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Archive for the ‘Barallando’ Category

Logo fará dous anos daquela noite amarga, longa. Noite aceda e doente que nos deixou a gorxa anoada.
Dame permiso, Celso, porque non atopo outro título pra aquela víspera que nos puxo de luto pra sempre. Daideme permiso, almas feridas, doentes lexítimos; daideme permiso pra arrimar o meu ombreiro á vosa carga.
Daideme permiso, tamén, os alleos á miña lingua porque esta dor non me sae noutro idioma.

Logo fará dous anos de que gomase na miña ialma a idea de botar fóra todo o que me remexe dentro, de abanealo pra esparexer esta dor ao tempo que deixo pegada deste sentimento de orgullo pola miña xentiña, por iso que tódolos medios alén das nosas fronteiras sobresaían como algo excepcional. Un día, e outro, viñan afagos polo que fixeron os veciños de Angrois. Esa víspera negra coma a propia noite, cada home e cada muller saiu pola porta pra botar unha man no que puidese, e todos eses pequenos puideses convertéronse, a ollos alleos, en algo de heroes.

Mais a min non me sorprendeu o que vin porque sei cómo é o meu pobo. Este meu pobo galego, traballador incansable, íntimo se se me permite dicilo así; caladiño, humilde, que por séculos e séculos leva na virtude o defecto, facer o traballo porque hai que facelo, inda que esta vez o primeiro anule por completo o segundo. E sen outra razón polo que facelo deron a ialma, e deron de beber e colleron mans, e abriron ventás alleas e portas propias. E sen outra razón confluíron nalgures pra dárllelo sangue a quen quedaba sen ela. Mágoa de non poder facer o mesmo co alento.

Logo fará dous anos daquela noite amarga, daquela noite de negra sombra.
Dame permiso, Rosalía, porque ningunha outra xuntanza de palabras se arrima siquera ó que sinto.
As bágoas non me saen, non as deixo. Quen son eu pra chorar habendo tanta ialma lexítima desfeita en dor dende aquela longa noite de ferro.

Por eles. Pra eles.

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Coelho & Co.

Pensamiento/conclusión de la 01´45 de la madrugada: Paulo Coelho es a la literatura lo que un ser bien intencionado a un hambriento, esto es, le da un plato de pescado en vez de enseñarle a pescar. Salvando la diferencia entre las intenciones de uno y otro para con su “patrocinado” y presumiendo que, pese a esa diferencia, ni una ni otra son malas.
Navegando me he topado un artículo sobre el susodicho, sobre la pobreza de su obra y, a pesar de esto, la cantidad de ventas que consigue. Leo también algunos comentarios y es con estos con los que llego a esta conclusión.
Dice el articulista que diserta sobre el tema para no quedarse simplemente con lo que todos los detractores de Coelho opinan: “Si Coelho vende por sí solo más libros que todos los demás escritores brasileños juntos, esto se debe precisamente a que sus libros son tontos y elementales. Si fueran libros profundos, complejos literariamente, con ideas serias y bien elaboradas, el público no los compraría porque las masas tienden a ser incultas y a tener muy mal gusto”. Algún que otro comentarista se siente profundamente ofendido por estas afirmaciones, sin darse cuenta de que el fin del artículo es no firmar, en principio, tal aseveración sin profundizar un poco más sobre el tema. Defienden su derecho a dejarse seducir por los libros de Coelho y por esa manera suya, y esto ya es opinión mía, de contar tal cual lo que quiere contar: coger un dicho popular, o proverbio, al alcance de cualquiera y contarlo dando un largo, aburrido y predecible rodeo. Argumentan estos defensores de Coelho que sólo pretenden disfrutar de esas historias y de la sabiduría que extraen de ellas sin que les compliquen la vida como hacen otros libros de lectura más compleja. Y es ahí donde me brota el pensamiento. Yo estoy orgullosa de pescarme, y cocinarme, mis peces, en vez de que me los den ya masticaditos, pero para llegar a esa conclusión estos respetables lectores de Coelho aún habrán de seguir comiendo el pescado cocinado una y otra vez de la misma manera, hasta que se aburran y busquen otros sabores. Y cuando ello ocurra se toparán también con la satisfacción que proporciona disfrutar de lo cocinado por uno mismo, aunque dé un poquito más de trabajo.

