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Archive for the ‘Puta sociedad absurda’ Category

Ultimamente no escribo apenas, y no porque me esté volviendo vaga. Lo que ocurre es que las cosas sobre las que reflexiono no me llevan a ninguna parte, no saco una conclusión clara de ello, por lo que la reflexión es incompleta y no se deja escribir. Lo que hago es crear notas en mi móvil para así volver sobre las mismas de vez en cuando. Así que heme aquí hoy soltando una de ellas, de esas a las que no consigo sacar un veredicto, aunque a veces lo vislumbro y me asusta.

Hace unos pocos años que hice, junto con mi hermana, el Camino de Santiago. Lo hicimos solas, algo que tanto hoy como entonces no es ya “atrevido”, salvo para alguna persona mayor que te puedas encontrar por esos caminos. Y nosotras la encontramos. Señora muy mayor pero perfectamente sana en apariencia. Pequeña pero fuerte, delgada, fibrosa, curtida. Negro riguroso de los pies, pantuflas, hasta la cabeza, pañuelo.

Palo en mano a modo de bastón nos saluda dicharachera y nos somete a un tercer grado nada desagradable sobre nuestra presencia en su aldea y nuestro destino. Una vez informada nos pregunta si no nos da miedo caminar solas por lugares alejados de núcleos urbanos. Entre risas y chascarrillos declaramos nuestro ausencia de desasosiego. Y ella, sin cambiar el tono aunque sí la mirada, nos da el consejo que a su entender está obligada a dar. Cogiendo el palo con ambas manos escenifica de manera precisa qué hacer con nuestro bastones si nos encontramos en una situación de peligro, mientras nos dice que no debemos dejarnos vencer por el miedo y que la mejor salida es “clavárselo (el bastón) hasta el corazón” sin dudar. Me parece estar viéndola, acompañando la frase con la energía de quién está visualizando lo que ha de hacer y enfatizando en su forma de hablar.

Esa buena mujer, en una situación extrema, mataría a un hombre sin dudarlo con la misma tranquilidad, entendiendo tranquilidad como algo que es necesario, con la que mata un pollo para comer. Y eso es lo que me hace reflexionar a menudo sobre ella y su manera de actuar. Ese primigenio instinto que persiste en muchas personas en su misma situación y que les ayuda a separar los sentimientos de los actos. Y es que o matan o mueren. Así de sencillo era todo hasta hace muy pocos años. Ahora tenemos a quién mate por nosotros, para encontrarnos el filete de pollo en una bandeja. Y juez que decida si quién nos ha hecho daño debe ser castigado. Y en este último caso entiendo que así debe ser en una sociedad civilizada, pero algo me dice que esta mujer no iría por ahí clavando el bastón a la gente. Sólo a quién le atacara, y bastaría medio segundo para saber quién es el culpable y el otro medio para juicio, veredicto y ejecución. El problema de nuestra sociedad actual es que hay tanto ser humano corrompido que nos hemos visto obligados a desconfiar de todo el mundo, hasta tal punto que es necesario un juicio con abogado defensor para el “malo”. Porque hoy en día el “malo” ya no es de ley, no va de frente atacando y exponiéndose al castigo de manera inmediata. Ahora el “malo” se viste de señora mayor y dice que la han atacado por lo que hace falta un juicio para intentar dilucidar la verdad. Y a veces la verdad no aflora y el juicio es injusto, y yo me pregunto si vale la pena disfrutar de la comodidad de encontrarnos el filete de pollo en la bandeja, o deberíamos tener que mancharnos las manos de sangre para no perder la perspectiva de la realidad.

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Nada me provoca más repugnancia que un ser incapaz de llevar sus ideas a sus últimas consecuencias porque se rinde ante la comodidad que le proporciona renunciar a ellas.

Lo más mezquino de los integrantes de ETA no es que maten. Perdonadme, por dios, las víctimas. Lo más mezquino es que tras ese acto no hay ideales sino una incoherencia flagrante entre lo que dicen y lo que hacen. Perdonadme, por dios, sus familiares. Lo más terrible es que tras cada disparo no hay nada. Y lo han demostrado cada vez que se han acogido a nuestras leyes para beneficiarse, y esta última vez no iba a ser menos. Y eso es lo que, en definitiva, más duele. No el hecho en sí de que salgan beneficiados, que también, sino que con ese acogimiento queda más a la vista, si cabe, que nunca han tenido un ideal, porque, de haberlo tenido, jamás, jamás, se hubieran aprovechado de nuestras normas.

Gentes de bien, por dios, perdonadme.

Pueden matarnos por cientos o por miles, y pueden ampararse en otros tantos discursos sobre sus razones para hacerlo. Pero todas ellas quedarán desamparadas cada vez que se acojan a unas leyes que no reconocen para obtener aunque sea el más leve beneficio. Eso solo lo hacen los cobardes. Aunque, que lo son,  ya lo sabíamos, no?

