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Archive for the ‘Imaxinando’ Category

Qué diferente sería nuestra vida si pudiéramos decidir lo que nos gusta o lo que nos emociona. Igualmente, qué diferente sería si pudiéramos elegir nuestros recuerdos. Afortunadamente esto no pasa. Ellos solitos se buscan el hueco que creen más apetecible, para perdurar el tiempo que les da la real gana.

Uno de esos recuerdos con entidad propia que pueblan y confieren personalidad ajena a mí a mi espíritu se escenifica de la siguiente manera: yo, en tamaño comino, subida a una silla de manera que mi madre alcanzara mi cintura sin necesidad de doblar el riñón para subirme, y abrocharme, los pantalones, mientras conversamos sobre la conveniencia de que yo fuese adoptada por un señor que no podía tener hijos. En el transcurso de esta conversación no hay desasosiego en mí por trasladarme a vivir con otra familia, sino que hay la emoción típica de la inconsciencia propia de una edad durante la cual la mayoría de las niñas sueñan con ser princesas. En el devenir de esas ensoñaciones no cabe nada de la parte “mala” de un cambio semejante. No hay traumas porque todo es ideal a nuestros ojos. La salvedad es que yo no quería ser princesa, quería ser la hija de un señor que no podía tenerlos. Pero no por altruismo ¡ojo! que a esa edad predomina el egoísmo, el más falto de mala intención que se pueda ejercer, sí, pero egoísmo puro al fin y al cabo.

El señor en cuestión me encandilaba como pocas cosas lo han hecho en mi vida. Ahora que lo reflexiono desde mis 43 años creo que no era tanto él la fuente del encandilamiento como su profesión y lo que de ella sustraía mi siempre ávida de sensaciones parte melómana. Me soñaba con banda sonora perenne sonando por doquier, envolviéndome de pies a cabeza en esas notas que, hasta ese momento, sólo pero siempre, arrastraban a mis pies cuando formaban una composición sonora concreta: el pasodoble.

Esta mi temprana obsesión frustrada de cambiar de padre me ha perseguido siempre en forma de broma familiar. Puede que por eso ayer, cuando alguien cercano a mí conocía la muerte de Manolo Escobar, me miraba como dándome el pésame, porque de alguna manera saben que yo, ayer, me quedé huérfana.

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Subo la cuesta que me aleja de la playa en compañía de mi chica, y a una pregunta suya, que no recuerdo, contesto con una mentira. Y me quedo pensando si he hecho bien o si debería haberle dado con la realidad en las narices.
Ocupo mi mente durante el resto del camino dándole vueltas. Las conclusiones son varias, pero hay dos que tienen, para mí, más relevancia que las demás. Una: que la sinceridad está sobrevalorada. Los libros, los grandes libros, son, en su mayoría, una gran mentira, mundos inventados para nuestro disfrute. Y por qué hacerlo, por qué disfrutar, sólo durante el rato que dura la lectura, por qué no dejar que alguien nos mienta y nos convenza de que somos princesas. La mentira sólo es dañina si se descubre, o dependiendo de cómo se descubra, pero no per sé. La mentira, bien usada, puede aportar infinitamente más felicidad que la verdad.
Y dos: que a veces se saca tanto o más provecho de una conversación con una cría de siete años que el que podríamos sacar de un café con un gran filósofo.

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“El lugar”

No debe quedar nadie por aquí que no sepa que me gustan los libros; que amén de leer me gustan físicamente, como objeto. Tienen sobre mí un poder hipnotizador que me supera.
Me gusta, como a casi todo lector, el olor de los nuevos, pero me gustan infinitamente más los libros con historia, esos que tienen, a veces, tanto, o más, que contar por fuera como por dentro; arte de transmitir a través de la piel, la nuestra, ya que no están ellos envueltos en tan singular tela, por más que algunos fuesen, si la justicia oficiara en estos menesteres, merecedores de ella.

Y hete aquí que servidora ha encontrado “el lugar”. Cientos, si no miles, de libros de segunda mano, o de tercera o cuarta, quién puede saberlo, que se amontonan, al fondo a la izquierda, en un almacén de antigüedades, donde están a merced de quién llegue primero, una o el polvo, para hacerse con ellos a un precio vergonzoso.
Siendo la que firma una pobre incauta aspirante a escritora debería recomendar otra cosa que no sea comprar novelas a destiempo por unos miserables céntimos, pero qué le vamos a hacer, una prefiere ejercer el oficio y morirse de hambre hoy para que dentro de cien años alguien alimente su espíritu con mis letras, así que aquí les presento el que será mi epitafio:

“No se puede ser romántico y querer comer”.