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Ultimamente no escribo apenas, y no porque me esté volviendo vaga. Lo que ocurre es que las cosas sobre las que reflexiono no me llevan a ninguna parte, no saco una conclusión clara de ello, por lo que la reflexión es incompleta y no se deja escribir. Lo que hago es crear notas en mi móvil para así volver sobre las mismas de vez en cuando. Así que heme aquí hoy soltando una de ellas, de esas a las que no consigo sacar un veredicto, aunque a veces lo vislumbro y me asusta.

Hace unos pocos años que hice, junto con mi hermana, el Camino de Santiago. Lo hicimos solas, algo que tanto hoy como entonces no es ya “atrevido”, salvo para alguna persona mayor que te puedas encontrar por esos caminos. Y nosotras la encontramos. Señora muy mayor pero perfectamente sana en apariencia. Pequeña pero fuerte, delgada, fibrosa, curtida. Negro riguroso de los pies, pantuflas, hasta la cabeza, pañuelo.

Palo en mano a modo de bastón nos saluda dicharachera y nos somete a un tercer grado nada desagradable sobre nuestra presencia en su aldea y nuestro destino. Una vez informada nos pregunta si no nos da miedo caminar solas por lugares alejados de núcleos urbanos. Entre risas y chascarrillos declaramos nuestro ausencia de desasosiego. Y ella, sin cambiar el tono aunque sí la mirada, nos da el consejo que a su entender está obligada a dar. Cogiendo el palo con ambas manos escenifica de manera precisa qué hacer con nuestro bastones si nos encontramos en una situación de peligro, mientras nos dice que no debemos dejarnos vencer por el miedo y que la mejor salida es “clavárselo (el bastón) hasta el corazón” sin dudar. Me parece estar viéndola, acompañando la frase con la energía de quién está visualizando lo que ha de hacer y enfatizando en su forma de hablar.

Esa buena mujer, en una situación extrema, mataría a un hombre sin dudarlo con la misma tranquilidad, entendiendo tranquilidad como algo que es necesario, con la que mata un pollo para comer. Y eso es lo que me hace reflexionar a menudo sobre ella y su manera de actuar. Ese primigenio instinto que persiste en muchas personas en su misma situación y que les ayuda a separar los sentimientos de los actos. Y es que o matan o mueren. Así de sencillo era todo hasta hace muy pocos años. Ahora tenemos a quién mate por nosotros, para encontrarnos el filete de pollo en una bandeja. Y juez que decida si quién nos ha hecho daño debe ser castigado. Y en este último caso entiendo que así debe ser en una sociedad civilizada, pero algo me dice que esta mujer no iría por ahí clavando el bastón a la gente. Sólo a quién le atacara, y bastaría medio segundo para saber quién es el culpable y el otro medio para juicio, veredicto y ejecución. El problema de nuestra sociedad actual es que hay tanto ser humano corrompido que nos hemos visto obligados a desconfiar de todo el mundo, hasta tal punto que es necesario un juicio con abogado defensor para el “malo”. Porque hoy en día el “malo” ya no es de ley, no va de frente atacando y exponiéndose al castigo de manera inmediata. Ahora el “malo” se viste de señora mayor y dice que la han atacado por lo que hace falta un juicio para intentar dilucidar la verdad. Y a veces la verdad no aflora y el juicio es injusto, y yo me pregunto si vale la pena disfrutar de la comodidad de encontrarnos el filete de pollo en la bandeja, o deberíamos tener que mancharnos las manos de sangre para no perder la perspectiva de la realidad.

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…no está nada mal, ¿no creéis?

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Tengo una teoría sobre la muerte. Absurda y disparatada, como todas mis teorías, pero vamos, hubo un tiempo en el que alguien afirmó que la Tierra no era plana, y mira.
Me pongo seria. Tengo una teoría sobre la muerte, concretamente sobre cuándo nos llega. Creo que no es hasta que nos rendimos que nos aborda. Esto es, decidimos cuándo morirnos.
En este punto cada uno de vosotros me diría que nada más lejos de la realidad, porque todos conocemos a alguien que se ha muerto y ni se nos pasa por la cabeza creer que esa persona quisiera morir. Y esto, seguramente, es cierto. El quid no está en desear morir, sino en tener un pensamiento, por muy fugaz que sea, de rendición, de hartura. Aquello, tan cierto, de “ten cuidado con lo que deseas que se puede cumplir”. Luego podríamos darle mil vueltas al cómo. Y, evidentemente, no hablo de una sincronía entre el pensamiento y el momento del óbito. Pienso que hay la distancia temporal suficiente para que se dé la circunstancia adecuada. Podríamos hablar del enfermo que está harto de luchar, o del que el día anterior al accidente de tráfico tiró la toalla. Y cuando me refiero a todo lo mencionado no hablo de una frase soltada así, sin más, sino que hablo de algo tan personal y tan íntimo que ni siquiera uno es consciente de lo que está deseando.
Puede parecer esta una entrada banal, más no lo es. Al menos no para mí. Pienso a menudo sobre ello, y me cuido muy mucho de no desfallecer, aunque también sé que cuando se tiene una edad, todos, sin excepción, acabamos pidiendo la hora..

