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Archive for the ‘Blogueando’ Category

…no está nada mal, ¿no creéis?

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Un día, alguien aparece por la puerta y te ofrece un trasto que se les ha quedado obsoleto; y una lo recoje, como hace con todo, y lo hace con la mejor de las sonrisas, ya que ir aprovechando es la única manera de tener algo que de otro modo sería impensable poseer. Estoy hablando, perdonadme el desorden narrativo, de mi mastodóntico ordenador.
Tiempo después llega esa cosa llamada Internet. Y como suele suceder, aunque no tengamos para pan compramos estampitas. Y a fuerza de navegar y navegar una va conociendo puertos y ansía nave propia, y, paso inevitable, abre un blog. ¡Qué año tan maravilloso! Pero tras la euforia llega la desidia e, indefectiblemente, el abandono.
Ayer, con motivo de mi inscripción en la quinta edición de los Premios 20Blogs, tocó desempolvar. He de confesar que sentí pena al ver en qué se ha convertido algo que tuvo tanta actividad. Y dudé.
Tal vez esta inscripción llega muy a deshora, estoy convencida de ello, ahora que el blog no es ni sombra de lo que fue. Seguramente no es bueno forzar la máquina, y ésta parecía muy a gusto en su reposo tras los últimos y vanos intentos de reflotarla, pero debo sacarme esta espinita que tengo con los premios. Mi despiste crónico me dejó a las puertas los dos últimos años, y uno de mis mayores defectos es la perseverancia.

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premios20blogs Hace más o menos un año tuve la brillante idea de inscribirme en un famoso concurso de blogs (el de 20minutos, evidentemente), y cuando vi que mi querido Mariano estaba inscrito creí -por aquellas absurdeces mías- que no estaba bien que me apuntara yo también. No le deis vueltas. El caso es que tras pensarlo, y volverlo a pensar, y repensarlo de nuevo, me di cuenta de la absurdez y me puse a rellenar el formulario. Cubrí todos y cada uno de los apartados mientras invertía mentalmente el dinero del premio. Vale, sí, estaba plagiando el cuento de la lechera. Y el cántaro se me rompió al darle a “enter”. Tal cual. El mensaje que apareció a las doce y diez de la noche de aquella noche fue: “Lo sentimos, pero el plazo de inscripción ha finalizado”. ¡Ahhhhhhhhh! ¡Diez minutos! Os lo juro, creí que me cargaba el ordenador. Ya conocéis mi máxima: “todo sucede en el momento adecuado”, y me consolé pesando en ello. No era mi edición.
Anoche ataqué de nuevo tras comunicar a mi familia que iba a dedicarme a ello de pleno (a relanzar el blog, quiero decir).
Es sorprendente la facilidad que tengo para abstraerme de ciertas cosas. Este año no daba con la página de inscripción, así que al ver que era requisito indispensable estar adscrito a la Blogoteca recordé que yo ya era usuario, y tras jugar a la ruleta con el posible nombre y contraseña dí con la página adecuada sin que se me pasara ni por la imaginación que pudiera haber concluido el plazo de inscripción. Hasta que…..¡Zas! ¡Ha acabado el ocho de Julio!
Decididamente tengo que poner una alarma en el móvil

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Cuando hoy he llegado al portal me he dado cuenta de que había pasado de largo por delante de la panadería sin comprar el pan, y me ha dado mucho coraje, habida cuenta de que la panadería, aunque cerca, está antes de subir la empinada cuesta que lleva a mi casa.

Y pasé de largo porque mi mente no me acompañaba en el recorrido diario, sino que estaba, a mi pesar, centrada en hallar explicación a comportamientos, cuando menos extraños, de seres que se cruzan en nuestro camino.

Un año antes de abrir este blog ya tenía uno en el que sólo colgaba, muy de tarde en tarde, alguna que otra ¿poesía?. Una tarde que navegaba sin mucho rumbo encontré un blog con poesía y pequeños relatos, amén de recortes de prensa en los que había salido infinidad de veces el autor, que me gustó mucho. Casualidades hailas, y pese a no ser gallego vivía aquí, en Redondela. Le dejé un breve comentario que, seis meses después, me devolvió en mi blog alabando mis escritos y haciendo alguna pregunta directa. Me hizo gracia jugar al gato y al ratón y los mails derivaron en un divertido juego del escondite. Yo le conocía a él, pero él no me conocía a mí. Tiempo después me convenció para tomar un café, y dado que yo le veía por la calle a menudo me pareció correcto dar la cara. Tomamos café, charlamos un buen rato y nos despedimos.

Lo que mi mente no comprende es por qué ahora unas veces me saluda y otras no. Hoy hemos coincidido bajo un andamio de esos que ponen para arreglar las fachadas de los edificios, incluso nuestros brazos se han rozado y ha mirado al frente fingiendo que no me ha visto. Y así desde aquel café. Al principio yo le saludaba aunque se hiciera el loco, por aquello de que no se me achaque a mí la mala educación. Pero me he cansado de dar la impresión de que mendigo su saludo. Me importa el tipo un bledo. Si él dedujo de mis mails una inteligencia y una cultura que luego no resultaron reales es su problema. Pero no me cuadra que hace unos meses me enviara un mail de estos colectivos solicitando colaboraciones de cara a una publicación que estaba ultimando y que no me diga simplemente hola por la calle. Supongo que en tres años aun no ha tenido tiempo de borrar mi dirección de su mail.

