Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Tocando fondo’ Category

Hacía tiempo que no me pasaba algo así. De hecho, ahora que lo pienso, no recuerdo que me hubiera pasado nunca desde que tal afición se asentó en mí. Me estoy refiriendo, como no, a la lectura, y en cuanto al hecho nunca acaecido hablo de no ser capaz de leer. Así es. Tengo, algo inédito también, ya que siempre había de ralentizar las lecturas a la espera de tener algo más para leer, ocho libros amontonados en mi mesilla. Y no soy capaz de avanzar con ninguno.
Al principio pensé que se debía a que Crimen y castigo se me hacía un poco espeso, pero una vez que he probado a leerme algunas primeras páginas de cualquiera de los otros (a saber: Memorial del convento, Los gozos y las sombras II y III, La insoportable levedad del ser, El viaje del elefante, Veintemil leguas de viaje submarino…) me he dado cuenta de que es por falta de concentración. Se me va la mente. Dos líneas y me descubro pensando en facturas, listas de material escolar, dónde comprar ropa y calzado relativamente barato…
Nunca quise dar crédito, aunque lo intuía, a que quedarse sin paro fuese sinónimo de quedarse sin capacidad para disfrutar, pero visto lo visto… espero que el amor, como dice la canción, no salte por la ventana.

Read Full Post »

Imaginemos, por un momento, que una persona honrada decide un día emular a las grandes empresas y jugar con los plazos y los márgenes de, pongamos por caso, la lectura del gas. Imaginemos que tras ocho años dando la lectura real como un clavo, decide un día liarse la manta a la cabeza y da una lectura “maquillada” a la baja en cuanto a lectura real, aunque paradójicamente sea al alza en relación a meses anteriores, a la espera de una hipotética, a la par que ansiada, recuperación económica. Imaginemos que por hazar en ese período llega a la puerta, sin aviso previo, un inspector que jamás había aparecido, y que, ante las dudas sobre su autenticidad, habida cuenta de lo que se oye por ahí sobre estafadores, la persona honrada decide no abrir hasta no constatar por teléfono con la empresa que le suministra el gas, que ese inspector, efectivamente, existe. Imaginemos que, para más inri, ese mismo día nuestro honrado protagonista descubre que está roto el finísimo cablecillo del precinto del contador.
¿Qué hará el, supongamos cabreado, inspector cuando vuelva? ¿Qué consecuancias tendrá el haberle dejado en la calle? ¿Cual será su reacción frente al cable roto? ¿Tendrá en cuenta que, estando roto el precinto, lo normal sería que la lectura fuese mucho menor, o al menos igual, y no bastante mayor? ¿Tendrá en cuenta que en el mueble donde está el contador se guardan, cada mes, 70 litros de leche, y que alguna de las hijas de nuestro honrado protagonista puede haberle dado un mal golpe en el trasiego diario? ¿Sabrá diferenciar las excusas reales del nuestro honrado amigo de las que, seguro, está acostumbrado a oir de “profesionales” de la estafa? ¿Cómo puñetas se apañarán estos estafadores para poder llevar a cabo sus empresas? porque una, que lo ha intentado con ahínco, ha fracasado estrepitosamente, y con el añadido de la mala suerte.
Ah! y he robado una toalla de playa, pero vamos por partes. Las condenas, de una en una, por favor.

Read Full Post »

Y que tendrá que ver que te odie para que te quiera.

Ver su foto y sentir una punzada en el estómago es todo uno, conjunción indisoluble con carácter infinito. Estar pendiente de cada rumor que pueda traerme noticias suyas es todo cuanto me queda, y por las noches, más de una vez, y más de dos, pensar en ella. Sin embargo, lo nuestro es imposible: frente a su blanco yo sólo veo negro, o viceversa, a pesar de hacer esfuerzos sobrehumanos por verlo del mismo color. Pobre ser humano, que aún no es capaz de engañarse a sí mismo. Podría pintar lo negro de blanco, hacer que todo el mundo lo viera blanco, conseguir que tal color fuese, incluso, para su regocijo, venerado, pero yo lo seguiría viendo negro y esto acabaría pudriéndome por dentro. Tal descomposición podría tardar años en concluir, pero el hedor se haría presente desde el principio, incómodo huesped instalado, en principio, en rincones dispersos y volubles de nuestra cotidianidad, pero que acabaría, con toda seguridad, inundándolo todo.
Dicen que lo que no puede ser, no puede ser, y que además es imposible, y yo lo certifico.

