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Archive for the ‘Amigos’ Category

Todos, imagino, tenemos un lugar físico al que siempre queremos volver. Una, normalita donde las haya, no iba a ser la excepción.
Efectivamente tengo un lugar, y está considerablemente alto con respecto al mar, algo que, por otro lado, también es tremendamente normal en mí. La vista y las sensaciones que me provoca estar allí arriba son, sencillamente, brutales.
Ayer, de buena mañana, sonó mi telefono y quien llamaba no era otro que el encargado de, esta vez, hacer que mi destino encaje milimétricamente con mis deseos. Llamaba para invitarme a volar, literalmente. Dije que sí. No pregunté destino, no inquirí ruta. Me dejé llevar, segura como estaba de que llegaría exactamente adonde debía hacerlo para cuasi explotar de gozo. Las exclamaciones y las explicaciones de cuanto llegué a sentir las guardé para verterlas aquí. Y aquí las dejo: después de haber visto uno de mis lugares favoritos desde mil metros de altura sé que sólo querré volver allí por la misma vía, porque cualquier otra perpectiva que tenga de la desembocadura del Miño me sabrá a poco.
Volar para sentir, hasta ayer, sólo lo había conseguido soñando, y, desde ayer, ni los sueños me sirven. Hace más de veinticuatro horas que aterricé pero menda sigue en una nube.
Gracias, yanqui.

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No sé cuándo ocurrirá. Todo cuanto me permite mi intuición es saber que sí ocurrirá. Así que ya me he visualizado paseando por Malasaña, sin prisa pero con rumbo: el número 49 de la calle la Palma. Habrán transcurrido quién sabe cuántos años desde la última vez que estuve allí, pero los recuerdos serán tan frescos que podré entrar en el local que un día ocupó La Clandestina con los ojos cerrados, y podré dirigirme y pararme exactamente, sin conceder ni un solo milimetro al error, en el lugar en el que me abracé con Mariano un día tan importante como lo fué el día de la inauguración.

Ese día no sólo se inauguraba una librería; ese día nos pusimos piel unos a otros aquellos que ya habíamos hecho piña sin movernos de nuestras guaridas. Así que con su clausura no sólo se pierde una librería, se diluye también el epicentro físico de una pequeña comunidad adoradora de libros, tanto por continente como por contenido, pero que nadie se equivoque, La Clandestina se hará aún más fuerte en el recuerdo, como todo gran mito.

Sus creadores afirman que no es una noticia triste así que no seré yo la que protagonice el duelo, por más que haya sentido una dolorosa punzada en las entrañas mientras leía el mail que nos lo comunicaba. Por lo que a mí respecta me tragaré el dolor, y levanto mi copa por ellos, por tener las agallas de abrir algo tan hermoso como un sueño, y por tener los cojones de cerrarlo dándonos ánimos a los demás.

La Clandestina cierra, ¡viva La Clandestina!

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Yo podría explicar qué es querer si lo supiera, pero sólo sé qué siento; si es querer o no que otro lo diga.

Detractores hay para todo así que alguno habrá también para lo mío, mala suerte sería carecer de tan cotidiano adversario, y es que difícil resulta hacer hueco a cuantas maneras de querer se presentan, habiéndo tantas como seres hay en la faz de la tierra, que no tiene uno memoria para todas. Ni falta que hace. Cada uno que se quede con la suya si ésta le place y a disfrutar sin buscar explicaciones, que si lo hacemos igual salimos escaldados, malacostumbrados como estamos a razonar lo irrazonable.
Hace el roce el cariño, pero también es él quien lo desgasta. Pongamos entonces tierra de por medio y ésto durará cuanto queramos, y queriendo yo que sea mucho me atrevo a vaticinar que será hasta el infinito, que el infinito nadie lo sabe medir, así que si mañana terminara no habría sido poco, ni menos intenso, ¿o es que se mide el amor con la misma unidad que el tiempo?

Palabras hay para decirlo todo, sólo hay que saberlas juntar. Una, que lo intenta cada día, no ha encontrado manera mejor de explicar sus sentimientos. Quede así, por tanto y por lo tanto, esta pequeña declaración de amor.
Que tengas un muy feliz cumpleaños, mi querida Irreverente.

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Y que tendrá que ver que te odie para que te quiera.

Ver su foto y sentir una punzada en el estómago es todo uno, conjunción indisoluble con carácter infinito. Estar pendiente de cada rumor que pueda traerme noticias suyas es todo cuanto me queda, y por las noches, más de una vez, y más de dos, pensar en ella. Sin embargo, lo nuestro es imposible: frente a su blanco yo sólo veo negro, o viceversa, a pesar de hacer esfuerzos sobrehumanos por verlo del mismo color. Pobre ser humano, que aún no es capaz de engañarse a sí mismo. Podría pintar lo negro de blanco, hacer que todo el mundo lo viera blanco, conseguir que tal color fuese, incluso, para su regocijo, venerado, pero yo lo seguiría viendo negro y esto acabaría pudriéndome por dentro. Tal descomposición podría tardar años en concluir, pero el hedor se haría presente desde el principio, incómodo huesped instalado, en principio, en rincones dispersos y volubles de nuestra cotidianidad, pero que acabaría, con toda seguridad, inundándolo todo.
Dicen que lo que no puede ser, no puede ser, y que además es imposible, y yo lo certifico.

