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Cienmilveinticuatro…

…no está nada mal, ¿no creéis?

Tengo una teoría sobre la muerte. Absurda y disparatada, como todas mis teorías, pero vamos, hubo un tiempo en el que alguien afirmó que la Tierra no era plana, y mira.
Me pongo seria. Tengo una teoría sobre la muerte, concretamente sobre cuándo nos llega. Creo que no es hasta que nos rendimos que nos aborda. Esto es, decidimos cuándo morirnos.
En este punto cada uno de vosotros me diría que nada más lejos de la realidad, porque todos conocemos a alguien que se ha muerto y ni se nos pasa por la cabeza creer que esa persona quisiera morir. Y esto, seguramente, es cierto. El quid no está en desear morir, sino en tener un pensamiento, por muy fugaz que sea, de rendición, de hartura. Aquello, tan cierto, de “ten cuidado con lo que deseas que se puede cumplir”. Luego podríamos darle mil vueltas al cómo. Y, evidentemente, no hablo de una sincronía entre el pensamiento y el momento del óbito. Pienso que hay la distancia temporal suficiente para que se dé la circunstancia adecuada. Podríamos hablar del enfermo que está harto de luchar, o del que el día anterior al accidente de tráfico tiró la toalla. Y cuando me refiero a todo lo mencionado no hablo de una frase soltada así, sin más, sino que hablo de algo tan personal y tan íntimo que ni siquiera uno es consciente de lo que está deseando.
Puede parecer esta una entrada banal, más no lo es. Al menos no para mí. Pienso a menudo sobre ello, y me cuido muy mucho de no desfallecer, aunque también sé que cuando se tiene una edad, todos, sin excepción, acabamos pidiendo la hora..

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CIRCULAR INFORMATIVA Nº 5

Estimados padres/madres:

Comunicamos a todos los padres y madres de los alumnos/as que mañana martes día 27 de septiembre los profesores/as tutores/as de 2ºC, 3ºC, 4ºC, 5ºB y 6ºC, así como también los especialistas plástica en inglés, inglés 2º ciclo, educación física (3º y 4ºD) y las orientadoras del centro secundarán la huelga general convocada por las plataformas sindicales.
El 30,3% del profesorado está en huelga. El resto del profesorado que no acude a la huelga atenderá al alumnado que venga al centro.

El Claustro les quiere aclarar algunos de los motivos por los que se hace la huelga:

·Los graves recortes a la Enseñanza Pública
·Reducción de profesorado
·Inclusión de labores que no le son propios como control de alumnado a la entrada y salida del transporte escolar.
·Profesores que imparten materias de las que no son especialistas.
·Servicios complementarios deficitarios.
·Menos tiempo para la elaboración de material y para la atención individualizada del alumnado que lo necesite.

En alguna casa por la noche un docente está preparando actividades que le dará a tu hijo en el Colegio mientras tú trabajas o ves la televisión. En este mismo instante docentes de todo el mundo están usando su “tiempo libre” para la educación, prosperidad y futuro de tu hijo/a.
Respetar el trabajo docente y no desprestigiarnos a nosotros y a nuestra labor. Pedimos el apoyo de las familias a nuestro trabajo como profesores.

Redondela, 26 de septiembre de 2011.