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Sobre gustos…

Las ocho.
Hasta no hace mucho a estas horas ya estaba el sol alto. En mi cuarto, de noche, no he bajado las persianas en todo el verano; me vuelve loca despertarme con luz natural y contar los rayos de sol a medida que se van colando en la habitación. Y ahora mira, casi he de encender ya las luces para escribir a estas horas.
Debería ser siempre verano. Debería salir el sol cada día, para despertarnos, y luego ya que hiciera lo que le diera la gana: que el día quiere nublarse, que lo haga, que prefiere llover, que llueva, que llueva, la virgen de la cueva… que no, que lo que quiere es quedarse, adelante. Bueno, de hecho siempre está ahí, osea que lo que hay que hacer es comprar ventiladores gigantes para que soplen cada mañana a la hora de despertarse. Luego los apagamos y punto. O no, porque también me gusta el viento. Me encanta el viento. Noto como si me recargara de energía. Me siento capaz de mover el mundo cuando sopla el viento. Y sobre todo cuando son vientos de agua. Vientos de agua… Pero ocurre que después de éstos viene la lluvia, y el olor a tierra mojada es, sencillamente, extraordinario. Extraordinario.
¡Vaya! va a resultar que me gusta el mundo tal y como es.

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Tuve, la otra noche, varios episodios de vigilia mezclados con sopor que me dejaron un recuerdo difícil de definir. A pesar de lo molestas que resultan estas situaciones, a mí, esta vez, me resulta agradable recordarlo, y tal vez ahí resida mi dificultad para ponerle una definición a dicho episodio.
Para empezar soñé, si se puede describir así, porque ya digo que no era sueño como tal, sino un ligero duermevela, que podía elevarme y ver mi pueblo desde el aire. Esto sólo me había sucedido una vez, hace muchos años, y era algo que me apetecía mucho que se repitiera porque es una sensación realmente agradable. Lo malo es que debía volver constantemente a la vigilia como tal, y hacerlo poco a poco, porque sino sólo lo hacía mi mente pero no mi cuerpo, impidiéndome moverme. Es decir, yo movía los dedos, por poner un ejemplo, y tenía la sensación de que éstos se movían, pero en realidad era incapaz de moverlos. Sé que es difícil de entender, tanto, como lo es de explicar. Ésta sí es una situación angustiosa, la de despertarse y querer moverse, o hablar para pedir ayuda y no poder durante varios segundos, porque el cuerpo no responde a ningún impulso por más que la mente ya esté consciente. Y por ese miedo a que se repitiera, ya que antes me sucedía más a menudo de lo que es deseable, no me abandonaba del todo al sueño.
Lo siguiente que visualicé, porque a esto sí que no puedo llamarle sueño, es a mis hijas cuando yo ya no esté en este mundo. Esto sí que no sé explicarlo. Fue un tomar conciencia de que todos los seres humanos desaparecemos un día y esto, más allá del dolor que pueda causarles a ellas en el momento de suceder, no influirá para nada en el desarrollo de la vida. Es decir, visualicé el futuro de ellas desde la óptica del ser humano y no desde la de madre, por lo que fue como quitarme de un plumazo un trauma.
Estoy releyendo y creo que no he cnseguido explicar exactamente el episodio referente al futuro, pero en realidad fue muy, muy, agradable. Y con eso me quedo.