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CIRCULAR INFORMATIVA Nº 5

Estimados padres/madres:

Comunicamos a todos los padres y madres de los alumnos/as que mañana martes día 27 de septiembre los profesores/as tutores/as de 2ºC, 3ºC, 4ºC, 5ºB y 6ºC, así como también los especialistas plástica en inglés, inglés 2º ciclo, educación física (3º y 4ºD) y las orientadoras del centro secundarán la huelga general convocada por las plataformas sindicales.
El 30,3% del profesorado está en huelga. El resto del profesorado que no acude a la huelga atenderá al alumnado que venga al centro.

El Claustro les quiere aclarar algunos de los motivos por los que se hace la huelga:

·Los graves recortes a la Enseñanza Pública
·Reducción de profesorado
·Inclusión de labores que no le son propios como control de alumnado a la entrada y salida del transporte escolar.
·Profesores que imparten materias de las que no son especialistas.
·Servicios complementarios deficitarios.
·Menos tiempo para la elaboración de material y para la atención individualizada del alumnado que lo necesite.

En alguna casa por la noche un docente está preparando actividades que le dará a tu hijo en el Colegio mientras tú trabajas o ves la televisión. En este mismo instante docentes de todo el mundo están usando su “tiempo libre” para la educación, prosperidad y futuro de tu hijo/a.
Respetar el trabajo docente y no desprestigiarnos a nosotros y a nuestra labor. Pedimos el apoyo de las familias a nuestro trabajo como profesores.

Redondela, 26 de septiembre de 2011.

La Directora

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Estoy convencida de que pocas cosas hay con mayor carga, o descarga, elije, sensitiva que un buen cruce de miradas. Pienso que, sensorialmente, está por encima, incluso, del roce de la piel, aun cuando el vocablo que estoy utilizando, me refiero a “sensitivo”, haga referencia principalmente a este último órgano. Sin embargo, lo que no tengo tan claro es cuánto se ha de prolongar en el tiempo el susodicho para ser más placentero, si el cruce largo y mantenido, duelo maravilloso que, dependiendo de que lo ganemos o no, nos da mil y una posibles lecturas, o el inesperado y fugaz, plagado de reminiscencias que permiten alargar su disfrute.
Ayer vino a mi memoria, por alguno de esos misterios que preñan la mente mía, uno, sino el primero, de los cruces de mirada que recuerdo más a menudo, no ya por lo que significó para mí en aquel momento, sino por ser, esta vez sí, el primero que mantuve consciente de lo que estaba haciendo.
Quince años no dan para mucho, todo es repentino y falto de control. “Pam”. Sucede y ya está. Sin embargo, en aquella ocasión alguna neurona mía se encargó de que centrara toda mi atención y todos mis sentidos en los ojos de Benjamín, viejo conocido y algo mayor que yo, que me miraba desde la otra mesa (aquí debería agregar un postit imaginario con la recomendación de volver sobre el tema para disertar sobre cómo una mirada puede conseguir que te guste alguien en quién ni habías reparado) Lejos de apartar la mirada me quedé leyendo en sus ojos lo mucho que yo le gustaba, al tiempo que descubría cuán poderoso te puedes llegar a sentir en tales duelos si sabes que te alzarás con la victoria. Es un poder ambicioso y adictivo, tremendamente adictivo. Pero dicho poder, paradójicamente, sólo es tal, y sólo proporciona placer, si se ejerce sobre el rival adecuado, esto es, alguien que busca lo mismo que tú: ganar.
Lo siento, conmigo perderás siempre.

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