La Directora

Mírame

Estoy convencida de que pocas cosas hay con mayor carga, o descarga, elije, sensitiva que un buen cruce de miradas. Pienso que, sensorialmente, está por encima, incluso, del roce de la piel, aun cuando el vocablo que estoy utilizando, me refiero a “sensitivo”, haga referencia principalmente a este último órgano. Sin embargo, lo que no tengo tan claro es cuánto se ha de prolongar en el tiempo el susodicho para ser más placentero, si el cruce largo y mantenido, duelo maravilloso que, dependiendo de que lo ganemos o no, nos da mil y una posibles lecturas, o el inesperado y fugaz, plagado de reminiscencias que permiten alargar su disfrute.
Ayer vino a mi memoria, por alguno de esos misterios que preñan la mente mía, uno, sino el primero, de los cruces de mirada que recuerdo más a menudo, no ya por lo que significó para mí en aquel momento, sino por ser, esta vez sí, el primero que mantuve consciente de lo que estaba haciendo.
Quince años no dan para mucho, todo es repentino y falto de control. “Pam”. Sucede y ya está. Sin embargo, en aquella ocasión alguna neurona mía se encargó de que centrara toda mi atención y todos mis sentidos en los ojos de Benjamín, viejo conocido y algo mayor que yo, que me miraba desde la otra mesa (aquí debería agregar un postit imaginario con la recomendación de volver sobre el tema para disertar sobre cómo una mirada puede conseguir que te guste alguien en quién ni habías reparado) Lejos de apartar la mirada me quedé leyendo en sus ojos lo mucho que yo le gustaba, al tiempo que descubría cuán poderoso te puedes llegar a sentir en tales duelos si sabes que te alzarás con la victoria. Es un poder ambicioso y adictivo, tremendamente adictivo. Pero dicho poder, paradójicamente, sólo es tal, y sólo proporciona placer, si se ejerce sobre el rival adecuado, esto es, alguien que busca lo mismo que tú: ganar.
Lo siento, conmigo perderás siempre.

Picasso quiere gustarme

Nunca me he sentido especialmente atraída por la pintura de Pablo Picasso. Y parece ser que esto al pintor le incomoda, habida cuenta de la persecución que sobre mí realiza de un tiempo a esta parte. A saber:
Hace como cuatro a cinco años me plantó delante el Guernica. Sí, así como suena. He de decir que no era éste un cuadro por el que yo tuviera especial predilección. Es más, casi podría decirse que era una obra a la que yo no le encontraba la “gracia” por ninguna parte, y todo ello, como buena ignorante, sin haberlo visto más que en fotos, todo hay que decirlo. Como decía, me lo plantó delante de las narices. Sucedió en el Reina Sofía. Habíamos ido al museo sin saber que allí se encontraba dicha obra temporalmente, y me enamoré. Yo, que tanto había denostado ese cuadro, quedé impresionada del dolor que transmite. Yo pude sentir ese dolor. Me quedé en un rincón de la sala por tiempo indefinido, sin poder apartar mis ojos de él. No quería irme, estaba hipnotizada. Boss y las niñas siguieron el recorrido por el museo, pero yo me quedé allí hasta que tuvimos que irnos.
Siendo fiel a mi manera de ser, no moví un solo dedo por saber más de la obra de Picasso. Me impresionó el Guernica, sí, pero seguí con mi vida. Hasta hace un mes. Me fuí a Madrid con la excusa de ver El descendimiento, de Caravaggio, y de la tienda del Prado salí con “Vida con Picasso” bajo el brazo. ¿La razón? ¡quién puede saberla! Lo ha escrito una de sus mujeres, Fançoise Gilot, y lo estoy devorando. En él Françoise nos cuenta cómo era el pintor, cómo encaraba sus trabajos, cómo los veía él, las impresiones que cambiaba con sus contemporáneos… en fin, que me está absorviendo. Y relata, en la página 66, el momento en que Picasso le enseñó una carpeta llena de grabados, concretamente cien, que realizó para el marchante Ambroise Vollard.
Siempre voy por el mundo con el libro de turno en el bolso. Ayer fui a Santiago, sin otro afán que el de pasear por sus calles y pasar un buen día. Y en una de esas calles me “tropecé” con un gran cartel que ponía: Picasso, Suite Vollard. Sip. Los cien grabados de “mi libro” estaban al otro lado de la pared del edificio que tenía delante, esperándome.

En fin. Picasso, según Gilot, era obstinado. Y yo lo constato.