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Hace tiempo que me ronda por la cabeza llevar a cabo uno de esos deseos/caprichos muy al alcance de la mano que siempre vamos posponiendo precisamente por lo factibles que son. Esto es: dejarlo siempre para mañana.
El deseo en cuestión no es otro que el de meterme en un tren por el mero placer de sentarme en el asiento y mirar por la ventanilla, mientras dejo fluir a su antojo todas las sensaciones y pensamientos que puedan acudir a mi espíritu y a mi mente, mientras escucho música o dormito, o ambas cosas a la vez….. Me daría igual el destino, ya que una vez alcanzado éste no haría otra cosa que meterme en un nuevo tren que haga el recorrido a la inversa.
Por una de esas casualidades que nunca alcanzamos a comprender, siento que estoy haciendo ese mismo viaje, pero de manera metafórica, desde hace una o dos semanas. Han sucedido determinados cambios en mi estado de ánimo que me hacen sentir la plenitud que le intuyo al infinito... viaje real. De repente me siento metida en un tren del que lo que menos me preocupa es saber la estación a la que se dirige. Siento que avanzamos a un ritmo perfecto y preciso, ni demasiado deprisa ni muy lento. Tan placentero es el paisaje que no me importaría incluso sufrir una pequeña avería. Sólo hay un detalle que difiere del viaje real, y es que, en este caso, cuando llegue a mi destino, pienso quedarme allí.

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Xuntaletras

Miro las letras, parecen dormidas. Con mimo, las voy despertando, y las hilvano de manera que luzcan bonitas, que se vean bonitas. Conformo con ellas paraísos para mi. Ellas se dejan. Por alguna extraña razón confían en mis manos. Imagino mundos en azul, en violeta…… en gris. Saltan del teclado a mis dedos en xuntaletras danza deliciosa y asimétrica. Armónica manera de componer una sinfonía de palabras con un piano de letras. Cierro los ojos y me dejo llevar. Graves, agudos, acentos, comas, puntos …… Palabras que me sorprenden, que se hacen visibles de repente; culmen del concierto. Cada caricia una frase. Cada frase un suspiro. Cada suspiro un sueño.
Hora de abrir los ojos, de descubrir el resultado. Y el resultado es que éste no importa. Sólo importa seguir tocando.

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Oler a papel

El primer día que este blog estuvo colgado en la red recibió catorce visitas. Ahora que sé las cifras en las que se mueven algunos, me parece, y a cualquiera con dos dedos de frente, una cantidad irrisoria. Pero a mi, aquel día, mis catorce visitas, me hicieron feliz. Alguien, sin querer, buscando quién sabe qué, llegó a Xuntaletras, y quiero imaginar que tratando de encontrar en el texto aquello que buscaba, leyó algo que yo había escrito. Suficiente. Nunca pedí más. Nunca aspiré a más. No sé, ni pretendo saber, en qué momento dejaron de llegar visitas equivocadas para ser sustituidas por visitas a conciencia. Sólo sé que me leían. Y escribir empezó a tener otro sentido. Ya no era un simple, y adictivo, acto de juntar letras para construir palabras que trazaran mi  mapa vital. Ya cualquiera podía seguir mi rastro. Pero un rastro está incompleto si le falta el olor. Y yo sé exactamente qué olor quiero para dejar tras de mi: el olor a papel.

blogs-de-papelSé perfectamente que lo primero que haré al recibir “mi Blog de papel” será abrirlo y olerlo. Y me basta presentirlo para reconocerlo.

Y mezclado con mi olor habrá, qué casualidad, catorce rastros más. Todos iguales en la misma medida que diferentes. Todos distintos a pesar de ser iguales.

Quiero imaginar que algún día, alguien, buscando quién sabe qué, acabe leyendo lo que yo he escrito en Blogs de papel, y para mi volverá a ser suficiente, porque en el aire quedará flotando mi olor a papel.

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Este mundo que es el escribir no deja de sorprenderme. Supongo que el camino es tan largo que aun no he recorrido ni la cuarta parte, de ahí que me sorprenda ante cada nueva sensación. Y cada nueva sensación es más fuerte que la anterior. 

Desde que tengo el blog he descubierto que me gusta “escribir por encargo”. Me resulta sorprendentemente fácil hacerlo. Me ocurrió con los relato/entradas que escribí para Estilográfic, John Flint, Llamazares, Eifonso… …

Este sábado recibí una llamada en la que me proponían algo realmente bonito. Hay por ahí un foro que ha tomado como imagen/amuleto un hada de estas de porcelana que cualquiera podemos tener por casa. La han bautizado con el mismo nombre que a la asociación que han formado, pero les faltaba la historia, y esto es lo que me encargaron a mi.