Read Full Post »

No me da miedo la muerte.
Estando embarazada de mi primera hija, tenía, a ratos, tal angustia, que debía echar mano de la lógica para serenarme un poco: todas las mujeres, durante miles y miles de años, han parido, y aquí estamos los humanos. Pensaba esto para no morirme de miedo, pero no era miedo a morir, era, supongo, miedo a lo desconocido.
Con respecto a la muerte no me da miedo, ni siquiera, lo desconocido. El sentimiento que me provoca no es ni más ni menos que rabia. No una rabia transcendental que esconda reflexiones muy profundas. Es rabia de andar por casa. La misma que me entraría si sacase la entrada del cine y por alguna razón hubiera de salirme de la sala a media película.
El mundo es tan grande, y lo que podemos llegar a vivir es, en comparación, tan corto, que me jode no tener tiempo para todo.
Y lo que es más jodido es que no hay margen de error. O coges a tiempo el camino acertado o te vas a la mierda. Así de sencillo.
Siempre hay el que le echa bemoles y cambia de rumbo, pero son los menos. A mi me faltan agallas, porque lo que me juego no es mío. Una tiene el defecto de la responsabilidad. Lo que en el pasado era mi futuro no es ahora otra cosa que tres presentes, y lo que acojona es no tener nada que ofrecerles.
El tiempo pasa, y el paro, como el mundo, es casi infinito, pero la subvención, como la vida, es limitada.

Read Full Post »

Hoy voy a dormir toda la mañana.
En cuanto acabe de escribir esta entrada apagaré el ordenador y no querré saber del mundo.
Estoy cansada físicamente, y agotada mentalmente.
En el último mes me he peleado con mi madre y, por ende, con mi padre. Por si fuera poco han metido a una vecina con la que también me he peleado. Se me ha roto la nevera. Hemos cogido, Boss y yo, una catarro cabrón empecinado en no irse. Se ha jodido la instalación eléctrica del baño la semana pasada, y ayer, la de la cocina; cosa de tener aun fusibles, mi casa se queda sin luz por trozos. Los análisis han confirmado que tengo una anemia importante. Se me ha roto el carrito de la compra, algo comprensible habida cuenta de las toneladas de peso que le metemos. He tenido de visita a mi suegra ¡mes y medio! Hemos tenido que esperar ¡un mes! para que un capullo nos cambiara la persiana de la sala, que se había roto abierta del todo, ¡con el solarín dando de lleno todo el día durante esta ola de calor!
No doy para más. Hoy no.
Mañana será otro día.

Read Full Post »

Hace días que tengo un sueño recurrente. El escenario cambia y cambian las circunstancias, pero los protagonistas somos los mismos un día tras otro: mi padre, mi madre y yo. El diálogo tampoco varía mucho, aunque nunca acierto a saber el resultado de dicha conversación.
El sueño me viene abordando desde que mis relaciones fraternales se enfriaron a causa de mi empeño en demostrarle a mi padre la clase de monstruo que es mi madre. Pobre, 40 años y todavía no he aprendido que contra ella no se puede luchar. Intentarlo es como darse de bruces contra un muro, y parece como si yo estuviera programada para ello. ¡Con lo fácil que debe ser bordearlo! Pues no, señores, yo, de frente. Una y otra vez. Una y otra vez. Es realmente agotador.
Pasan los días y llego a pensar que lo llevo bien. Incluso le veo el lado positivo a esta nueva fase de no relación: tardes de siesta sin interrupciones telefónicas por un “quítame allá este aburrimiento”, fin de mis broncas maritales por trabajos absurdos derivados de caprichos propios de la vejez… en fin, esas pequeñas cosas que surgen de cualquier relación con un mayor. Pero los sueños me revelan que dentro de mí esta situación me supera.
Y leer La sonrisa etrusca no me lo pone más fácil, porque, aunque si bien refleja como nadie la distorsionada visión que tienen, a veces, los mayores de determinadas situaciones, pienso si no seremos nosotros, los jovenes, los que no sabemos comprender las cosas una vez observadas desde su punto de vista.