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Hay un refrán por estos lares al que yo me agarro mucho cuando se trata de echarle valor a algo. Reza así: “O que no cu ten que levar, non ten nada que esperar”, que traducido viene a ser algo así como que el que tiene que pasar por algún trance poco agradable, cuanto antes lo haga, mejor. Pues bien, esta vez no me está siendo de mucha ayuda el refrancito, y es que estoy postergando una conversación pendiente que me da pánico afrontar.
Dicha conversación tiene por objeto una reconciliación que, reconozco, creo que no deseo mucho, y es que la misma no me reportaría más que seguir sometida a una amistad que sólo presume de serlo. Y digo esto porque si fuera una amistad verdadera, para empezar, ya no me daría miedo la conversación.
La otra parte está deseando retomar el contacto, pero, como digo, yo no lo tengo tan claro. No sé cómo hacerle entender que no vemos la amistad de la misma manera, y sé, porque la conozco desde que nació, que no le gustará nada que le haga ver que yo quiero otra clase de relación. Una relación que no me obligue a, entre otras cosas, tener las puertas de mi casa abiertas hasta las taitantas de la madrugada porque a ella no le apetece irse a la suya, o a tener que coger el teléfono sí o sí, porque si no le cojo molesta a toda mi familia hasta que dé conmigo, o bien luego me lo reprocha de manera subrepticia.
Yo soy consciente de que tengo más de ermitaña que de relaciones públicas, pero soy feliz así y no me parece de recibo que me reprochen esto.
De una cosa estoy segura, me quiere. Pero a veces, querer no es suficiente.

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Una siempre cree que lo tiene todo calculado. Y por más que una y otra vez constate que a la vida no pueden aplicársele las matemáticas, no hay manera de aplicarme el cuento.
Empecé a escribir de nuevo el blog teniendo muy claro que iba a hacer eso, a escribir. Mi vuelta se ampara en poder llevarlo a cabo. No voy a ser cansina con aquello del bloqueo, la falta de tiempo… Se acabó aquella etapa de interactuar tanto con otros bloguers, algunos, además, amigos, etapa por otro lado maravillosa e irrepetible, para dedicarme a lo que más deseo, que no es otra cosa que escribir. Y cuando tomé la decisión de empezar de nuevo barajé incluso la posibilidad de hacerlo en un nuevo blog, por aquello de evitar que todos esos lectores/escritores se sintieran obligados a comentar, ya que en esta nueva etapa yo no les correspondo, al menos no con la misma dinámica de antes, pero es que adoro este blog y lo que significa para mí.
Decía lo del tenerlo todo calculado porque di por hecho, y asumí sin ninguna clase de traumas, que estaría mucho tiempo con la casilla “comentarios” a cero. Y me fue fácil asumirlo porque, aunque es muy agradable atender a todo lo que la gente tiene que decir, no tener comentarios no reduce lo más mínimo el placer de escribir.
Me habéis refregado por las narices, con todo el descaro, además, que las matemáticas no son lo mío, ya que cada día, a medida que os vais enterando que he vuelto, estáis ahí.
Y todo este rollo se resume en una palabra: Gracias

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Una duda

Ultimamente ando buscándome en el diccionario. Salto de página en página persiguiendo una definición que parece querer jugar conmigo al escondite. Y a falta de ésta, una, que, dicho sea de paso, nunca tiene una visión muy clara de sí misma, va aprovechándose de las opiniones ajenas sobre si para vislumbrarse, y claro, aparecen dudas como setas.
En una discusión reciente que he tenido me han llamado soberbia, y he de reconocer que quien de tal manera intentó herirme hizo diana. Me gustaría poder afirmar que sólo fue momentáneamente, pero tras meditar lo acontecido la herida sigue abierta.
Todo deriva de la poca ayuda que suelo necesitar animicamente. Me hundo con mucha más facilidad de la que sería deseable, pero sé salir sola. No puedo evitarlo. Necesito salir sola, es lo único que me blinda frente a nuevos bajones. Puede que esta manera de actuar sea difícil de comprender para algunas personas, pero no creo que una actitud sea mejor o peor que la otra. Son opciones, maneras de ser. Y si ello me retrata como soberbia no me queda otra que asumirlo, pero si, por algun pequeño matiz, quedara excluida de esa categoría el dolor persistiría porque habría estado discutiendo con alguien que ni siquiera me conoce.