Vaya por delante que no sé muy bien sobre qué puñetas quiero barallar hoy. Es decir, tengo clara la idea que me ronda toda la tarde por la cabeza, pero no sé cual es el fin concreto que persigo contándolo aquí.

A veces, cuando estoy sola, murmuro, con el tono de voz suficiente como para poder oirme, que no puedo más. Y cada vez que lo hago, cada vez que lo verbalizo, soy consciente de que jamás nadie me ha escuchado decir tal frase. Y lo puedo decir sin temor a equivocarme. Nadie, nadie, ha escuchado de mi boca las palabras “no puedo”. Y, lo que vislumbro que pueda ser el origen de este post, es que no sé si hago bien o mal. Ni siquiera sé si tal dilema debería planteárseme. ¿Por qué habría de ser bueno o malo? Cada uno es como es. El problema de todo esto es que todo el mundo me lo reprocha. Pero todos los que me lo reprochan no son en absoluto coherentes con su propio discurso ya que ellos también se aprovechan de mi inexistente “no puedo”.
A ver si me explico mejor. Supongamos que cada parcela de mi vida es una letra, así podríamos decir que mi familia más directa, esto es, padres, hermanos, etc, son A, que mis amigos son B, que mi trabajo es C, y así sucesivamente. Pues bien, A se queja de cómo me comporto en relación a C, C en relación a B y B en relación a A. Así hasta el infinito. Todos ven la paja en el ojo ajeno; todos me animan a quejarme, a no ceder, y hacen verdaderos esfuerzos en convencerme para que diga “no puedo”, Pero no es esto lo que me defrauda de ellos, sino, repito, la incoherencia de sus discursos, ya que todos, sin excepción, de una manera u otra me piden lo mismo que me reprochan. Y, aunque nunca lo parezca, me duele que ninguno sepa ver más allá; ninguno ve, ni valora, que no sé otra manera de hacer las cosas que no sea dando de mí un doscientos por cien. Pero esto no se le reconoce a humilde ser humano de a pie. Si todo este esfuerzo que realizo lo hubiese volcado en la pintura, o en la música, o en la medicina, o en cualquier otra actividad con reconocimiento social, mi comportamiento sería, sin lugar a dudas, digno de alabanza, Pero sólo soy Vitruvia, la tonta de la que todo el mundo se aprovecha (¡ojo!, esto siempre según todos ellos)
Lo que me jode de todo esto es que sé que muy en el fondo tengo una pequeña necesidad de toparme con alguien que valore mi manera de vivir, mi manera de entregarme en todo y a todos, alguien que me vea medio llena y no medio vacía. Pero que nadie me pregunte de qué manera me gustaría que ese alguien me hiciera notar que sí me ve como soy, porque no se me ocurre absolutamente nada que no choque frontalmente con mi aparente convencimiento de que es suficiente que con que yo sepa como soy. Y es que hasta que he escrito esta entrada así lo creía.
En fin.

Ventajas de viejo

“Puedo escribir y no disimular, es la ventaja de irse haciendo viejo. No tengo nada para impresionar, ni por fuera ni por dentro”
Así empieza una de mis canciones preferidas. Y qué verdad que es. Empiezo a darme cuenta de la satisfacción que proporciona pasárselo todo por el forro; privilegio que se consigue con los años. Lamentablemente tengo pocos, años quiero decir. Sólo cuarentayuno. Ainssss. Me harían falta unos cuantos más para alcanzar la plenitud en cuanto a… ¿cómo denominarlo? ¿introdesobediencia? Y es que todavía lucho cada día contra mi puñetero, y exageradamente pronunciado para mi gusto, sentido de la responsabilidad.
Para comprensar tengo un objetivo que he de alcanzar sí o sí: no pienso morirme hasta que no pueda escuchar y empatizar al ciento por ciento con uno de mis tótems musicales. Y pobre del que no se proponga lo mismo.

Helo aquí