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Archive for the ‘Peticargos’ Category

Este mundo que es el escribir no deja de sorprenderme. Supongo que el camino es tan largo que aun no he recorrido ni la cuarta parte, de ahí que me sorprenda ante cada nueva sensación. Y cada nueva sensación es más fuerte que la anterior. 

Desde que tengo el blog he descubierto que me gusta “escribir por encargo”. Me resulta sorprendentemente fácil hacerlo. Me ocurrió con los relato/entradas que escribí para Estilográfic, John Flint, Llamazares, Eifonso… …

Este sábado recibí una llamada en la que me proponían algo realmente bonito. Hay por ahí un foro que ha tomado como imagen/amuleto un hada de estas de porcelana que cualquiera podemos tener por casa. La han bautizado con el mismo nombre que a la asociación que han formado, pero les faltaba la historia, y esto es lo que me encargaron a mi.

El proceso de imaginar la vida de dicha figurita ha sido fascinante. Pasó de ser un mero objeto decorativo a tener una historia detrás. Aunque pueda sonar un poco a locura siempre la imaginé viva. Puede sentir en mi piel todos y cada uno de sus minutos de vida, sentí su misma tristeza, sentí su mismo afán, sentí su misma satisfacción. En un momento determinado tuve la necesidad imperiosa de verla. Alguna vez la había visto en un estante, pero nunca había reparado en ella, sólo recordaba su sempiterna pose,  nunca me había fijado en sus manos, en su vestido, en su mirada… Ahora sentía que la conocía desde siempre. Sentía que yo había sido una espectadora invisible de sus fatigas y sus pensamientos, y del hecho concreto que la había convertido en leyenda. Mandé un mail solicitando una foto, y cuando la vi no pude evitar llorar. Me sentí muy boba, pero ya no veo en ella una figura de porcelana, sino que la porcelana es la reproducción de alguien que ha existido realmente.    

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Clandestino Rodriguez

Me miró A los ojos Algo más de un mes y menos de dos. Intervalo eterno de un segundo en que mi corazón me gritaba: ¡Dispara!. Yo, sólo yo, sólo un bobo, no acerté más que a decir: No me llames Clandes que me pongo colorado, cuando en realidad quería susurrar: Engánchate conmigo.

Para mi el sexo no tiene ningun interés, no es Mi enfermedad. Mi único punto débil está en La parte de atrás de mi alma, en un rincón con ventanas a La calle Sacramento. Si ves Cien pájaros volando, no me busques, no me encuentres, porque Estoy muy cansado, no puedo con mi alma. Tan sólo deliro……Canal 69…… ¿sí, dígame?……Señorita……Cuarta de cubierta……

Tú eres La mujer de un amigo, yo Debería escribir más, huir de La mirada del adios, pero No me sale nada, es lo que tiene estar enamorado. Peor es nada. Debo volver al trabajo, centrarme en mis cosas: -Me tienes que redireccionar eso que te he dicho-. Olvidarme de este Sol y sombra constante de tus Ojos verdes. Nunca he tenido Buena suerte, y ahora tengo Un día menos. Si al menos pudiera perderme en tu Tormenta de arena, en tu conversación insaciable; me empaparía de tu voz, me cubriría con tus palabras hasta volverme loco. Creo que voy a eyacular.

Demasiado tarde. 

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Hoy pensaba cumplir el deseo de Clandestino, que era que hoy no escribiese en el blog, aunque sí escribiese en la intimidad, para continuar esas historias que tengo empezadas y guardadas en alguna carpeta perdida, pero me lo he pensado mejor, y como es un adorable bocazas, pues eso, que se queda sin deseo por eso mismo, por bocazas.

A todo esto esto voy a leer la definición exacta de bocazas, no vaya a ser que sea más fuerte de lo que yo pienso y me se enfade.  (Tatatá, tatá ta, ta, ta….. vale). Bueno, un bocazas es, segun la RAE, una persona que habla más de lo que aconseja la discreción, por lo que le viene al pelo.