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Un recuerdo

¡Qué mundo tan complejo este de internet!
A mi me gusta especialmente. No hay las odiosas barreras de nuestro otro mundo. Aquí no se ve lo feo, lo guapo, lo alto, lo bajo, lo gordo, lo flaco… Aquí se ve lo de dentro. Yo no creo que la gente aproveche el anonimato para ser quien no es, sino que aprovecha esa situación precisamente para mostrarse tal cual es, sin miedo a que esa cualidad de “ser” quede oculta por lo externo.
Este pseudopensamiento me asalta a raíz de un recuerdo, o, para ser más exactos, de alguien a quien recuerdo muy a menudo, alguien con quien sentía una conexión especial y que se ha diluido en este mundo virtual sin dejar rastro.
He comenzado a leer un libro, una trilogía, que ella, pues es una chica, me recomendó muy apasionadamente. Y esto me hace tenerla muy presente estos días.
He comenzado a leer Verdes valles, colinas rojas, Cov, mi maravillosa Cov, y me acuerdo de ti.

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Hay ciertas cosas en mi vida que, aunque no lo parezca, me avergüenza confesar. Y la de hoy es una de ellas. Lo que ocurre es que sopesando los pros y los contras de contarlo, la balanza se inclina hacia los pros, así que valor y al toro.
Aprendí a conducir con diecisiete años recien cumplidos, de la mano de mi primer novio “serio”. Las prácticas, evidentemente, no eran en circuitos cerrados sino en carreteras corrientes y molientes, de las que están llenas de coches a todas horas. Aprendí pronto, y pronto empecé a conducir de manera asidua. Cuando acabó mi relación de noviazgo con mi maestro empecé a salir en pandilla, y yo era la encargada de conducir noche sí y noche también sin haber pasado por ninguna autoescuela. Confiaban en mi.
Una noche, de regreso a casa, no se nos ocurrió nada mejor que hacer carreritas, y uno de los adelantamientos que realicé lo hice a 140 km por hora. A esas edades las “hazañas” no son tales si no se alardea de ellas, y al día siguiente en la plaza del pueblo presumos de aventurita. Y aquí llego a lo que quería contar. No me faltaron admiradores, cabezas locas como yo que se alucinaban y me jalonaban por mi “valentía”. Afortunadamente, entre todos los que estábamos allí, en esa reunión dominical, había un chico algunos años mayor que nosotros, Antonio, a la sazón hermano de mi mejor amiga. Al oirme puso una mueca mezcla de desprecio y reproche que me hizo sentir la persona más estúpida del mundo. ¡Y cuánto me ha servido recordar esa mueca a lo largo de mi vida! Esa simple mueca me hizo reaccionar y recapacitar; algo hizo click dentro de mi cabeza. Creo que ese día adquirí de golpe el sesenta por ciento de una madurez inexistente en mi hasta ese momento.
Desde entonces no desaprovecho nunca la oportunidad de “educar” a cualquiera que se me ponga a tiro. No hacen falta largos y tediosos discursos para hacer ver lo equivocado de una acción. Un gesto, una mirada o una frase simple y contundente en el momento oportuno son suficientes para que alguien que está errando abra los ojos.

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piel

Y qué si nos separa la piel. Y qué, si a mi me sirve para sentirte. 

A fin de cuentas la línea que nos separa es la misma que nos une; frontera inútil que olvidó su cometido. 

Te sostengo y con eso me basta.

Y qué, si nos ampara la piel. Y qué si acudimos a ella para no olvidarnos. 

A fin de cuentas tu piel y mi piel son la misma; vínculo tácito e imperecedero que me sustenta. Y con eso me basta.

 

Aquí,  C.o.v

 

 

 

 

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La vi por el retrovisor, mientras aparcaba. La alegría de vernos duró el tiempo justo que tardé en preguntarle por los “niños”: ¡Se me ha muerto Sofía, ¿ya sabes, no?! 

Nunca sabré describir la resignación que vi en sus ojos, como si haber tirado la toalla le proporcionase alivio a tanto dolor. Debe haber agotado el llanto de tal manera que hasta las propias lágrimas desfallecían, no pudiendo avanzar más allá de la mejilla sino que allí mismo desaparecían, absolutamente agotadas de tanto derramarse.

Sofía era la segunda hija de Leonor. Tenía mis mismos años y un aneurisma cerebral se la llevó con 36, de una manera terrible, mientras cenaba con su marido y su niño de diez años. Así, sin tiempo para protejerse de unas miradas que no podrán olvidar lo que vieron.

No sería sincera si dijese que Sofía era mi amiga, pero tampoco lo sería si afirmase que es necesaria la amistad para sentir afecto por alguien. Las palabras de Leonor no han parado de rebotar dentro mía desde que las oí. Es dramáticamente curioso comprobar que la muerte de alguien no es lo que nos provoca el dolor, sino que éste aparece en el momento que nos enteramos de ello. No es cierto, entonces, aquello de que el tiempo amortigua el dolor. Han pasado casi tres años y a mi me duele como si fuese ayer.

