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Archive for the ‘Miserias’ Category

No quiero, ni podría, olvidarme de ella.

Qué ciegos estamos a veces. Me pregunto que resortes saltarán, o al revés, qué resortes se bloquearán para impedirnos ver algo que tenemos en los mismísimos bigotes.

Marlene me dejó una punzada en el estómago de difícil calificación. Marlene me dió pena, profunda, muy profunda, y me dió ejemplo; Marlene me conmovió, y me fascinó; ella se convirtió en mi heroína y su recuerdo en mi recurso para salir de mis pozos, tan diferentes del suyo, agujero infernal al que ha de bajar sí o sí; tan real como terrible y tan temible como el hambre que supondría negarse a bajar. Y, pese a recordarla cada día, pese a encender mi ordenador cada día, jamás la busqué en este mundo que todo lo puede. Pensé, tan ignorante como atrevida, que había calado sólo en mí. Pensé que aún me dolía sólo a mí.
Hoy tuve que hacerlo, tuve que buscarla, porque no recordaba su país, vergonzoso olvido que me aflije, y me encontré con esto. Marlene llegó a muchos corazones y los puso patas arriba, los removió como hace cada día con la tierra de la mina. Veremos en qué acaba la cosa. Yo, de momento, tengo un hilito del que empezar a tirar para sacarla de allí.

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Matemáticas

Sindicato: 1. m. Asociación de trabajadores constituida para la defensa y promoción de intereses profesionales, económicos o sociales de sus miembros.
+ Coacción: 1. f. Fuerza o violencia que se hace a alguien para obligarlo a que diga o ejecute algo.
+ Huelga: 1. f. Espacio de tiempo en que alguien está sin trabajar.
= Fascista: 3. adj. Excesivamente autoritario.

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Imaginemos, por un momento, que una persona honrada decide un día emular a las grandes empresas y jugar con los plazos y los márgenes de, pongamos por caso, la lectura del gas. Imaginemos que tras ocho años dando la lectura real como un clavo, decide un día liarse la manta a la cabeza y da una lectura “maquillada” a la baja en cuanto a lectura real, aunque paradójicamente sea al alza en relación a meses anteriores, a la espera de una hipotética, a la par que ansiada, recuperación económica. Imaginemos que por hazar en ese período llega a la puerta, sin aviso previo, un inspector que jamás había aparecido, y que, ante las dudas sobre su autenticidad, habida cuenta de lo que se oye por ahí sobre estafadores, la persona honrada decide no abrir hasta no constatar por teléfono con la empresa que le suministra el gas, que ese inspector, efectivamente, existe. Imaginemos que, para más inri, ese mismo día nuestro honrado protagonista descubre que está roto el finísimo cablecillo del precinto del contador.
¿Qué hará el, supongamos cabreado, inspector cuando vuelva? ¿Qué consecuancias tendrá el haberle dejado en la calle? ¿Cual será su reacción frente al cable roto? ¿Tendrá en cuenta que, estando roto el precinto, lo normal sería que la lectura fuese mucho menor, o al menos igual, y no bastante mayor? ¿Tendrá en cuenta que en el mueble donde está el contador se guardan, cada mes, 70 litros de leche, y que alguna de las hijas de nuestro honrado protagonista puede haberle dado un mal golpe en el trasiego diario? ¿Sabrá diferenciar las excusas reales del nuestro honrado amigo de las que, seguro, está acostumbrado a oir de “profesionales” de la estafa? ¿Cómo puñetas se apañarán estos estafadores para poder llevar a cabo sus empresas? porque una, que lo ha intentado con ahínco, ha fracasado estrepitosamente, y con el añadido de la mala suerte.
Ah! y he robado una toalla de playa, pero vamos por partes. Las condenas, de una en una, por favor.

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Pensaba escribir hoy sobre lo destructivo que es el orgullo. Sobre lo enfermizo que puede llegar a ser en determinadas personas. Sobre si debemos o no tolerarlo si quién lo padece nos importa. Pensaba escribir sobre lo duro que resulta el día a día para quién tiene relación con un orgulloso por naturaleza, dando por sentado que así es, que le viene dado, ya que no creo posible que algo así sea seña de identidad por voluntad propia.
Pero he decidido no hacerlo, no amargarme dándole vueltas. Hoy escribo sobre lo bonito que nos va a quedar, A Boss y a mí, el centro que vamos a hacer con piedras preciosas que rescatamos de la playa cuando baja la marea. Todo un tesoro de cristalitos que el roce de la arena y los años han pulido, dejándolos suaves y sin aristas. El paso del tiempo los ha transformado; han dejado de ser trozos de cristal amenazantes, que alejaban de sí cualquier intención de acariciarlos, y los ha convertido en objetos maravillosos que a cualquiera que ame la delicadeza le gustaría poseer.
Lástima que a algunas personas no les suceda lo mismo.