Read Full Post »

Con motivo de obligarme a escribir estoy llevando a cabo un ejercico que me está resultando muy duro, y que pone de manifiesto que nunca seré capaz de librarme de mi gran lastre en esta vida. Nada como escribir para poner las cartas boca arriba y ver las cosas claras. Nada como mirarme por dentro para saber que nunca haré lo que debo.
Ella no varía un ápice su manera de comportarse y yo sigo poniendo la otra mejilla. El ejercicio me lleva a imaginar la vida sin ella, sin mi madre, y la sensación de desamparo se hace tan latente que me siento incapaz de afrontarla. Y entonces lloro. Lloro hasta la desesperación por haberla perdido, por no haber aprovechado ni una sola oportunidad de esconder las cicatrices de su trato y enseñarle mi mejor cara, por no haber puesto toda mi humanidad a su servicio. Y entonces dejo de escribir y me descubro estúpida, por adelantarme a un sufrimiento que puede que no llegue a sentir. Y siento vergüenza al llorar por alguien que está más viva que la misma vida. Y darme cuenta de que está viva me lleva de nuevo al sufrimiento, a ser consciente de que todo eso llegará y sentiré un arrepentimiento que no existiría si tuviese valor ahora. Valor de mirarla a los ojos y decirle que la amo a pesar de todo, valor de poner mi mano en su mejilla y hacerle sentir algo que quizá no ha sentido jamás. Valor de llevar al límite mi capacidad de olvido para volver, por enésima vez, a empezar de cero.

Read Full Post »

De repente, un día, un pequeño detalle hace que tu rutina cambie, y en ningun momento te planteas que nada volverá a ser igual. Piensas “es sólo un paréntesis”. Y caminas dentro de él, esperando tropezarte con el carácter que lo cierra. Y al no toparlo empiezas a plantearte si el encargado de ponerlo no habrá cometido una puñetera e inoportuna falta ortográfica, dejándote atrapada en una excepción sin fin, a la que va añadiendo capítulos en los que no te apetece estar, porque no tienen sentido. En la historia por la que caminabas antes de entrar en el paréntesis se intuía otro final, o al menos un discurrir tranquilo, sin sobresaltos. Dentro del paréntesis abierto todo se confunde, todo te confunde.

Tengo el ánimo por los suelos. No puedo leer, no puedo escribir, no puedo empaparme de las cosas que necesito para sentirme bien. Siento que me ahogo. Vuelvo a sentir que he nacido en el lugar equivocado. Yo no he nacido para esto. Yo no he nacido para desaparecer bajo el carácter de un ser que absorve la energía de todo el que la rodea. Yo no he nacido para sufrir los putos vaivenes de una puta economía que se sustentaba, hasta hace una semana, en un puto contrato temporal que ha llegado a su fin. Yo no he nacido para hacer camas, comidas, peinados…

Yo he nacido para disfrutar de museos, de monumentos, para asistir a tertulias, a conferencias, para escribir grandes obras a base de pequeñas frases, para conocer cientos de lugares de este planeta, para estudiar y hablar todas las lenguas y todos los idiomas, para coleccionar libros y poder encerrarme en una habitación llena hasta los topes de ellos y perderme horas y horas simplemente ordenándolos y desordenándolos, para pasear en soledad y en silencio hasta que no recuerde ni el camino de vuelta, para tener tiempo para asearme y perfumarme y estar siempre radiante, siempre perfecta y preciosa…

Tengo tanto para dar… Me sobra entrega, sacrificio, ganas, pasión, y siento que lo estoy volcando en actividades tan ingratas, en personas tan poco merecedoras de ello, que me ahogo en angustia. Sé que jamás lograré cambiar mi situación. Me conozco. Me falta el egoismo necesario para ello. Me diseñaron sin él. En cambio se pasaron con la dosis de cobardía. Cóctel fatal que juega en mi contra.  

 

 

Read Full Post »

Hoy no es un buen día para mí. Hoy es un día más en la vida de los pobres.

Boss se ha quedado sin trabajo, y le han conseguido uno en Alemania, y afortunados somos de que así haya sido. Otros no tienen tanta suerte. Cuando no se tiene ningún tipo de preparación no queda otra que aceptar estos giros del destino. Ir y venir a merced de dioses aburridos que se entretienen en escribir guiones enrevesados. Pero el dolor que me causa separarme de Boss es ínfimo, comparado con el que me atraviesa por separarme de mi “chica”.

Hemos hablado y hablado, y pasado noches en vela, hablando, y llorando, y hemos concluido que lo mejor que podemos hacer es mandarla con mi hermana a Pontevedra, para que yo pueda trabajar. Las mayores ya se defienden solas, pero aun no las puedo responsabilizar de un ser tan indefenso. Podré tenerla los fines de semana. Ella estará bien; le encanta ir a casa de su tía, pero yo moriré por dentro. Ya no buscará mis ojos para apartar de sí miedos y dudas, ya no buscará mi abrazo al salir del colegio, me perderé sus desaires ante comidas que no quiere, me perderé cada bostezo mañanero, cada llanto nocturno. Me perderé en su recuerdo, y sólo seré, con suerte, una tía más. 