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La cara b

Todo el mundo piensa que la cara “b” de las cosas es inferior en calidad a la cara “a”. Yo pienso todo lo contrario. Pienso que la cara “b” es la buena, la importante, la que encierra matices imperceptibles en superficie pero abundantes en venideras revisiones. La cara “a” es éxito seguro a corto plazo, la cara “b” es un surtidor de pequeñas dosis de triunfo que, reunidas, conforman un éxito mayor e imperecedero en la memoria.

La cara “b” de mi viaje no podía haber sido más satisfactoria. Nueve horas de tren dan para sentir y presentir muchas cosas, y las emociones surgen con mucha más fluidez gracias al traqueteo, abrazo mecedor incansable. Momentos de paz y de nervios se van alternando con un ritmo armonioso, apacible, coordinados por un corazón que a veces parecía querer bajarse del tren dando saltos de suicida y otras se apaciguaba dejando claro que éste era el momento de dar la cara, a o b, pero darla. Y dar la cara sin poder ofrecer una sonrisa es algo que requiere mucha valentía, y que entraña muchas horas de debate interno, de miedos, de vergüenzas… que cada uno solventa como mejor puede y que yo decidí afrontar para no perderme algo importante, algo de lo que me arrepentiría durante mucho tiempo.

Y el esfuerzo mereció tanto la pena que las nueves horas del viaje de regreso se me hicieron cortas para revivir sensaciones. En mi cabeza se agolpaban las caras de sorpresa, de alegría; los saludos afectuosos…  y a mi corazón y a mi piel regresaba una y otra vez la magnitud de un abrazo que sólo se puede medir en sensaciones. Un abrazo largo, intenso, y tan cómodo que podría haberme quedado allí una eternidad, cuya ternura traspasó nuestro espacio invadiendo incluso a quienes nos rodeaban, a juzgar por algunas miradas empañadas que descubrí cuando abrí los ojos.

La cara “a”, como era de esperar, fue maravillosa. Vernos y reconocernos fue todo uno. Sentirnos a gusto y sabernos parte de un grupo que siento que no se disolverá a causa del desgaste que produce el tiempo al pasar por nuestras vidas, y que espero que se fortalezca con cada entrada que escribamos, es algo que no tiene precio.

Un día mágico que tuvo dos caras maravillosas, pero si me lo permitís, me quedo con la cara “b”   

 

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Aquellos que sean un poco observadores ya habran adivinado, viendo mi barra lateral, que por fin me he librado de la Lessing. No lo he dejado, no. Lo he terminado (podéis hacerme la ola).

Este post me parecía necesario porque sé que muchos seguís al pie del cañón. Según vayáis terminando, o abandonando, dejadme aviso para poder barajar fechas para el post. No hay prisa, al menos por mi parte, ya que la elección no ha sido la más acertada y cuesta. Espero que esto no os retraiga de participar en más ediciones de esta locura. La primera vez de todo suele tener estas cosas. Ya veréis como la siguiente edición disfrutamos más.

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Hoy, batiburrillo

Vamos a ver por donde empiezo. Hoy es el cumpleaños de mi padre. Sí, el día siguiente al mío. Y lo que son las cosas, Boss cumple el 22 y mi peque al día siguiente. Casualidades. Ayer tuve dos regalos sorpresa. Por un lado mi hermana me regalo una preciosa pluma (lo siento Mariano, no pretendo darte envidia) con la que pienso escribir todas las cartas que envíe a partir de ahora. Y por otro lado, una amiga suya que vino a tomar café me regaló un presioso marcapáginas metálico, con un elefantito encima con su trompa para arriba, que dicen que da buena suerte. Supongo que mi hermana la habrá puesto en antecedentes ya que nos conocemos hace poco, pero es que ha dado de pleno. Me ha venido que ni pintado para empezar Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Sí, caí, no pude evitarlo. Me lo encontré nada más entrar en la librería, y una vez calculado el precio de ambos juntos, me lo regalé por mi cumple. El de Doris Lessing lo encargué, mañana me lo traen, y en una edición bien baratita, así pude comprarme los dos.

El marcapáginas ya tiene su pequeña historia, cómo no. Mis costumbres van por temporadas. Ahora me ha dado por no llevar bolso. Sólo me llevo el DNI, la tarjeta, dinero suelto y un libro. Así me fui esta mañana al super tras mi hora de cafetería. Ya no voy a Luada, ya sabeis, pero sigo dándome mi hora de lectura en otra. Bueno, llego al super, compro, y me pongo a la cola para pagar. Miro el libro: ¡¡no hay marcapáginas!! ¡¡Dios!!, salgo despavorida a desandar el pequeño recorrido. Gracias a dios tengo muy buena  memoria a corto plazo y presumo de mucho sentido de la orientación. Miré todo y nada. Pregunté por todas partes, casi no hay gente, el suelo muy limpio y despejado. Nada. Vuelvo a la caja acordándome de San Antonio (ya os contaré otro día la historia) y allí estaba, dentro del cesto de la compra. Ainsssss, mi corazón un día de estos dirá: ¡ahí te quedas! 