El proceso de imaginar la vida de dicha figurita ha sido fascinante. Pasó de ser un mero objeto decorativo a tener una historia detrás. Aunque pueda sonar un poco a locura siempre la imaginé viva. Puede sentir en mi piel todos y cada uno de sus minutos de vida, sentí su misma tristeza, sentí su mismo afán, sentí su misma satisfacción. En un momento determinado tuve la necesidad imperiosa de verla. Alguna vez la había visto en un estante, pero nunca había reparado en ella, sólo recordaba su sempiterna pose,  nunca me había fijado en sus manos, en su vestido, en su mirada… Ahora sentía que la conocía desde siempre. Sentía que yo había sido una espectadora invisible de sus fatigas y sus pensamientos, y del hecho concreto que la había convertido en leyenda. Mandé un mail solicitando una foto, y cuando la vi no pude evitar llorar. Me sentí muy boba, pero ya no veo en ella una figura de porcelana, sino que la porcelana es la reproducción de alguien que ha existido realmente.    

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Hoy es viernes, y creo que es el día perfecto para realizar una encuesta ya que hasta el lunes no publicaré nada más, con lo que habrá tres días para recibir opiniones.

La cuestión es que hace ya unas semanas que siento la necesidad de hacer una cosa, pero no me atrevo. Tengo mucho miedo del resultado, tanto, que cada vez que calibro la posibilidad de llevarlo a cabo se apoderan de mi estómago unos nervios feroces y los latidos del corazón dejan de ser ritmicos para volverse frenéticos. Pero la necesidad de realizarlo persiste.

Si repaso las fotos de diferentes etapas de mi vida casi nunca encuentro dos en la que lleve el mismo corte o color de pelo. Lo he tenido largo, corto, rizo, liso, con mechas, rojo… Precisamente cuando lo tuve de esta última manera (rojo) es cuando mejor me he sentido.  Hace cosa de un año intenté ponérmelo morado, me encanta el pelo morado, pero, o la peluquera era una inepta, o el tinte era de muy mala calidad, o es cierto que mi pelo no admite bien los colores, porque no hubo manera humana de que, tras sesiones intensas y odiosas de decoloraciones y coloraciones, mi pelo cambiara de color. Esto último va a ser cierto porque, tras de mí fue mi hermana, y en la misma peluquería y con el mismo tinte se puso una mechas preciosas de  (mi)  color morado.

Bueno, a lo que vamos. Ya me he cansado de mi pelo largo y siento una necesidad imperiosa de cortarme el pelo, y aquí os pido que entendáis la frase literalmente, “cortarme el pelo”, cotármelo yo. Meter las tijeras e ir cortando hasta que me guste el resultado. Pero me da miedo no alcanzar el punto donde me guste el resultado. Infinidad de ocasiones me imagino cosas que luego no son factibles. Quiero decir, me imagino un corte precioso, revuelto, que se note que son tijeretazos a diestro y siniestro, nada de corte bien hecho… pero, ¿ y si eso que yo me imagino no me queda bien?

Suele importarme un pimiento infinidad de cosas, pero hay otras sobre las que me obsesiona hacer el ridículo. Entonces, ¿si me obsesiona hacer el ridículo, por qué narices necesito cortarme yo el pelo? ¡Con lo fácil que es ir a una peluquería y que (no) te entiendan (nunca) lo que realmente quieres hacerte! 

En vuestras manos lo dejo:

¿Me corto yo el pelo o voy a la peluquería?

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¿¿¿Si unimos mi pereza de hoy con mi escaso tiempo y con que la verdadera fiesta está en los comentarios de la entrada anterior, que nos da??? Ainssss, pues que hay que ir abajo, jajajaja. Besos.

¡Ah! y esto es visita obligada: El libro de Vitruvia

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Bien, queridos, ante la impaciencia de algunas, la deseperación de otras, y la peligrosidad que supone para las uñas de otros el no haber empezado ya a leer a Lessing, propongo que decidamos día de una vez.

Yo había pensado empezar el viernes tarde-noche, ya que todos disponemos del finde por delante, incluso el sábado por la mañana, pero también he pensado en que esos días son aprovechados por la mayoría para el relax en compañía, por lo que  hacerlo el lunes sería otra opción. Pero claro, ahí se me cae la ilusión, porque yo empezaré seguro de buena mañana, y todos, o casi todos, estaréis trabajando, por lo que mi idea superromántica de empezar a la vez, osea, mismo día misma hora, por aquello de la quedada mental, se cae completamente. Tercera opción es empezar lunes por la noche, así la idea original de “todos a la vez” sería posible.