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Jugar con fuego

Heme aquí, intentando inquirir cómo se comporta una frente a los rumores ya que no siempre reacciono igual. Unas veces me los creo; otras no.
Rumor tiene una definición preciosa: voz que corre entre el público. Sin embargo, le tenemos cuasi como sinónimo de falsedad. Consecuencias de ir de boca en boca, supongo.
Sea como fuere, hay un rumor que vengo escuchando desde niña que habla de los incendios provocados. Y este rumor, aunque tenga una definición bonita, tiene un contenido feo, ya que la voz que corre es que todo incendio provocado tiene detrás a quién paga por extinguirlo. Es vox populi que pagan al tonto del pueblo y le meten la cerilla en la mano. Y a una le gustaría no creerlo. Le gustaría tener razones que dinamitaran cualquier posibilidad de que ello fuera cierto. Pero España y sus costumbres juegan en contra. En nuestro adorado país de pandereta estar a la espectativa no es productivo. No está bien visto pagar por estar de brazos cruzados. Así que, démosle trabajo a los brigadistas, que no se pasen el verano mano sobre mano, pongamos un fuego en sus vidas que les haga sudar el salario.
Y luego pasa lo que pasa. Enterramos a los muertos, y aquí paz y después gloria.

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No me tengo por feminista, aunque vete a saber si lo soy. Lo que tengo claro es que no creo que la manera de acabar con el machismo sea incidir en las diferencias que ya hay entre géneros, aunque cambie el beneficiario, que es lo que yo creo que hacen las feministas, o al menos eso es lo que parece que hacen las más radicales. Que me perdonen si no es así.
Mi entrada de hoy, aunque pueda no parecerlo, es para denunciar una injusticia, independientemente de que las grandes perjudicadas sean mujeres.
Este invierno pude asistir a un obradoiro (taller/cursillo) sobre la importancia de la mujer, a lo largo de la historia, tanto ante una cámara, o un pintor, como tras la misma o portando la paleta. Y mi estupor aumentaba día a día tras comprobar que lo que nos decía la profesora era cierto: hay cientos de mujeres pintoras, buenas pintoras, de las que no se habla en ningún sitio. El último diccionario enciclopédico que yo adquirí está editado en 2003 ¡antesdeayer! y no se nombra a ninguna. A ninguna. Y creedme, hay mujeres pintoras de tal importancia, como puede ser el caso de Fede Galizia, que incluso tienen el honor de haber sido el primer artista italiano, allá por el siglo XVI, en firmar un bodegón, discicplina en la que realmente destacó. O como Lavinia Fontana que fue elegida pintora oficial de la corte del Papa Clemente VIII. Y hace solamente 30 años que una galería estadounidense expuso obras de algunas de estas mujeres, ya que hasta entonces era como si no existieran.
Gracias a quien lo creara ha llegado internet y ya hay blogs fantásticos que dan luz a estas artistas, pero me sigue pareciendo ver-gon-zo-so que no haya constancia de ellas en papel, salvo honrosas excepciones, quiero imaginar, porque no tengo noticia de ellas.

Os dejo unos enlaces interesantes:
Mujeres pintoras
Figuration féminine

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Mona de feria

A veces me pongo a soñar despierta, que es la única forma que conozco para dominar los sueños y elegir el tema a mi antojo. Y me gusta soñar qué haría si tuviera un porrón de pasta. Sí, sé que el dinero no da la felicidad, pero no seamos hipócritas, tenerlo quita preocupaciones, y no tener éstas ayuda muy mucho a ser feliz. Luego le doy la vuelta a la tortilla y empiezo a pensar que tener mucho dinero no te deja vivir tranquilo, porque aunque los motivos para tener las susodichas tengan otro cariz, en esencia te hacen sentir lo mismo.
Lo que nunca me ha dado por soñar es con tener poder. Qué cosas. Será que para tener dinero vale cualquiera, y por lo tanto soy tan buena candidata como él que más, y puede que para tener poder se necesite un cuajo del que yo carezco. Porque tal como yo veo el patio los poderosos de ahora lo son de pacotilla y en vez de ejercer el poder están sometidos a él, y para muestra, los Obama.
Y llegados a este punto una para de soñar para ponerse a elucubrar, con la nada desdeñable intención de averiguar qué carajo de deuda tendrá los de eeuu (así, con minúsculas, que este es un blog de tono coloquial) con nosotros, los españolitos, para tener que mandar nada menos que a su primera dama a lucirse como un mono de feria.
Me voy a la playa, eso sí, en escapada privada, que yo ni poder ni dinero. No hay mal que por bien no venga; nadie fotografiará mis Michel(le)ines.

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