Lo de corazón también lo digo por las agradables sorpresas que me llevo. Ayer, sin ir más lejos, desde Vigo me hicieron un precioso regalo. Miradlo aquí. Gracias querido Banderas.

Y nada más. Estoy esperando un envío de Belén que me tiene en ascuas. Sea lo que sea: postal, carta o rinoceronte, me hace muchísima ilusión, pero nada, que no llega. Ainsss, pobre corazón mío.

 .

ACTUALICEIXON: Errante, Blasfuemia, Mariano y Belén ya tienen el libro. Alguien más?

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Ya llego, ya llego. Ando que ya no sé si ando. Tengo a Boss de médico en mutua y tiro porque me toca. Tengo a la peque de pediatra con mocos y flemas. Tengo, tengo, tengo, tú no tienes nada…..ah!, no eso era otro tema.

Bueno, si no he contado mal, y ahí estan los votos para que alguien me corrija, Doris se he erigido vencedora por un voto de diferencia con el japonés y cuatro sobre Clara Sánchez. Los que no han votado estan a tiempo de hacerlo si lo consideran necesario, o de no hacerlo si están de acuerdo. 

Ahora es el momento de presentar fechas para empezar la lectura. Yo propongo que cada uno calcule el tiempo que necesitará para tener el libro. No quiero meter prisa a nadie, pero opino que cuanto antes mejor,  porque parece que al final participará  mucha gente y estaría bien que nadie hiciera esperar al resto demasiado tiempo. Yo me aventuro a decir que un par de semanas es un tiempo aceptable para comprar el libro. ¿Qué opinais?

Una vez aceptada por consenso la fecha límite para disponer del libro estableceremos el día en que iniciaremos la lectura. Y si estoy resultando demasiado sargento me lo decís, ¿vale?

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Estoy encantada de que la idea haya tenido tan buena acogida. En serio, que alguien comparta estas locuras me maravilla y me  hace dar botes hasta en la cocina, cosa que hice ayer tras los primeros comentarios, jajajajaja. No podía parar de saltar.

Bien, ha habido varias propuestas. También ha habido ya, en el post anterior, varios comentarios inclinándose por unas u otras. A continuación pongo la lista de los títulos sugeridos y enlaces en donde podemos consultar precios, páginas y sinopsis de todos ellos.

PRESENTIMIENTOS  de Clara Sánchez. Información aquí y aquí

EXPIACIÓN  de Ian Mcwan. Información aquí  

CRÓNICA DEL PÁJARO QUE DA CUERDA AL MUNDO  de Haruki Murakami. Información aquí y aquí

DE NUEVO EL AMOR  de Doris Lessing. Información aquí y aquí

LA HISTORIA DEL AMOR  de Nicole Krauss. Información aquí y aquí

PERSÉPOLIS  de Marjani Satrapi. Información aquí y aquí

ACTUALIZACIÓN:  Doris Lessing va venciendo al segundo más nombrado, que es el de Haruki Murakami, por tres votos a dos, (o cuatro a tres, si tenemos en cuenta que Doña Inte a nombrado a los dos pero no se ha decidido por ninguno, jajajaja). Tambien tengo dudas de si Eifonso va a participar o sólo ha votado porque le gusta el libro. Eifonso, manifiéstate, jajajaja.

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Llevo ya unos días dándole vueltas a una idea que me parece bonita. A ver que os parece.

Alguna vez hemos comentado, algunos, lo bien que estaría hacer una quedada, y conocernos. Alguna vez he comentado, que yo no podría asistir. Entonces se me ha ocurrido que podíamos llevar a cabo una quedada mental. Tranquilos, habelas hailas, pero yo no soy una de ellas.

La idea parte de un post que hizo Mariano a raíz de uno mío, en el que decía que se acordó de mi y de mi post en una cafetería, y a mi me pareció fantástico poder estar allí sin estarlo, y desde entonces quedó como un germencillo en mi alocada mente y  ha fructificado en esta modesta, pero creo que bonita, propuesta: Propongo que entre todos decidamos un libro, que entre todos decidamos una semana concreta del calendario, y que durante esa semana, o dos, leamos todos ese mismo libro, y estar así conectados de alguna manera, sabiendo que en algun lugar de la geografía, esos a quienes conoces y admiras, están leyendo eso mismo que estas leyendo tú.