Lo dejo en manos de la mayoría, y por supuesto se pueden aportar más opciones, tantas como participantes.

Otra cuestión pendiente es la de fijar un día para colgar la entrada, y ahí no me atrevo a proponer porque cada uno tiene un ritmo de lectura, y no todos disponenmos del mismo tiempo. Delego en vosotros.

Venga, va, que aunque “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” me tiene absorvida, estoy que me subo por la paredes por empezar. 

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Estoy encantada de que la idea haya tenido tan buena acogida. En serio, que alguien comparta estas locuras me maravilla y me  hace dar botes hasta en la cocina, cosa que hice ayer tras los primeros comentarios, jajajajaja. No podía parar de saltar.

Bien, ha habido varias propuestas. También ha habido ya, en el post anterior, varios comentarios inclinándose por unas u otras. A continuación pongo la lista de los títulos sugeridos y enlaces en donde podemos consultar precios, páginas y sinopsis de todos ellos.

PRESENTIMIENTOS  de Clara Sánchez. Información aquí y aquí

EXPIACIÓN  de Ian Mcwan. Información aquí  

CRÓNICA DEL PÁJARO QUE DA CUERDA AL MUNDO  de Haruki Murakami. Información aquí y aquí

DE NUEVO EL AMOR  de Doris Lessing. Información aquí y aquí

LA HISTORIA DEL AMOR  de Nicole Krauss. Información aquí y aquí

PERSÉPOLIS  de Marjani Satrapi. Información aquí y aquí

ACTUALIZACIÓN:  Doris Lessing va venciendo al segundo más nombrado, que es el de Haruki Murakami, por tres votos a dos, (o cuatro a tres, si tenemos en cuenta que Doña Inte a nombrado a los dos pero no se ha decidido por ninguno, jajajaja). Tambien tengo dudas de si Eifonso va a participar o sólo ha votado porque le gusta el libro. Eifonso, manifiéstate, jajajaja.

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Llevo ya unos días dándole vueltas a una idea que me parece bonita. A ver que os parece.

Alguna vez hemos comentado, algunos, lo bien que estaría hacer una quedada, y conocernos. Alguna vez he comentado, que yo no podría asistir. Entonces se me ha ocurrido que podíamos llevar a cabo una quedada mental. Tranquilos, habelas hailas, pero yo no soy una de ellas.

La idea parte de un post que hizo Mariano a raíz de uno mío, en el que decía que se acordó de mi y de mi post en una cafetería, y a mi me pareció fantástico poder estar allí sin estarlo, y desde entonces quedó como un germencillo en mi alocada mente y  ha fructificado en esta modesta, pero creo que bonita, propuesta: Propongo que entre todos decidamos un libro, que entre todos decidamos una semana concreta del calendario, y que durante esa semana, o dos, leamos todos ese mismo libro, y estar así conectados de alguna manera, sabiendo que en algun lugar de la geografía, esos a quienes conoces y admiras, están leyendo eso mismo que estas leyendo tú.

Ni que decir tiene que sólo es una idea, y que cada uno es libre de participar o no. Si no fuera porque soy como soy, ahora mismo lo borraba todo, porque por momentos me parece una chorrada. En fin. Aquí lo dejo. El que quiera hacerlo que lo diga, el que no no tiene por qué decirlo. Que comente sobre el tiempo o que pase de largo, jajajajaj. No sé si me explico. La rehostia sería ya, algun día, cuando seamos viejecillos, hacer una quedada real y firmar todos el ejemplar de todos, como la insignia de un grupo de locos sin afán de nada.

Lo dicho, la idea está en el aire, y las propuestas abiertas. El título que decida la mayoría será el elegido. Nos vemos en lás páginas de un libro. 

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(Aquí empezó esto)

Ahora que tengo ante mi los miles de caminos que pienso recorrer comprendo que este era mi destino. No tengo horarios, ni prisas. No tengo la cama hecha ni la comida pensada, pero tengo algo mejor aun, tengo hambre y sueño, que me hacen sentir más viva que nunca. Y frío, tengo frío.

