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Archive for the ‘Deporte’ Category

Desprestigio

A esta que escribe le gustaría ser una rara avis en determinadas cosas. Tener gustos extravagantes, diferentes a los del grueso de la sociedad, de esos que te dan un punto de extravagancia que hace que los demás te miren con otros ojos. A una le gustaría, por ejemplo, ser una fanática del tiro con arco o del rugby submarino, pero no, una es una integrante más de la masa y es futbolera hasta médula. Y sí, lloré mucho con el mundial. Una, que ha pasado tantas veces por el amargo trago de caer a las primeras de cambio, sigue en una nube, o seguía, porque ahí estaba Argentina para bajarme, pero ese es otro tema.
Y claro, podría pensarse por esto que estoy feliz con que se le haya concedido a la selección española de fútbol el premio Príncipe de Asturias, pero nada más lejos de la realidad. Por más que hayamos disfrutado del triunfo en la eurocopa, primero, y en el mundial, después; por más orgullo que sintamos frente al buen ambiente que se refleja en el grupo, sin envidias aparentes, sin ambiciones individuales, en definitiva, sin malos rollos, por decirlo de la manera más coloquial, no hemos conseguido nada extraordinario digno de tal premio. Sólo hemos conseguido algo que cada cuatro años han venido consiguiendo un número considerable de selecciones de fútbol. ¿Donde está el mérito?.
Para mí, mérito, y por lo tanto es infinitamente más merecedora de tal premio, es el que tiene Edurne Pasaban y lo que ha conseguido. Pero claro, no tiene tanto tirón mediático. En fin.

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Merengues amarg(ad)os

Que mis niñas no son normales lo sé desde hace tiempo.
Caramba, suena feo. Creo que empezaré de nuevo.
Que mis niñas son especiales lo sé casi desde que nacieron. Supongo, bueno no supongo, sé, que para cada padre y madre los suyos tienen algo que los hace diferentes, pasiones aparte.
Yo voy a contaros y vosotros juzgaréis sí lo son o no.
Mi mediana sólo tiene once años y ya casi me mira por encima del hombro, de la altura que tiene, quiero decir.
Mi chica se ha pasado el verano en la playa en pelota picada, eso sí, cada vez que iba a bañarse tenía que ponerse el bañador.
Ahora bien, la palma se la lleva mi mayor. Trece años. Este verano el sofá ha tomado la forma de su culo, pero no por ver Hannas Montanas varias o vídeos musicales de niños monos. No, mi mayor se ha chupado hasta el último campeonato de todos los deportes habidos y por haber. Que yo recuerde se ha tragado el de natación de Roma y el de atletismo de Berlín; El giro, el tour y la vuelta; nada que decir de los de moto Gp, 250 y 125; por supuesto la F1; están también en el saco los Roland Garros, Wimblendon, copa Davis, masters mil…; etc, etc…Ay queridos, pero hay un deporte que me la lleva por la calle da la amargura. Sí, el fútbol. Y encima me ha salido culé. Mi niña no me pide el Nuevo Vale, no, mi niña me pide el Sport. Y no se conforma con nuestra liga, sino que se sigue la italiana, la premier, y lo que le echen. Es tal su pasión por este deporte que el juego que más le gusta de la Play Station no es otro que el Fifa noséqué. ¿Y qué dos equipos creéis que se coge? Correcto, el Madrid-Barça o Barça-Madrid, y ¿con qué equipo creéis que juega ella? Pues no. Aquí ya rizamos el rizo. Mi mayor juega con el Madrid. Sí, sí, preguntadme el por qué de esta contradicción. Yo os lo digo, mi mayor se coge al Madrid para que gane el Barça. Se mete goles en propia puerta como churros hay en una verbena. Pero ella no elige a cualquiera para que los meta, ella se los hace meter a Raul, y cada vez que lo consigue alcanza el delirio y se recrea de una manera inhumana, viéndole a él y a Casillas poniendo cara de agobio y desesperándose.
Ahora decidme si esto es normal.

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Con motivo del comienzo del curso escolar, y de la vuelta al trabajo de Boss, vuelvo a tener un montón de tiempo para mi; concretamente una horita escasa. Y no sé qué hacer con ella. Entendámonos, no sé por cual de las mil tropecientas cosas que quiero hacer decidirme.
Antes lo tenía muy claro y, como ya di cuenta en este blog, esa hora la dedicaba a leer en una cafetería mientras me tomaba el cafecito. Con la inclusión de Boss en las listas del paro esa costumbre quedó un poquito aparcada. A raíz de una recomendación médica, Boss empezó a caminar por las mañanas para coger un poquito de fondo y empezar a correr, pero hete aquí que la que le cogió el gusto al ejercicio mañanero fui yo. Ahora me debato entre irme a leer o irme a (casi) correr, habida cuenta de que cualquiera de las dos actividades he de realizarlas no antes de las nueve, que es cuando dejo a las niñas en el cole, y no más allá de las diez, que es cuando ha de empezar mi jornada de ama de casa.
Ainsss, puede parecer una bobada pero no consigo ponerme de acuerdo conmigo misma, y todo por tozuda, porque la mejor opción es dedicar días alternos a ambas actividades, pero es que quiero las dos cada día, y no me cuadran los horarios. Evidentemente ya he barajado la posibilidad de levantarme a las seis e irme a correr antes de que haya vida en mi casa, pero tengo serias dudas sobre poder llevarlo a cabo, ya que apenas duermo por las fantasías de mi chica, que ve fantasmas noche sí noche también.
Lo que está claro es que tengo que cerrar el planing ya, porque cuando no leo todo lo quiero (que es mucho) me pongo de un humor que no me lo soporto ni yo misma, y, por otro lado, mi volumen ya no lo soportan ni mis huesos ni mi ego.