Tras unos días de reveses parece que la cosa, osea mi vida, empieza a encarrilarse de nuevo. A la alegría de topar con un bocazas hay que sumarle que mi casero ha decidido que nos renueva el contrato, y que sólo nos sube el alquiler 20 euros, por lo que el fantasma de la mudanza tiene que seguir vagando lejos de nosotros, aunque esto no debería decirlo muy alto, no vaya a ser que se nos cruce una ganga hipermegafantástica de un piso mejor y más barato, y haya que realizar la susodicha.

Odio las mudanzas. Llevamos ya como tropecientasmil. Y es una mierda directamente. Yo soy de las que cuando consigo desembalar todas las cajas y tener cada cosa en algun sitio (no confundir con tener cada cosa en su sitio), ya tengo que empezar a embalar de nuevo.

Decididamente no he nacido para ama de casa, y mira que pongo empeño eh, pero nada. Tengo una amiga que tiene una supercasa en la aldea y un piso aquí en Redondela. Pues bien, no sé cómo lo hace, pero las dos casas estan absolutamente impolutas, y no me refiero a camas hechas y suelo barrido, que en mi caso ya sería un auténtico logro, me refiero a cristales, persianas, escobilla del bater………Es impresionante verla todas las tardes de punta en blanco, de compras, de cafeses, y saber que trabaja por las mañanas, y corta ella misma el cesped del megajardín, y cocina y lava para su hijo que estudia en Santiago……En serio, creo que tiene un pacto con el diablo como mínimo.

En cambio yo voy de culo cada día de mi vida. Sin ir más lejos hoy ya no debería estar aquí, sino que tendría que estar en el banco para pagar las facturas que mi madre se niega a domiciliar, luego a la pescadería, de ahí al centro de convenciones del multiusos porque hoy da una conferencia sobre cómo vivir y no morir en el intento una tal Vitruvia…… No, no, tranquilos, esto último lo he soñado.

Bueno, de todos modos me lo he pensado mientras escribía y esta chorrada de entrada se la dedico a Clandestino. El día que me guarde un secreto le dedico una en condiciones. ¿Hace?. 

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Esta semana he estado cumpliendo deseos. Ha habido deseos con los que he disfrutado mucho, otros con los que he disfrutado menos, pero sin duda alguna me quedo con el de hoy.  No solo porque Eifonso me propusiera algo que me permite ser de nuevo yo misma, que tambien, sino por lo especial del tema para mí.

La última vez que subí a una montaña fue este verano. Hasta ese día, tenía una cuenta pendiente con mis sentimientos. Y la saldé, la saldé hasta creer morir de “ledicia”, que se dice en mi tierra.

Fuimos toda la familia  a comer al Faro. El faro es mi referente cuando recuerdo los buenos momentos vividos con mi padre. Es el decorado de su inexistente  infancia, y es el lugar en el que mayor transformación sufren las facciones de su cara. Casi se puede adivinar el niño que, en la Galicia más pobre de la posguerra, nunca pudo ser.

Hay en mi mente un recuerdo, que es el preferido de todos los que pueda tener de mi niñez. Sé, casi a ciencia cierta, que no es el recuerdo de algo rigurosamente vivido, sino que lo he ido moldeando en mi mente con lo que una y otra vez cuenta mi madre. Ella siempre dice que mi padre ascedió por determinada pared del faro conmigo subida en sus espaldas, cuando solo tenía tres o cuatro añitos. Cuenta que mi padre siempre admiró mi valentía, que ese día se quitó los zapatos para que los calcetines se agarrasen bien a la piedra, se me echó a sus espaldas y que entramos en el corazón del Faro, donde está “La piedra que toca”, cuyo sonido puede oirse a 50 km de distancia.

Han pasado 30 años y he llevado a cabo mi necesidad de regresar a “La piedra que toca” de la mano de mi padre, por que si él no hubiese sido mi guía no hubiera vuelto jamás, quedando mi cuenta pendiente y mi alma rasgada.

Como digo, este verano fuimos todos, y contrasté mi recuerdo con la realidad, pero no fue algo traumático, fue más bien una transición amable entre mi pasado y mi presente. 