He robado un bolígrafo y una libreta. Hoy por hoy son las únicas y verdaderas necesidades que tengo, y mi único patrimonio, mil veces más valioso que cualquier otra posesión. Ellos son el único espejo en el que pienso mirarme. Puede que a veces no me vea guapa, pero siempre me veré tal como soy. Anotaré aquí todo lo que algún día quiera recordar. La mente la mantendré siempre libre, abierta. 

He notado que hay personas que me miran con lástima, y a mi me dan lástima ellas. No saben ver más allá de harapos y arrugas. Aunque consiguieran adivinar la luz de mis ojos no sabrían descifrar su significado. No las culpo, nadie les ha enseñado que hay vida más allá del confort que da la calefacción o de la tranquilidad de la rutina. A veces siento el deseo de hablarles, de contarles que ahora soy feliz, más de lo que ellos serán jamás, pero me da pereza. He ansiado tantas veces librarme de la atadura de un idioma que, por limitado, nunca he conseguido dominar hasta el punto de poder expresarme, que me parece absurdo volver a someterme a su dictadura. Prefiero seguir con mis silencios y su ilimitado mundo. Nada ni nadie le pone límite al silencio. Sin embargo las palabras sí se acaban. Y empiezas a oír las mismas una y otra vez, llegando a olvidar su significado, convertidas en sonidos tediosos por tantas veces oídos.

Paso horas y horas caminando hacia ningún lugar, mirándolo todo sin ver nada, escuchándolo todo sin oír nada. Si lo hiciera, si viera u oyera, podría caer involuntariamente en la tentación de prejuzgar por lo visto u oído, y me niego. Las costumbres que aun arrastro podrían jugarme una mala pasada, pero creo que sabré mantenerlas a raya, al menos hasta que consiga librarme de ellas. Puede que ya lo haya conseguido, de ahí que no quiera oír ni ver. ¿Quién sabe? No pienso apresurarme ni siquiera en someterme a mi misma a exámenes absurdos. Todo lo que ha de ser, será. Por eso mismo no me preocupa el hecho de recordaros cada noche. Había decidido viajar sin recuerdos, dejarlos atrás, pero uno no siempre consigue lo que se propone, y ahora sois lo único que me acompaña en mis noches de buscada soledad, y comparte espacio con ella sin confrontarse. Ahora sé que hice lo correcto. No podía seguir engañándoos. Aquella que vivía con vosotros no era yo. Yo soy esta, yo soy así. Tal vez estéis pensando que no os quiero, tal vez estéis en lo correcto. ¿Quién decide si un sentimiento es o no verdadero?. ¿Qué acción mide su intensidad?. Yo podría gritar que os he querido más que a nada, y no por ello es esto más verdad que vuestra verdad callada, íntimo dolor que ahora os embarga, esa que intuyo asomó a vuestros ojos al tiempo que leíais mi carta. Pero no me arrepiento. El tiempo pasará y convertirá vuestro dolor en un leve recuerdo, y a mi me dará el lugar que realmente merezca en vuestro pensamiento. No ambiciono un gran lugar, ni siquiera un lugar pequeño. Me basta con saber que durante un periodo en nuestra vida compartimos tiempo y espacio. Puede que algún día adivinéis mis razones, aunque no espero que lleguéis a comprenderlas. Yo misma he tardado muchos años en mirarlas de frente y aceptar sus consecuencias.

La vida no se detiene, sólo cambian sus protagonistas. Yo he decidido protagonizar mi propio guión, poner cada punto y cada coma, incluso barajo la posibilidad de poner yo misma el punto final.       

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Hoy hace un mes que abrí esta ventanita. Necesitaba aire fresco, ya que todavía coleaba a mi alrededor una borrasca que me amargó durante un tiempo.

Por una decisión de Taosen con respecto a su blog, abrí el mío. Este. Yo ya tenía uno, Murmullos,  que sigue abierto, pero cuya función es otra. Nunca había intercambiado impresiones con la poca gente que alguna vez dejó comentario. Aquel es otro mundo.

Aquí, en cambio, me tropecé con Desesperada y con Wilde, o con Wilde y Desesperada, no recuerdo bien, y tras ellos vino esta fantástica marabunta bloguera.