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Vendetta

Hace dieciséis años menda lerenda trabajaba en el oficce de una pizzería tras haber pasado por todas las secciones de ésta, lo que me permitía librarme por fin del yugo del uniforme, de la tiranía de algunos clientes y de tener que escuchar el puñetero hilo musical de la misma. Determinado día decidí llevarme una pequeña radio con auriculares porque había un importante partido de futbol que no quería perderme. No recuerdo qué partido era, ni de qué competición, ni quienes jugaban, aunque creo que Alemania estaba implicada, pero no estoy segura. Lo que sí recuerdo perfectamente es que ése ha sido el primer y último partido de futbol que he escuchado por la radio. Creí que me daba un infarto. Estar a merced de un locutor, sin más información que la que proviene de su voz, acompasando tu repiración a los gritos que él profiere, ora de susto, ora de alivio, mientras se recrea creando pausas interminables durante las cuales no sabes si ha sido o no falta, o gol, o vete tú a saber qué, no va conmigo. No tengo paciencia para esperar a que me informe, necesito verlo.

Pero ayer decidí que no vería el España-Italia, porque sabía que me pondría de los nervios, y porque aun odio a Tassotti.

Así que cuando Boss se fue a casa a ver el partido, yo saqué del bolso a mi Don Juan y me dispuse a disfrutar de él y de una cañita en una terraza cerca del río. Pero hete aquí que por todas partes se oían “hayes” y “uyes” que me hacían aguzar bien el oído para enterarme de lo que iba pasando, y la sensación era poco más o menos que la de estar oyéndolo por la radio. Así que cerré mi libro y me fui a casa. Y, ¡¡cómo disfruté!!, pero… ¡¡cómo sufrí!!.  Menos mal que yo confiaba en mi Iker, porque, colchoneros  de mi vida y culé de mi corazón, ¡¡cómo es mi Iker!!… (y no es pasión de merengona) ¡viva la madre que lo parió!

Han pasado catorce años, pero hemos vengado a Luis Enrique. 

 

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¡¡Vamos Alonso!!

¡¡Con dos cojones!!, jajajajajajajajaja, (que bonito es madrugar)

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Ese Rafa!!!!

Me da en la nariz que hoy sí

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Sentimientos

Hoy tenemos resaca futbolera. Unos felices como perdices y otros intentando reponerse del disgusto.

¿Qué puñetas nos lleva a apasionarnos tanto con algo que ni nos va ni nos viene?, quiero decir, no ganamos nada, al igual que no perdemos nada, y sin embargo nos irrita, nos emociona, nos subleva, nos hace felices.

Y hay algo que me intriga más que eso, y es saber por qué razón somos de un equipo u otro. Yo soy del Real Madrid, pero no me preguntes por qué lo soy, no tengo ni idea.

Mi afición al fútbol, como casi todo en mi vida, no es algo que tenga de siempre. En mi casa el fútbol ha primado sobre todas las cosas. Mi padre es un señor muy anticuado, por no decir machista, que cree que trabajar le da derecho a decidir lo que se ve o no en la tele cuando él está en casa. Y lo peor de todo es que para mi madre, la palabra de mi padre es ley. Pero no penseis que por miedo, si no por que para ella, hacer la pelota tiene relación directa con querer, es decir, cuanto más te hago la pelota, más cariño te demuestro.

A lo que iba, que se me va la olla. En mi casa siempre nos hemos tenido que tragar todo el fútbol del mundo, amén de otros deportes. La banda sonora de mi infancia es la de algún locutor gritando los goles, y un sonido entremezclado, aún cuando ya no se atrevía a hacer ruido ni un mosquito, que era el de mi padre pidiendo silencio constantemente. Era como un tic. Nadie hablaba, nadie respiraba, pero aún así, mi padre se pasaba el rato haciendo…..chsss……..chsss. Siseos cortos, secos, repetitivos. Creo que yo odiaba el fútbol. Y puede que a mi padre.

El caso es que algún día indeterminado de mi vida, empezó a gustarme el fútbol. Y fuí oscilando de equipo en equipo, por cuestiones difíciles de explicar si no se es de nuevo adolescente. Iba con el que iba la mayoría de la gente que me rodeaba, según el lugar de España en el que me encontrase. Y volví a Galicia. Y claro, iba con el Celta. Y me dolía lo que le pasara al Celta. Recuerdo un descenso, cuando yo tenía unos veinte años, tendría que buscarlo, pero debió ser la temporada 90-91 ó alrededores, que nos dejó desolados. Siempre creí ser del Celta. Pero llegó un día que se enfrentaban Madrid y Celta, y el primero necesitaba ganar, y me dí cuenta que prefería que ganase el Madrid. Recuerdo muy nítidamente la sensación de sentimientos encontrados, de querer que ganase el Celta, pero desear con toda mi alma que ganase el Madrid. En ese choque de sentimientos fuí consciente de no era del Celta, por más que me empeñara. Era del Real Madrid, aunque me pesara. Porque me pesaba, me sentía una traidora, pero pronto me dí cuenta de que contra eso no caben luchas, ni explicaciones más o menos lógicas. Es como cuando te enamoras, tú no decides de quien, simplemente sientes que l@ quieres sobre todas las cosas.

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