Me costó dios y ayuda superar mi claustrofobia para arrastrar mi cuerpo al interior de aquella roca, por una ventana que yo recordaba inmensa, y por la que apenas cupe. Una vez dentro me arrimé a un rincón para ver como mi padre hacía sonar “La piedra que toca”, que no es más que una roca plana mal apoyada en otras rocas, y a la que te puedes subir de pié y  emular así a algun loco equilibrista. No fue más que un minuto, pero para mi se detuvo el tiempo, instante mágico adherido ya por siglos a aquellas paredes inmortales. Este es ahora mi segundo recuerdo favorito, que no sustituirá jamás al recuerdo primario, sino que lo complementa perfectamente, necesariamente.

Y tengo además un recordatorio palpable: en la maniobra de entrar a ras de suelo por aquel agujero, rayé las gafas de sol que llevaba metidas en el cinturón, a mi espalda. Boss quiere que me compre unas gafas nuevas, pero en su interior sabe que no me convencerá nunca.  

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Deseo de ADR

El pasado día 20 un tío guasa, por no llamarle julai, me metió en un  embolao, y desde entonces sé que está aliquindoi. Se puede decir que desde ese día ando enguachisná del habla de Cai, y que tengo un miedo atroz a que me salga un post churretoso.

Pero  aquí estoy dispuesta a acoqinar con lo contraío el día 20, aunque tengo que reconocer desde entonces tengo una angurria en lo alto que no se pué aguantar, por aquello de parecer una guachisnai perdía en el chulo.

Y no viene mucho a cuento, pero me acabo de acordar de la Yoli, una prima de Boss, muy canina la pobre, y un poquito cambemba. El caso es que esta buena mujer todos los meses cuando iba al banco a cobrar sacaba una cifra redonda, y dejaba el pico, como, supongo, todo hijo de vecino. Pero hete aquí que la buenaza de la Yoli, pasados un par de años, al quedarse en paro, un buen día se plantó en la ventanilla del banco para retirar los “picos”, esos que ella había ido dejando como una hormiguita cada mes, para poder ir a hacer unos mandaos, y comprar algo de avío pa comer. No quiero ni imaginar las ganas de guannajarse que le entrarían cuando el tío sieso del banco le explicó que esos “picos” se sumaban automáticamente a la cantidad ingresada, y luego retirada, cada mes, por lo que ya se los había gastado. Pobre Yoli, desde ese día le ha quedao el sambenito de panoli.

En fin, que aquí sus quedais, que me bajo a por unos manoletes pa comer, y una miajita de pescao, que ya son horitas. Ea!!

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Ayer a mediodía veníamos mi chica y yo del cole, y nos disponíamos a ir a por el pan cuando me suelta lo que yo más temía: –“mami, ¿puedo ir yo sola?”– ( Vitruvia pasa a modo de procesamiento a velocidad vertiginosa, para responder lo más correcto, sin olvidar el grado justo de disuasión, en el menor tiempo posible) …¡MEEEC!… No encuentro nada parecido a lo que he puesto entre paréntesis. — “Vale, ve, yo te espero aquí”–“No mami, ya soy mayor, tú vete para casa”– (no me queda otra que aceptar barco como animal de compañía) –“Bueno, toma el dinero, espera la vuelta, y di por favor y gracias”–

Ni que decir tiene que no me fuí para casa. Busqué la esquina perfecta para vigilarla sin que me viera. Lo malo de vigilar niños desde esquinas es que el resto de viandantes no lo saben, así que has de aguantar estoicamente toda clase de miradas y murmullos que sabes que se producen a tu alrededor, grrrrrrrr. Y ahí estaba yo, cual Wen espiadora, asomando desde una esquina dos pestañas y medio ojo. La veo salir, más ancha que larga, y me dispongo a delantarme a ella por un callejón que hay de atajo entre la panadería y mi casa. Lo malo del atajo es que es cuesta arriba. Y ya me veis a mi, corriendo cuesta arriba, intentando mover a mis 37 tacos un culo como una cesta, pero intentando parecer una linda gacela.