Jamás se me pasó por la cabeza que pudiera tener alguna visita, ni siquiera contemplaba dicha posibilidad ¡¡con la de blogs que hay por ahí!! Y mucho menos que se molestaran en dejar comentarios. Pero ayer, cuando recibí la visita dos mil, uff, pensé que lo mismo este bicho se equivoca. No puede ser que cuatro gilipolleces  mal escritas le interesen a alguien.

En mi vida real no encuentro a gente con la que me entienda, sé que tiene que haberla, pero no la encuentro. Estoy rodeada de mamás de ideas machistas, de gente desocupada y aburrida, con la que no me une ningún interés común. También sé que en parte es culpa mía. Sé que la imagen que proyecto en los demás es de borde. Nadie conoce mi timidez, mis complejos . . . Que más que complejos son realidades que trato de esconder.

No acabo de encontrar mi ubicación en un mundo al que siempre pienso que no pertenezco. Mi lugar es otro.

Mi lugar es un lugar donde la tolerancia prime por encima de todas las cosas, donde los sueños e ilusiones no se vean truncados por la ignorancia colectiva de quienes sólo buscan objetivos impuestos por una sociedad hipócrita. Mi lugar no entiende de colores, ni de formas, ni siquiera de nombres. Mi lugar está lejos, pero tengo la esperanza de vivir lo suficiente para morir en él.

Y mientras vivo y espero, en mi otro mundo he encontrado mi lugar en vosotros, en todos y cada uno.

Y pienso quedarme hasta que me echeis a patadas.

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¿Quien soy?

Cuando leo alguno de vuestros blogs, juego a imaginar como sois a traves de lo que cada uno escribe. Y hoy me he preguntado, ¿como me imaginarán a mi?.

Os dejo siete fotos para que os decanteis por la se parezca a cómo me imaginais. No hay trampa, una de ellas soy yo.

 1ª-  Me gusta mirar de frente, a los ojos, a veces sé que intimido un poco.

2ª- Lo mismo me pongo de rubia que de morena que de azul.

3ª-  Nunca le he tenido miedo a las arrugas.

4ª-  Me gusta el negro.

5ª-  Me encantan los colgantes hippies.

6ª- Adoro los cambios de loock.

7ª- A menudo voy de asitas, siempre tengo calor.

Todas las afirmaciones a  pie de foto son ciertas.

Que dios reparta suerte.

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Bicos no vento

(Castellano)

Nada máis afastarse daqueles beizos, mergullárase nunha espiral de sensacións, que non podería explicar se  tivese que facelo. Elevárase dando voltas sobre si mesmo e sentírase cheo de vida. Aprendera de contado a facer reviravoltas a sua antoxanza, cunha forza que o enchía, sacando proveito das foleadas dun vento que soplaba máis e máis forte canto máis alto subía.

   E mentres se deixaba envolver pola nada e polo todo, fora tomando conciencia de quén era e de porqué estaba alí. Nun so intre, soubo que non era un bico calquera. De súpeto, era sabedor das xenerosas intencións de quen o botara o vento, e xa sabía tamén con canto amor foran arrimadas as mans nas que nacera os beizos nos que fora  creado.

  Era unha mañan tan clariña , que os raios do sol eran ceibes para chegar ate onde quixeran, xa que non atopaban  nada que os detubera. E decidira viaxar nun deses raios, e aproveitar a sua vida. Na sua esencia estaba marcado o seu destino, mais non tiña  marcado o tempo no que debía chegar a él.

  Sabía que non todos tiveran, nin terían, a sua sorte. Alguns naceran e morreran cáseque o mesmo tempo. Eran bicos os que os mesmos beizos depositaran no seu destino. Destinos moi diferentes. Unhas veces foran pousados con paixón noutros beizos e outras veces foran apertados contra as meixelas tenras dun neno. Ou arrimados con agarimo a fronte fervendo dun fillo. Outros, morreran o calor dos abrazos dalguns namorados, outros, nas curtidas mans dun avó.

  Pero él era un bico no vento, e polo tanto non o ataba nada mais ca unha obriga interior de facer o que sabía que debía facer. Pero non tiña presa. Podía ir todo o de vagar que quixera.

  Adicárase dende entón a percorre-lo seu camiño pola senda mais longa. Montárase nun raio do sol e deixárase levar polo vento, escomenzando dese xeito a mais fermosa viaxe que podia facer un bico.