 

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Camino. Lo hago despacio, cansada. Sigo a mis pies, qué remedio, que se esfuerzan por llegar a casa. Los adoquines absorben mis pasos y, a veces, mi pensamiento. Los miro de manera mecánica y descubro que mi mirada va zigzagueando y se posa con una exactitud asombrosa en el lugar exacto donde luego pisaré. Para detener ese vaivén de mis ojos levanto la vista. El paisaje, precioso: una calle, estrecha, flanqueada por hileras de casas, estrechas también. No hay espacio para más. La sucesión es simple tanto en horizontal como en vertical. En el primer caso, el tabique izquierdo de una es a su vez el diestro de la otra. En el segundo, puerta y ventanuco a pie de calle, balconcito y tejado. Así una tras otra. Juntas, pegadas, pero no exactas; como de plastilina, así me lo parecen. Iguales pero irregulares. Diferentes revestimientos, diferentes carpinterías, distintos moradores, pero, ay, todas con la ropa al sol. Todas, sin excepción. Recreo la vista. Sábanas, camisas, toallas, ropa interior . . . Prendas en danza constante con la brisa, de la que se aprovechan para esparcir olor a límpio. ¿O es mi mirada la que huele?
En todo caso me pregunto por qué eso sólo se ve en calles no principales, quiero decir, qué lumbrera decidió que airear los trapos límpios no es bonito?. Donde está ahora ese iluminado, que le quiero hacer entender que es infinitamente más horrible que los de su misma profesión, léase políticos, ya no que aireen, sino que acumulen en los cestos de sus vidas, los sucios.
Puta sociedad absurda

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Hoy me ha despertado el teléfono. Era mi madre : “¿todavía no te has levantado? hoy hace un día radiante”.

Efectivamente, el día de hoy es espectacular, con un cielo límpio de cualquier nube, con un azul cegador y una claridad que permite ver hasta lo que no está.

Pero esto no es noticia. No para mí.

Vivo en Redondela, un pueblo situado entre Vigo y Pontevedra, en plena Ría de Vigo, esto es, al sur de Galicia, y días como este tenemos docenas.

Pero el resto de España no lo sabe, a alguien no le interesa que se sepa. Desconozco quien es ese alguien, como desconozco también si es una persona concreta (algo que dudo mucho) o es un sector. El caso es que cuando en Galicia hace buen tiempo alguien se lo calla.

Hemos tenido un mes de abril de lujo, con sol cada día, e incluso con calor, no bajábamos de los 22 grados, pero en las noticias eso no se reseñaba, sin embargo sí era noticia el mal tiempo de toda España. Y digo yo, si que haga mal tiempo donde por lo general lo hace bueno es digno de ser noticia, ¿no lo es igualmente que haga buen tiempo donde todos creen que lo hace malo? Yo creo que sí lo es. Pero en esos días, nada, nadie mencionó que aquí nos moríamos de calor, no vaya a ser que el turismo que siempre se va a la parte oriental del país decida venirse para aquí.

Pero esta teoría mía no se basa sólo en eso, en la falta de noticias, sino que en cuanto el tiempo volvió a su supuesta normalidad, se daba como noticia eso, que en Alicante, Málaga and company, volvía a reinar el sol, y añadían un pequeño detalle, que en Galicia llovía. Solo fue un fin de semana, ¡¡ah, se siente!!, pero llueve.

No os dejéis engañar, en Galicia tenemos más sol del que os imagináis, y sin querer ofender al norte, si venís al sur aún más.

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Cada vez son más los supermercados que nos ofrecen pequeñas soluciones para proteger el medioambiente, tales como vendernos una bolsa reutilizable, o bien, y sobre esta propuesta quiero barallar hoy, cobrarnos las bolsas que vamos a utilizar.

A mí tanto la una como la otra me parecen medidas perfectas, pero creo siceramente que los centros que ofrecen estas medidas deberían hacer una campaña de divulgación, con el fin de explicar a determinados sectores de la sociedad que el motivo por el cual cobran las bolsas no es otro (o sí, vete tú a saber) que el de reducir el número de ellas que se utiliza, evitando así cierto grado de contaminación.

Todo lo dicho viene al caso porque, como una es una recicladora enfermiza, de lo que pueden dar fé Boss y mis niñas, cada vez que me olvido las bolsas en casa me veo en la obligación de calcular en una fracción de segundo cuántas bolsas voy a necesitar para apiñar la compra en la menor cantidad de ellas posible, todo esto bajo la insidiosa mirada del resto de compradores, en cuyos ojos adivino el rechazo que les produce la tacañería que me atribuyen. Por no hablar de la cajera, para la que esa fracción de segundo que yo empleo en mi dificil decisión, tras su …….”¿le pongo bolsa?”, es un aliciente más en su carrera consigo misma por conseguir el récord personal de no dejar asomar una pizca de amabilidad.

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Dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, en una primera acepción, que un “curioso” es aquel con “deseo de saber o averiguar lo que no le concierne”, y en una segunda dice que es un  “vicio que lleva a alguien a inquirir lo que no debiera importarle”.

Cada vez que veo en las noticias algun reportaje realizado a pie de calle, en el que el reportero complementa su información recalcando el hecho de la afluencia de “curiosos”, alguna vez incluso en tono despectivo, no puedo evitar sentir un poco de indignación.

O mucho me equivoco o el primer “curioso” es el propio periodista. O bien damos por buena la profesión y no la enmarcamos dentro del término, y así también los “curiosos” dejan de serlo para convertirse en periodistas que quieren tener la información de primera mano.

En conclusión ¿por qué un periodista es aquel que quiere llegar el primero al lugar de los hechos para poder recavar y compartir su información con el mundo y un señor de a pie que quiere lo mismo es simplemente un “curioso”?.

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