Ni que decir tiene que sólo es una idea, y que cada uno es libre de participar o no. Si no fuera porque soy como soy, ahora mismo lo borraba todo, porque por momentos me parece una chorrada. En fin. Aquí lo dejo. El que quiera hacerlo que lo diga, el que no no tiene por qué decirlo. Que comente sobre el tiempo o que pase de largo, jajajajaj. No sé si me explico. La rehostia sería ya, algun día, cuando seamos viejecillos, hacer una quedada real y firmar todos el ejemplar de todos, como la insignia de un grupo de locos sin afán de nada.

Lo dicho, la idea está en el aire, y las propuestas abiertas. El título que decida la mayoría será el elegido. Nos vemos en lás páginas de un libro. 

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Boss se ha tirado una semana y media yendo a casa de un amigo para hacerle un supermueble, con sus módulos, sus puertas, sus estantes… Desde que se ha atrevido con el tubillón no se le resiste nada. Bueno, tal vez las bisagras, pero todo se andará. Un día de estos, en cuanto arregle la cámara de fotos, colgaré en Flickr todas las maravillas que se ha sacado de la manga para amueblar nuestra casa.

Este amigo es un compi de trabajo, y anoche se presentó con un supermegarape que no me cabía en la nevera, y estoy que me salgo. No por el rape, sino porque ya era hora de que alguien le reconociera a Boss la entrega que pone en todo lo que hace, da igual para quien, da igual cuando y como.

Hasta ahora sólo nos habíamos topado con chupopteros, y lo que nos queda, estoy segura. Boss y yo, podríamos decir, somos el hambre y la gana de comer, y fuimos a coincidir el uno con el otro. Siempre estamos ayudando, y no lo hacemos para recibir recompensa, no, pero cuando ves que cuanto más ayudas más te piden acabas un poco harto. Llega un punto en que te obligan a decir no, y ese no, para alguien como nosotros, duele mucho decirlo, porque siempre pensamos “Bah, no nos costaba nada hacerlo”. Odio a la gente que te obliga a hacer cosas que van contra tu manera de ser. Las odio con toda mi alma.

Hemos tardado un tiempo en poner en práctica aquella gran frase que le leí a mi Saramago, y que desconozco si es de él o si ya viene de atrás, pero que a mi me hizo abrir los ojos: “La caridad, bien entendida, empieza por uno mismo”. Poco a poco vamos asumiendo que así es como debemos actuar, pero nos cuesta.

De momento, anoche los ojos de Boss brillaban de satisfacción, y sé que no es por el valor material de la recompensa, es el valor de saber que alguien reconoce tu trabajo, tu entrega, tu desinterés. Esa es la verdadera recompensa, venga disfrazada de rape o de sopa de ajo.  

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Este no es un blog de crítica literaria, y además no pretende serlo, algo que queda claro leyendo lo que en definitiva sólo son sensaciones vitales. Podría parecerlo porque últimamente mis entradas giran en torno a los libros o a sus autores, aun habiéndome callado más de una, pero es que mi mundo es tan reducido que, o hablo de libros o de mis peripecias de madre/ama de casa/dulce esposa.

He estado leyendo a Jovekovic, y he recordado cómo llegó a mis manos El amor en los tiempos del cólera. Cómo me enamoré de Florentino Ariza. Cómo saboreé cada linea. Cómo deseé un amor así. Sí, yo soy muy rara.

Las escaleras de la casa de mi madre desembocan en la plaza del pueblo. Abandonas el último escalón y ya estás pisando la plaza. Está orientada hacia no sé qué punto, pero el caso es que da el sol de una manera que atrae, por lo que una de las aficiones más comunes en nuestra familia es sentarse en la escalera para ver transcurrir la vida mientras el sol te acaricia la cara. En verano como que no, pero en invierno es todo un lujo.

Una de esas tardes de asueto, despues de barrer “nuestro” trozo de plaza, me senté al sol. Siempre pasa alguien con quien perder las horas sin que te importe. Siempre descubres con la mirada un rincón de la plaza que sólo habías visto desde la perspectiva de la niñez. Siempre te da igual lo que suceda. La carretera circula paralela a la parte mas larga de la plaza. Vi pasar a Luis, un primo mío que no es tal, pero al que me une un sentimiento más grande que si lo fuera. Sólo treinta segundos después le vi pasar de nuevo pero en la dirección contraria. Y tras unos minutos más asomó de nuevo su coche en la dirección primera. Esta vez se paró. Bajó con un libro en las manos, y me lo dió. Verás como te gusta, y se fue.

Así llegó hasta mi un libro que me enamoró absolutamente. Me descubrió a García Márquez. Me creó un pequeño conflicto debido a que uno de mis libros favoritos hasta ese día era La casa de los espíritus, de Allende, y me hizo verla como una copia de Márquez. No sé, tengo que releerla para resolverlo.

Me encanta cada vez más esta sensación nueva de atar cabos y ser consciente de cómo los libros me han buscado ellos a mi, hasta el punto de saberse mis rincones favoritos.