No sé si lee este blog, creo que no, pero por si acaso desde aquí le digo, que no sufra, que un hola por la calle no contagia la incultura ni obliga a nada, y que su aspecto de poeta culto e interesante no se verá en absoluto afectado por abrir momentáneamente la boca al cruzarse con una ama de casa vulgar y regordeta, y encima aleja de uno la fama de maleducado. 

Ainsss, tengo que bajar a por el pan.    

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Aquellos que sean un poco observadores ya habran adivinado, viendo mi barra lateral, que por fin me he librado de la Lessing. No lo he dejado, no. Lo he terminado (podéis hacerme la ola).

Este post me parecía necesario porque sé que muchos seguís al pie del cañón. Según vayáis terminando, o abandonando, dejadme aviso para poder barajar fechas para el post. No hay prisa, al menos por mi parte, ya que la elección no ha sido la más acertada y cuesta. Espero que esto no os retraiga de participar en más ediciones de esta locura. La primera vez de todo suele tener estas cosas. Ya veréis como la siguiente edición disfrutamos más.

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Supongo que estaréis un poco hartos de mis propuestas, pero por favor, hacedlo una vez más, y prometo no proponer nada en mucho tiempo.

Se me ha ocurrido un juego. Consta de dos partes: la primera la desarrollaremos hoy y se trata de hacer preguntas y respuestas. La segunda será justo dentro de un mes, el cuatro de abril.

La parte de hoy, como digo, se compone de algo tan sencillo como preguntar a quien queráis lo que queráis, y responder lo que os hayan preguntado, siempre que alguien os haya preguntado, claro está.

Ejemplo: Irre quiere saber a qué lugar del mundo querría ir Paco si le tocara la lotería. Pues Paco contestará, y, si le apetece, preguntará a la misma Irre o a quien le venga en gana. Cualquiera puede preguntar aunque nadie le haya preguntado  a él/ella. La pregunta puede ser de cualquier índole, y el/la encargada de responder es libre de hacerlo o no, pero lo bueno sería hacerlo.

Gracias por mezclaros en esto y que dios reparta suerte.

Pd: si os parece empiezo yo, y mi pregunta es para Banderas… ¿cuando me darás mi regalo de cumpleaños?( Siento aprovecharme del juego tan descaradamente, pero…)

Pd 2: Se me olvidaba, cada uno puede hacer la cantidad de preguntas que desee, pudiendo dirigirlas todas a una misma persona o a varias. O la misma pregunta a todos, en fin, las variantes son casi infinitas.

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Vengo nueva. Me hacía mucha falta una semana de desconexión. En un principio pensaba leer las entradas atrasadas, pero ya se sabe que cuanto menos hace uno menos quiere hacer. Y además he aprovechado para cambiarle el disco duro al ordenador. El que tenía era de ocho Gb (sí, habéis leído bien) y ahora le hemos puesto uno de cuarenta, aunque sólo me admite 31.4 Gb, pero si hemos sobrevivido dos años con ocho, treinta y uno es el paraiso.

Bueno, ni que decir tiene que la pila de ropa para planchar sigue en el mismo sitio. Soy la number one proponiéndome objetivos, pero para llevarlos a cabo soy algo menos… … eficiente.

Ha sido una semana especial por varias razones. Boss tenía turno de tarde y por las mañanas me acompañaba a tomar el café. En un principio decidió que no me acompañaría, quería respetar “mi hora” sagrada, pero le convencí para que viniera: él con su libro (el que le regalé por su cumple) y yo con el mío. Hemos descubierto una nueva manera de compartir momentos. Una vez que nos servían el café nos despedíamos y nos enfrascábamos en nuestras respectivas lecturas. Supongo que a algunos de los clientes de la cafetería les podía resultar raro ver a dos personas en la misma mesa sin hacerse ni el más mínimo caso. Para nosotros ha sido mágico: estar uno en Londres y otro en Alemania, pero compartiendo desayuno, ha sido realmente especial. 

El viernes fue el día estrella de estas minivacaciones blogueriles. Boss terminó de comer y se encerró a terminar el libro. Ese día no trabajaba y sentía la necesidad de terminarlo. Mientras él leía, acompañé a las hadas a clase de defensa personal. Cuando volví había terminado, y sus ojos estaban maravillosamente rojos y húmedos. Sin decirnos nada nos abrazamos largamente; por fin un libro le había absorvido. Sentí una envidia brutal porque Lessing no me acaba de enganchar, y como voy muy adelantada con respecto a algunos de vosotros (voy por la 343) me permití el lujo de leer el libro de Boss. Aprovechando mi muy dolorosa menstruación me tumbé en mi cama con el libro y una mantita. Eran las cinco y media y lo terminé a las 10 menos cuarto. Me tocó muy profundo y, a la vez, sentí una enorme satisfacción por haber acertado, sin querer, con el título con el que Boss inicia su propia colección. 

Hacedle un pequeño hueco en vuestras listas a El niño con el pijama de rayas, de John Boyne. Merece la pena. 

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