Tenía que llegar antes que ella, para dejarle el portal abierto, ya que con cuatro años no alcanza al telefonillo, y para que pareciera que yo me había venido realmente para casa. Una vez en el portal vuelvo a quedarme vigilando, enseñando medio ojo, y cuatro pestañas esta vez. Y esta vez tambien la desconfianza ajena. A saber: tío aparcando coche; ve llegar a una loca con la lengua a rastras, y corriendo como una posesa; tío sale de coche, y mira que la loca se queda en el portal mirando con medio ojo su coche (eso es lo que él pensabo, claro); tío que se aleja, pero que se gira cada dos segundos para comprobar si la loca sigue mirando su coche; la loca por supuesto sigue en la misma posición; tío que camina haciendo ver que no ve nada pero que sigue con la mosca detrás de la oreja; vitruvia que por fin ve asomar a su chica; tío que no sé qué haría porque tuve que subir volando al segundo sin ascensor donde vivimos, intentar no jadear y aparentar que llevo allí un buen rato. Y por último niña que pregunta:–“¿por qué estas tan cansada mamá?” — (“¡hay que joderse!”)–

Esto es real como la vida misma. Un beso John

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Deseo de……

Cuando el calor comenzó a ser sofocante, y el aire se volvió irrespirable, su conciencia amenazó con desaparecer, pero consiguió serenarse. Debía mantener la calma. Aquel episodio  no podía ser eterno. Si quería escapar de allí, primero debía saber cómo había entrado.

Lo último que recordaba era la ilusión que habían puesto en aquellas vacaciones. La estancia era gratuita, el transporte tambien, y el destino idóneo. Todo transcurría segun lo planeado hasta que aquel fenómeno extraño les transportó a una velocidad de vértigo al terraplen desde donde los lanzaron al vacío. Afortunadamente cayeron sobre una pequeña balsa de un líquido pringoso, cuya textura amortiguó la caída. Todos estaban perplejos. No entendían nada. Se reagruparon con la intención de intercambiar las impresiones necesarias para sacudirse un susto que aun invadía todo su ser. Nadie había visto nada con nitidez. Las versiones distaban tanto entre sí, que ponían en peligro la consecución de una teoría coherente. Solo había un denominador comun en todas las experiencias: la velocidad. Habían sido transportados a tal velocidad que ninguno podía poner imagen al medio en el que habían viajado. Como si un huracan se hubiera llevado el terreno que pisaban hasta el mismo borde del precipicio. Era inútil, no sabía cómo habían llegado hasta allí.

En ese momento volvió a ser consciente del calor. Un calor que nacía bajo sus pies, y que hacía bullir el líquido espeso que les salvó en el primer asalto de aquella batalla absurda. No tenían escapatoria aparente. Fuese cual fuese la dirección que tomase su mirada tropezaba con altos muros de una verticalidad insalvable.

Una oscuridad relativa cubrió todo el espacio, y desembocó en una lluvia de polvo blanco, espeso, apelmazado casi, que sirvió para absorver el líquido viscoso e hizo colchón entre ellos y la fuente de calor. Pero solo era un parche temporal. Aquel colchón fue absorvido tambien, y demasido pronto, por el, cada vez más amenazante, calor.

Los gritos de los que habían sucumbido a la desesperación ponían banda sonora de aquel manicomio improvisado. Aquella situación no se prolongó demasido. La verdadera lluvia empezó a inundarlo todo. Un macabro efecto óptico hacía que pareciera blanca tambien, sin duda motivado por el resplandor del terreno blanco sobre el que se hallaban. Descendió la temperatura, y todo el valle se inundó de una leche agradable y fresca. Se sacudieron gracias a ella todo la pelmaza que se había pegado a su cuerpo. De pronto disfrutaban de un oasis.

Y no tardaron en comprobar que aquel oasis no era más que un espejismo. El terreno y el calor se aliaron, y formaron la conjunción necesaria para devorar al líquido salvador, obligándole a evaporarse. Poco a poco este se fue espesando atrapando a los incautos que se habían abandonado al placer de zambullirse. Ya no se oían gritos. El silencio era ahora el sonido predominante. Tal vez, algun silvido lejano proferido desde el interior de algun cràter improvisado en aquella superficie espesa y caliente. Nadie sobrevivió para contarlo.

Nadie que relatara como aquella masa resultante fue transportada a un lugar gélido donde acabó solidificando, y donde manos espertas le dieron forma de croquetas que fueron vorazmente degustadas. 

 .

……Mariano     

  

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