Puede que Boss, cuando vuelva, si vuelve, no sea el mismo, puede que se sienta extraño entre unas sábanas compradas sin consenso, puede que yo olvide la ubicación de cada uno de sus lunares, que ya no reconozca su piel, ni él reconozca mi olor, ni tolere que arrime mis fríos pies a sus piernas. Puede que nos miremos con recelo, desconfiando de la identidad mutua. El tiempo no pasa en balde y el roce hace el cariño y el que dijo todo esto, si aun lo recordamos, es porque algo de razón tendría. Dicen que comer y rascar todo es empezar, puede que no ver y olvidar sea todo uno. 

Y aun no sucediendo todo esto ¿qué sería peor? Olvidarnos el uno del otro y la hija de la madre, o querernos a morir y morir de dolor, lejos el uno del otro y la madre de la hija. De cualquier modo, morir es morir, aquí y en Alemania, y a nosotros nos quedan sólo unas horas de vida. 

Read Full Post »

Hoy no sé sobre qué escribir. Tengo un mal día.

Me he levantado muy bien, con ganas de tirar de mi vida, con fuerzas, pero de repente algo que intento esconder en un rincón de mi memoria, ha conseguido asomarse a mi presente y me ha arruinado el día.

Es algo que me ha sucedido hace muy poco tiempo, tal vez por eso aún se sabe el camino de ir y venir.

Algunos ya sabéis que escribo algo que intenta parecerse a poesía, y de vez en cuando cuelgo alguna en un foro dedicado a ella, con la secreta esperanza de que a alguien le guste. Cinco o seis meses atrás, desde ese foro, me enviaron las bases para un concurso de poesía que se celebra en Torrejón de la Calzada, todo muy normal. Hasta ahí. Cuando me leí las bases y los premios, un detalle aceleró mis latidos, y otro me los paró de golpe. He de decir que en ese foro cuelgo como Malulha Guevara. Uno de los premios era la publicación de los poemas ganadores, y la editorial encargada de hacerlo, y aquí fue el acelerón, se llama Ediciones Vitruvio. Para alguien como yo, que cree ciegamente en el destino, esa era una señal que no podía obviar. Pero no había nada que hacer, volví a leer las bases: mínimo 500 versos, en poemas dedicados a un mismo tema o libres; y el plazo: 30 abril.

Mi vida es absolutamente absorvente. Supe en seguida que no me daría tiempo. Lo intenté, le robé al sueño horas que incluso no tenía, comimos más bocatas que nunca, pero cuando no puede ser es imposible.

Mi marido atravesaba una mala racha emocional y reclamaba mi atención más que nunca. Mi madre se operó de una rodilla y hube de atenderla durante dos meses. Y las niñas me “acusaban” de no hacerlas el caso que debía. Y para más inri, el único día que pude estar unas horas encerrada, y sacar algo que yo creí que merecía la pena, se me colgó el ordenador, no me dí cuenta y reinicié, perdiéndolo todo. Lloré toda la noche.

A quince días vista, tomé la decisión de no seguir. No tenía material suficiente. Un amigo me sugirió que lo completase con lo que tuviera ya escrito de antes, ya que las bases lo permitían. Pero yo no soy así. Si me propongo algo, o lo hago o lo dejo, pero no lo remiendo.

Hoy ha venido a mi mente la duda de si dejé pasar una vez más mi tren. Si debía haberlo intentado hasta el final.

 Nunca lo sabré.

El tema que elegí fué la inmigración. Aquí os dejo algo.

Ganas de nada

De noche y de día con frío en el alma,
sin más pertenencia
que tierra quebrada,
sedienta de muertos
a falta de agua.

Un negro horizonte con capa dorada,
efecto de un sol
que quema tu espalda,
que ciega tus ojos
que ahoga esperanzas.

Asomas al día con ganas de nada,
cubriendo tu cuerpo
con penas amargas,
la boca vacía,
la vida gastada.

El hambre te grita,
el hombre te calla.
El miedo te dicta,
la fuerza te falla.
El cuerpo tirita,
¡maldita batalla!.

Read Full Post »