás lo haría siguiendo preceptos religiosos. A medida que me voy haciendo mayor voy sintiendo un rechazo tremendo hacia todo lo que tenga que ver con la religión, sobre todo con las más cercanas o conocidas. Cualquiera de ellas rezuma tal cantidad de egoísmo e hipocresía que se hace dificil de soportar. Pienso que de todas la cristiana es la que se lleva la palma, aunque este veredicto puede no ser nada justo debido a mi desconocimiento de las demás. Todo lo que mueve a un buen cristiano no es la bondad per se, algo que, indecentemente, tienen a gala, sino un constante afán de evitar la condenación eterna, de buscarse un buen lugar en el reino de los cielos, adonde sólo van los bondadosos de corazón. La gran hipocresía de la religión, de casi cualquier religión, donde uno de los preceptos de los que se jactan sus seguidores es aparentemente la entrega, es que lo fundamental de sus actos no tiene otro fin que no sea la salvación de uno mismo. ¡Puede haber un egoísmo mayor! Irónicamente es este comportamiento el que les puede llevar de cabeza a los infiernos.

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Hay ciertas cosas en mi vida que, aunque no lo parezca, me avergüenza confesar. Y la de hoy es una de ellas. Lo que ocurre es que sopesando los pros y los contras de contarlo, la balanza se inclina hacia los pros, así que valor y al toro.
Aprendí a conducir con diecisiete años recien cumplidos, de la mano de mi primer novio “serio”. Las prácticas, evidentemente, no eran en circuitos cerrados sino en carreteras corrientes y molientes, de las que están llenas de coches a todas horas. Aprendí pronto, y pronto empecé a conducir de manera asidua. Cuando acabó mi relación de noviazgo con mi maestro empecé a salir en pandilla, y yo era la encargada de conducir noche sí y noche también sin haber pasado por ninguna autoescuela. Confiaban en mi.
Una noche, de regreso a casa, no se nos ocurrió nada mejor que hacer carreritas, y uno de los adelantamientos que realicé lo hice a 140 km por hora. A esas edades las “hazañas” no son tales si no se alardea de ellas, y al día siguiente en la plaza del pueblo presumos de aventurita. Y aquí llego a lo que quería contar. No me faltaron admiradores, cabezas locas como yo que se alucinaban y me jalonaban por mi “valentía”. Afortunadamente, entre todos los que estábamos allí, en esa reunión dominical, había un chico algunos años mayor que nosotros, Antonio, a la sazón hermano de mi mejor amiga. Al oirme puso una mueca mezcla de desprecio y reproche que me hizo sentir la persona más estúpida del mundo. ¡Y cuánto me ha servido recordar esa mueca a lo largo de mi vida! Esa simple mueca me hizo reaccionar y recapacitar; algo hizo click dentro de mi cabeza. Creo que ese día adquirí de golpe el sesenta por ciento de una madurez inexistente en mi hasta ese momento.
Desde entonces no desaprovecho nunca la oportunidad de “educar” a cualquiera que se me ponga a tiro. No hacen falta largos y tediosos discursos para hacer ver lo equivocado de una acción. Un gesto, una mirada o una frase simple y contundente en el momento oportuno son suficientes para que alguien que está errando abra los ojos.

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Laborando

Seguro que alguno de vosotros ya está pensando que he vuelto a abandonar el blog. Pero no. He estado con otra de mis grandes aficiones, algo que más de uno ya sabe, y que no es otra que la de hacer muebles varios. Bueno, los hace Boss, pero yo soy también parte importante, tanto e diseño como en realización. Hemos llegado a la conclusión de que cada uno somos parte importante e imprescible de un todo, que no puede uno llevar a cabo su tarea sin la necesaria presencia del otro. Total, que somos un equipo.
¿Y qué hemos hecho esta vez?. Pues bien, primero hemos reformado un poco la habitación de las niñas, de las pequeñas, ya que al empezar la chica el cole de mayores necesitaba su propia mesa para estudiar, y hasta ahora sólo había una mesa. Nos las hemos apañado para meter dos mesas en la misma habitación sin tener que recurrir a poner las camas en litera, algo que no nos apetecía nada. Por falta de espacio la mesa no puede llevar cajones, que son muy necesarios, así que hemos hecho un gran cajón al que se accede levantando la tapa. Con ello matamos dos pájaros de un tiro, ya que conseguimos que no se vea el lógico desorden sin que ellas se vean obligadas a renunciar, en pos del orden, a su derecho a tener el cajón cómo les venga en gana. Y hemos añadido una balda supercuca de lado a lado de la habitación. Ya sólo falta hacer una cajonera estrecha que va entre las camas y comprar unos cabeceritos, que queremos que sean de forja, por lo que hemos de ahorrar primero.
También hemos hecho un gran escritorio para mi sobrino, que consta de tres módulos y dos encimeras en esquina que hay que encajar perfectamente. Puede parecer fácil, pero os aseguro que labrar a mano los zócalos da su trabajo, trabajo que realiza Boss pacientemente, igual que los soportes de las baldas de la habitación de las nuestras. Es todo artesanal cien por cien. La habitación de mi sobrino ha quedado muy bonita gracias a la originalidad de pintar un grafitti que ocupa toda la pared. Podéis verlo todo paseando por aquí

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Osadías

Hace unos días oí en algun informativo que el dueño de El circo de sol iba a viajar al espacio y pensé “otro que no tiene en qué gastarse el dinero”. He de reconocer que esta frase no me deja en muy buen lugar, habida cuenta de que suelo abogar porque cada quien haga lo que más le plazca con su dinero; pero a veces, una, también sucumbe a la gilipollez. Afortunadamente para mi conciencia este sentimiento duró poco tiempo, ya que a medida que iba prestando atención a la noticia éste iba disminuyendo. Resulta que “Guy Laliberte, el empresario multimillonario canadiense y fundador del Circo del Sol visitará este mes el espacio y anunció que hará un evento en vivo desde la órbita el 9 de octubre para promover la importancia del acceso al agua potable en todo el mundo”. Así, con dos cojones.
Hoy me voy a permitir un baño en la osadía para tachar a este tipo de estúpido. Porque hay que serlo, y mucho, para atreverse a decir que te gastas 35 millones de dólares en un viaje para concienciar a los demás humanos de “la importancia del acceso al agua potable en todo el mundo”, en lugar de emplearlos directamente en hacer algo para que alguien de este mundo pueda acceder a ese agua.
Amén de estúpido, osado.

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