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Historias y vidas

Dicen que Galicia es tierra de meigas. Dicen que aquí, habelas hainas. Y yo digo que alguna ya me he encontrado.

Sé mil y una historias contadas por protagonistas, pañuelo en la cabeza y mandil sempiterno, relatadas con voz serena, amable, como quien cuenta el domingo festeiro o la matanza del cerdo. Mujeres que han visto a los muertos antes de morir en actitudes que anunciaban su muerte. Mujeres que han tropezado de frente con quien necesitaba dañarlas para seguir vivo en otros mundos y que han sabido salir airosas gracias a una fuerza interior que sólo se adquiere a golpe de contratiempos y penurias.

Me encanta oir estas historias, unas veces contadas en primera persona, y otras, heredadas de primera mano por hijas, nietas y sobrinas. No sólo las cuentan mujeres. Tambien los hombres las saben, y las viven. Tambien a veces las cuentan, pero es más difícil oirlos. Para algunos creer es sinónimo de flaqueza, y algo que no es contado no es acontecido a los ojos del que no lo ha presenciado.

Puede que todo esto suceda más en las aldeas, estoy convencida de que así es, pero no por la ignorancia de sus habitantes, ni por su predisposición para creerlas, sino porque se dan las circunstancias de soledad necesarias para que dichas manifestaciones se hagan palpables, ayudadas de la oscuridad de sus calles y de las encrucijadas en sus caminos.

Aun así, a veces, tambien suceden cosas en las ciudades. Cosas que lejos de asustarme me parecen románticas. Últimas, o no, demostraciones de afecto, de amistad. 

Hace muy pocos días que un familiar muy cercano a mi pasó una mala noche. Se levantó y contó que el plástico de la ropa había golpeado la ventana de su habitación constantemente, produciéndole la sensación de que llamaban para que abriera. Su madre le aclaró que este año aun no han puesto el plástico en el tendal, que no hay nada que choque contra la ventana. Antes de ayer, su mejor amigo, se dejó la vida debajo de un camión, con sólo diecisiete años. Uno se ha quedado los recuerdos; el otro se ha llevado las confidencias, los secretos. Sólo ellos sabían la cantidad de bromas y complicidades que se gestaron del otro lado de esos cristales a los que, hace pocas noches, el que se ha ido, llamó, estoy segura, para despedirse.        

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Querida abuela:

Hoy es nochebuena, y como cada nochebuena me acuerdo de ti, y de tu última nochebuena, ¿la recuerdas?, esa en que reuniste por primera vez en navidad a todos tus hijos y nietos porque sabías que era la última. Yo era demasido joven para creerte. Ahora, con la madurez, voy recordando, reconociendo y aceptando, esas despedidas. Pero no pienso llevar a cabo la parte que me corresponde en la tuya. No pienso despedirme. Y no es rebeldía, es imposibilidad.

Otro año más termina sin que haya llevado a cabo mi necesidad de visitar tu casa. Como ya sabes, me gusta ver la botella medio llena, así que no le daré más vueltas, será que aun no era el momento adecuado. La tía Carolina es la que me preocupa. La han operado hace unos días. Y estoy asustada. No quiero dejar de ver tus ojos en los suyos. Aunque siempre me quedará mi espejo para ver su cara.

Este año ha sido fabuloso. He conocido a un motón de gente nueva. Gente como a mi me gusta: interesante, inteligente, con mucho sentido del humor y con mucha calidad humana, un poco locos, pero maravillosos. Ya te contaré quienes son, porque tengo miedo de que ahora, con las prisas, se me olvide alguno.

Abuela, esta noche saldré al balcón y te enviaré un beso por el aire. Espero que te llegue, pero si no es así, si desvía su camino hacia alguien más necesitado de cariño, lo daremos por bueno, ¿te parece?. De todos modos ya sabes que en mi corazón tienes cientos esperando para echársete encima el día que conozca la manera de entregártelos cara a cara.

Te dejo ya, que aun tengo que felicitarles la noche a todos esos locos de los que te hablé, aunque creo que ya saben que les deseo lo mejor de lo mejor. Sé que la mayoría no celebra la Navidad como tal, pero eso no importa, yo tampoco la celebro, pero me aprovecho de ella para dar rienda suelta a toda la ternura que pueda generar, y hacer así feliz a quien pueda necesitarlo. ¡Qué más da la época del año en que se haga! El caso es que se haga, ¿no crees?

Feliz Navidad.

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Su punto final

Puede que no le guste esta dedicatoria. Puede que ni la lea. Puede que yo la necesite. 

Este mundo es como un pequeño mundo dentro del mundo real. Unos llegan, otros se despiden, y otros subsisten con mayor o menor acierto. Ayer fue un buen día con un final triste. Ayer entré en un blog de los que se van, y la pena que me invadió todavía persiste en mi. Puede que haya quien no lo entienda, puede que haya quien piense que es una exageración, pero cada letra escrita en este post es una lágrima derramada, que no ha encontrado mejor camino tras abandonar mis ojos, que el de dejar constancia escrita de lo que siento.