  A sua primeira parada fora pra enredarse na roupa bencheirenta que atopara prendida dunha corda dourada, corda que se abrazaba con forza o tronco dunhas árbores, tan cheas de cereixas, que as polas caseque acariñaban o chan. ¡Que ben o pasara xogando consigo mesmo as escondidiñas, por entre os buracos dos encaixes dunhas sabas, que de puro branco, cegaban!. Pechara os ollos e deixárase envolver nunha loucura de fragancias e caricias, que quixera que ouberan sido para sempre. ¡Que fácil lle oubera resultado deixarse  tolear!. Mais con unha gran forza de vontade conseguira desfacerse do abrazo daquela roupa, pois sabía que coma esa experiencia tiña que haber milleiros.

 E non se trabucara. Seguira coa sua aventura. Unhas veces co vento a favor e outras con él en contra, mais calquera das duas situacions era abraiante.

  Sobrevoara rios longos coma mundos, nos que se vira reflexado e aquela imaxe deixarao sinxelamente abraiado, pois antes de terse mirado, non se imaxinara daquel xeito, tan inmenso e tan pouca cousa a un mesmo tempo. Despois daquela visión que tanto o sobrecollera, elevárase ainda mais para ver dende aló enrriba prados enteiros cheos de árbores que se deixaban acariñar pola brisa ou doblegar polo forte vento. Vento, vento, vento….que o atormentaba cando soplaba coma un furacán e que o adormentaba cando amainaba.

E nesas estaba cando chegara a sua primeira noite. Tan adormiñado estaba no berce da brisa, que non se dera conta de que os raios de sol que o levaran o longo daquel día, foranse agochando, de un en un, nalgun lugar onde ningen os mirara, e así deixar o ceu as escuras pra que nada entorpecese a sempre máxica aparición da dona do firmamento. E así a descubriu, fermosa, brillante e digna. Namorárase perdidamente da lúa nada mais mirala aparecer. E pasara toda a noite mirando para ela, sin que o sono se atrevera siquera a aparecer, tendo medo de estragar a maxia que xurdira daquel encontro.

  E coñecera o sufrimento o mirala desdebuxarse pouco a pouco, cando os raios de sol voltaron a por él. Pero por moi prendado que quedara dela, debera seguir co seu camiño, mais deixaba colgado daquel ceu nocturno un anaquiño do seu corazón, un anaquiño que xa non lle pertencía, e que dende esa noite, brillaría na compaña de outros centos de miles de anaquiños de corazóns que tantos namorados deixaran antes ca él.

 Voltara de novo a voar na compaña dos raios de sol, que esta vez o levaran cara o mar, e de novo se asombrara co espectáculo.

 Nada mais chegar, puxerase a xogar coas areas que rolaban pola praia, e que non tiñan outra ocupación, ca aquela de rolar e rolar, empuxadas polo vento. Cando estivo canso de xogar, subírase no lombo dunha gran gueivota, e, agochado entre as suas plumas, sobrevoaran aquel mar que parecía de prata. Aquel animal planeaba a un suspiro da superficie, e mesmo parecía que quixese acariñar as olas, pero non se atrevía. Un voo rasante durante o cal, todo él, se impregnara daquel bendito cheiro a sal que xa por sempre lle faría compaña.

  Tra-la travesía marítima decidira poñer de novo rumbo o interior. Dun brinco abandoara aquel asento de privilexio, dende onde contemplara aquel inmenso espello, prateado as veces, pero sempre profundo e misterioso.

  E voltou a escuridade, e volveu namorarse. E de novo a noite en vela. E unha vez mais o sufrimento do amanecer…

                                                         

Adicado a María Mariño, homenaxeada nas Letras galegas 2007.

Gracias Taosen, pola tua axuda

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Y si cuando despertemos
nuestras ganas de abrazarnos
han salido a por el pan,
y las manos que hablaban por nosotros
se entretienen en tejer desilusiones.
Y si cuando despertemos
tus caricias no me buscan,
por que tienen que arreglar el descosido
del faldón de la rutina.
Y si cuando despertemos
nuestros sueños se han dormido,
cansados de esperar en un cajón,
donde fueron a parar por un descuido.
Y si cuando despertemos
la vida ya se ha ido,
y mis ojos no te miran
por que miran al pasado.
…………….

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