El mundo blog pierde la lucidez, la inteligencia, la sensatez, la caballerosidad, la honestidad y el buen humor hechos palabra.

Hasta siempre, Jovekovic.  

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Un señor de bandera

Hace unos meses me metí en este mundo sin apenas conocerlo, y sin saber nada de lo que por aquí se cocía. Desde que ando por aquí, todo lo que me he topado, es más que bueno.

Hay blogs para parar cien trenes, y yo he tenido la suerte de topar un grupo de lo más apañado, con gente con pensamientos que valen su peso en oro, con una gracia que no se puede aguantar, con tanto talento que llegaran lejos, muy lejos, con una sensibilidad que traspasa cualquier pantalla……

Aparte de estos hay más, muchos más, que me hacen creer que las personas cabales todavía existen, que no está todo perdido, y que todavía quedan muchas gentes de bien.

La blogosfera me ha dado más de una satisfacción, no voy a negarlo, pero siempre me sorprende algo nuevo.

Hace poco dejé un comentario más, en una entrada más, de alguien que se iba de vacaciones. Y ahí quedó colgado mi comentario, del que no volví a acordarme, como de otros tantos. Pero el alguien que se iba de vacaciones se lo llevó en la maleta, y lo transformó en algo palpable, algo que se trajo consigo y que me ha enviado por correo.

Ayer lo he recibido y hoy tengo el gusto de enseñaros. No es más que un boli, un precioso boli, pero un boli traido por alguien a quien ya admiraba y que ha conseguido que lo admire más aun, porque tomarse una molestia, por pequeña que sea, por alguien que no conoces, para mi es más que significativo.

Gracias Banderas

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Ayer recibí en el móvil un mensaje que me hizo mucha ilusión:  “Nena, voy el 1 de agosto. Nos vemos” Es un mesaje de Ana, la que creo que puedo decir que es mi mejor y única amiga.

Ahora vive en Canarias.

Nos conocemos desde el cole, y nos nos conocimos antes porque aunque somos de la misma aldea, somos de distinto barrio, y  lo que ahora nos parece una distancia ridícula, cuando tienes cuatro y cinco años es un mundo que no puedes explorar tu solita.

Hemos pasado por muchas etapas. Ha habido veces que he pensado que ni éramos amigas ni nada, hasta que he aprendido a conocerla y la he aceptado con sus virtudes y sus defectos. No soporta ser eclipsada, y eso cuando tienes ciertas edades y estas a su lado molesta un poco. Hasta que entiendes que no lo hace para fastidiarte, ni para quedar mejor que tú, sinó  que para ella es vital destacar. Hay que sacarle las confidencias con sacacorchos, debido a su desconfianza. Hace relativamente poco tiempo que ha empezado a contarme sus “miserias”, cuando yo ya creía que ella no tenía de eso y que yo era un bicho raro.

Conservo cientos de cartas suyas de cuando yo me fui a Madrid con 13 años. A veces las saco y las releo. Y me esmendrello de risa. La de tonterías que se pueden llegar a pensar con 14 años, jajajaja. Volví con casi 18 y seguimos siendo amigas.

Luego nos fuimos juntas a Cataluña, y una empresa común: recorrer España con la mochila al hombro trabajando en lo que nos saliera. Su destino más ansiado era Canarias. Es una enamorada del sol. No puede vivir sin él.

Esos eran nuestros planes hasta que se me cruzó Boss. A los tres meses de conocernos nos fuimos a vivir juntos, pero esa es otra historia. A veces siento que le fallé, pero el amor cuando llega arrasa.

Ana se volvió a Galicia. Retomamos nuestra costumbre de cartearnos, y en una de las cartas que me envió me abrió por primera vez su corazón. Ya no soportaba más la aldea, se sentía prisionera y encima le faltaba yo. Tengo la frase grabada por la emoción que despertó en mi : “María, por qué tuviste que quedarte”. Era la primera vez que descubría sus sentimientos. Siempre me había parecido que ella ni sentía ni padecía. Le escribí pidiéndole perdón, que tal vez me comprendiera cuando se enamorara.

Boss y yo nos asentamos definitivamente en Galicia unos años despues. Se alegró mucho por nosotros, pero al poco tiempo cumplió su sueño y se fué a Canarias.

Sé que es mi amiga, porque aunque nos separen miles de kilómetros ahora, estoy segura de que ella nunca permitiría que nadie le hablase mal de mi, y que si oyera cualquier feo rumor, me defendería aun sin saber mi versión, porque me conoce, y me da en la nariz que eso es síntoma de amistad.

Y allí sigue. Morenaza como a ella le gusta estar, con un tipazo envidiable a sus 37, y me temo que no volverá nunca.

Estoy deseando que llegue el 1 de agosto.

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